Trágica traición… No fui ciego, la vi, como una “revolución de verano”…, con gente que no entendía a Bolívar…

José Sant Roz
Todo esto en algún momento tenía que estallar, hasta convertirse en otra especie de tumor. Fue deformándose progresivamente durante 25 años, afectando todo el organismo de la nación. El país, al punto, pareció entonces ir de tumor a otro tumor. En un principio aquello fue un auténtico mar de pueblos muy golpeados, dirigido por un genial y valiente capitán, Hugo Chávez. Él lo movía y lo hacía todo, y sus palabras le daban un sentido de eternidad, a un sueño petrificado desde que Bolívar muriera. El pueblo venía soportando casi dos siglos de vejámenes, torturas y traiciones, cuando Chávez llegó al poder. Por un acto de su prodigiosa personalidad, Venezuela habría de ser revestida con un grandioso traje de luces “revolucionarias”, rutilantes, incandescentes que sostendría por mucho tiempo, hasta el 3 de enero de 2026. Ese traje nos daba la sensación de que éramos reales y de que seriamos eternos. Poco a poco fue resultando que debajo de aquel faldón bullían purulentos gérmenes provenientes de aquel otro moribundo y apestoso cuerpo, fenecido en diciembre de 1998, el de la IV república. Esos gérmenes iban a reencarnarse como “revolucionarios”, de manera prodigiosa, a través de las instituciones de un supuesto Estado nuevo, diferente. Poco a poco estos purulentos gérmenes se apoderarían de todo lo sagrado de un proceso revolucionario y lo contaminarían, lo pudrirían y todo esto lo harían en nombre de la misma revolución, en nombre de la muerte del viejo estado burgués, a la par que declarándose empedernidos “revolucionarios” intocables, inamovibles, “a carta cabal”.
Acabaría cumpliéndose de manera infalible, que aquella frase tantas veces repetida por Chávez, de la obra LOS MISERABLES de Víctor Hugo: «Hemos demolido el antiguo régimen en los hechos: no hemos podido suprimirlo completamente en las ideas. No basta con destruir los abusos; es menester modificar las costumbres. El molino ya no existe, pero el viento que lo movía aún continúa soplando».
Aquellos gérmenes del viejo sistema, insistimos, acabaron haciéndose no solamente inatacables sino también IMPRESCINDIBLES. Nadie podía fumigarlos o aplastarlos, y engordaron y se reprodujeron de modo asombroso, arrasador. Fue así como se entró en una etapa en la que hubo tantos farsantes, tantos disfraces y “delirios bolivarianos”, tantos ladrones y miserables guiñapos blandiendo frases sagradas de Patria y Revolución en cada plaza y en cada esquina. Pronto el pueblo habría de encontrarse en medio de aquellos purulentos gérmenes pero ya disfrazados con las gorra o capullos en flor de dulces mariposas.
Hugo Chávez llegó con el propósito de darle un espectacular vuelco a los que se llamaba la IV República, en medio de una conflictiva posición ideológica en la cual lo único que resaltaba era su radical bolivarianismo. En un principio no se supo si su ideología era de izquierda o de derecha, tomando en cuenta que se embanderó con la posición del escritor y extraño peronista Nolberto Ceresole quien fue asesor del carapintada Aldo Rico durante su candidatura a la gobernación de la provincia de Buenos Aires. También Chávez llegó a decir que simpatizaba con el proyecto de la Tercera Vía de Toni Blair, abogando por un «capitalismo con rostro humano».
Pocos estudiosos de Bolívar llegaron a profundizar en su conocimiento y en su obra como lo hizo Hugo Chávez. Se puede estudiar al Libertador como lo hace un simple profesor, un académico, un demagogo sin espíritu de hacer de sus ideas un gran proyecto liberador para América Latina que fue su mayor anhelo, algo que entre nuestros intelectuales y políticos de partido constituyen lo que en esencia venía sucediendo en Venezuela durante los últimos 190 años. Pero Chávez había penetrado muy hondo en la grandeza y sabiduría del Libertador, en sus dolores, en su trágico final, vilmente traicionado por la canalla santanderista. Chávez sí había entendido a Bolívar en lo más profundo de su espíritu. Chávez había logrado hacer de las ideas bolivarianas una poderosa armazón moral y humana, convirtiéndose en un grandioso Quijote, decidido a partir lanzas para cambiar el mundo.
Pero para Venezuela, el ideal Bolivariano era algo (y lo sigue siendo) profundamente desconocido y muy poco sentido por el pueblo. Bolívar era meramente un hierático monumento de piedra o de mármol en cada plaza de nuestros pueblos. Más nada. El cual recibía loas, pompas discursivas y veneraciones oficiales en cada efemérides patria.
La tragedia de Bolívar nunca fue entendida ni por académicos, maestros o profesores ni mucho menos por políticos de partidos. Bolívar siempre ha sido una llama punzante, un fuego abrasado, una culpa que nos destroza y nos sacude. Y así lo fue entendiendo Chávez y esto nunca se había visto en un político venezolano.
Durante la IV República estuvo prohibido que la imagen de Bolívar pudiera ser colocada dentro de ningún partido político, porque se consideraba, absurdamente, que era una manera de degradarlo. Es decir, que de hecho era una manera de aceptar que estando allí se le envilecía. Pero esto, no era un hecho consciente por elevar su valía, sino porque de manera natural su presencia les ofendía, los condenaba, tomando en cuenta que en alguna ocasión había leído o escuchado que Bolívar dijo poco antes de morir: «¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la Patria. ¡Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro!».
Lo que fue una tabla de salvación para Chávez en medio de estas dudas en el terreno ideológico era su formación bolivariana, la cual acabó acercándole a la revolución cubana. La formidable inteligencia de Chávez, su fervor revolucionario y sus conocimientos de historia y de estrategia militar, en largas conversaciones con Fidel Castro le dieron un vuelco a sus primeras ideas. Le hicieron ver que el verdadero camino para liberar a nuestro pueblo tenía que ser una revolución socialista y bolivariana.
Lo que aquí teníamos era una oligarquía nada nacionalista y sí profundamente corrupta. CONTINUARÁ…

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