Frantz Fanon: Encuentro decolonial con Walter Mignolo, Juan José Bautista y Boaventura de Sousa Santos…

Por: Pedro Alcalá Afanador
A 101 años del nacimiento de Frantz Fanon, 25 de julio de 2026, afrocaribeño, pionero y vanguardia del Pensamiento Decolonial Nuestraomericano y su obra póstuma los Condenados de la Tierra, en este artículo propiciamos un encuentro imaginario decolonial, con el argentino Walter Mignolo, filósofo y semiólogo autor del libro «La Idea de América Latina», el boliviano aymara Juan José Bautista, filósofo y sociólogo, autor de ¿Qué significa pensar desde América Latina? y el abogado y sociólogo portugués de Coimbra, autor de la «Epistemología del Sur».

Cuatro obras fundamentales para el Pensamiento Crítico Nuestroamericano, en complejos y complicados tiempos geopolíticos hegemónicos, sionistas, globales y genocidas, que intentan desconfigurar cartografías multipolares y pluriversas más justas, equitativas e inclusivas, en un nuevo reacomodo mundial hacia un mundo respetuoso de la Soberanía de los pueblos, del Derecho Internacional, la Diplomacia y la Naturaleza, para preservación de la Humanidad.

Fanón y su visionaria metáfora de la Zona del No Ser, surgida de las entrañas de sus vivencias, experiencias y conocimiento como Condenado de la Tierra, sentará las bases onto-epistémicas del pensamiento decolonial, que surgió 30 años más tarde con la publicación del ensayo Colonialidad en América Latina (1990) del sociólogo peruano Aníbal Quijano, que Walter Mignolo (2005) develó como la cara oculta de la modernidad capitalista occidental, surgiendo un pensamiento decolonial, como crítica a la Colonialidad del Poder, Colonialidad del Saber y Colinealidad del Ser, como patrón ideológico de dominación política, imposición académica euro-anlocéntrica y alienación de la subjetividad del ser, como falsa conciencia dirían Marx y Engels.

Con motivo celebratorio «encubridor y tramposo» del quinto centenario del «Descubrimiento de América» otro filósofo y teólogo argentino-mexicano Enrique Dussel, escribió la obra: 1492 el Encubrimiento del Otro. «Hacia el origen del Mito de la Modernidad» (1994), que constituye junto a las otras obras ya señaladas, un sólido sustento ontológico y epistémico, como legado histórico, que mediante una reflexión autocrítica y crítica, debemos encontrar respuestas para superar esta Crisis Civilizatoria de la Modernidad Capitalista Occidental, con un pensamiento y proyecto «otro», liberador para Abya Yala y la Patria de Bolívar.

De Fanón a Mignolo

Fanon habla desde y para el cuerpo colonizado. Su locus de enunciación es Argelia, el hospital psiquiátrico. El conocimiento fanoniano es una teoría encarnada. La violencia no es una abstracción, sino la «atmósfera» que respira el condenado de la tierra, la mirada que lo fija como «negro». La conclusión central de Los condenados de la Tierra, es que la descolonización y la decolonialidad es un fenómeno violento porque es la sustitución de una «especie» de seres humanos, por otra, es un parto histórico que no puede ser indoloro. Su análisis es, ante todo social: la patología del condenado de la tierra la produce la situación colonial.

Mignolo, heredero de la experiencia de Fanon, habla desde el cuerpo geopolítico de América Latina, desde el cuerpo epistémico. Su locus es la universidad, la colonialidad. Para Mignolo, la herida colonial es también una herida en el lenguaje y en el saber. «La idea de América Latina» desmonta la premisa de que el nombre mismo de la región no es inocente. «América» y luego «Latina» son constructos imperiales. «América» surge en 1507 como un acto de bautismo europeo que borra las cosmovisiones y nombres propios del Abya Yala. «Latina», a mediados del siglo XIX, es una idea criolla y francesa para disputarle el poder a la América sajona, pero, reclamando una latinidad europea que vuelve a invisibilizar a los pueblos indígenas y afrodescendientes. Si para Fanon la descolonización es arrancarse la máscara blanca de la piel, para Mignolo es arrancarse el nombre impuesto y la razón que lo sustenta.

La fuerza de Fanon es su dialéctica implacable y su verdad clínica. Nos coloca en el punto ciego de la razón moderna: la violencia que funda nuestro «encubrimiento como continente». Su «falta», vista desde Mignolo, es que su horizonte de lucha, el Estado-Nación y el ser humano nuevo, sigue atrapado en la gramática política de la modernidad occidental. El drama de Los condenados de la Tierra es la tragedia de las independencias africanas y nuestramericanas: el colono se fue, pero la colonialidad se quedó y el condenado de la tierra, ahora colonializado, se trasmutó en las oligarquías criollas en el poder.

La fuerza de Mignolo es su profundidad histórica y su coherencia epistémica, al desenmascarar la categoría «América Latina» como una trampa, radicaliza el proyecto descolonizador y decolonial, hasta sus últimas consecuencias: no solo hay que cambiar el contenido, sino el tablero de juego. Su «falta», vista desde Fanon, es el peligro de una excesiva desconexión de la materialidad violenta e inmediata. Cuando el colono está en tu casa con un fusil, la opción decolonial corre el peligro de ser un lujo de la academia, si no se traduce en una praxis de supervivencia y confrontación directa. El condenado de la tierra, interpela a Mignolo y le diría: «Muy bien, me desprendo de la epistemología moderna, pero mientras tanto, ¿Cómo paramos las balas coloniales?».

De Fanon a Bautista

El punto de arranque entre Fanon y Bautista devela la diferencia fundamental en la estrategia filosófica. Fanon parte de la experiencia vivida del «negro» y del colonizado como un «condenado». Su punto de partida es la alienación total producida por la zona del no-ser. Como psiquiatra, Fanon observa que el colonialismo no solo explota, sino que construye un tipo de ser humano cuya humanidad es negada desde la mirada del blanco. El condenado de la tierra interioriza esa negación hasta la autodestrucción. La liberación, por tanto, es un proceso de «desalienación» que requiere un acto absoluto de autoafirmación: la violencia que limpia. Bautista, retomando a Dussel, parte del «no-ser» como lugar de enunciación privilegiado, pero le da un giro radical.

Para Bautista, el problema no es solo la alienación psicológica y material, sino la colonización «desde dónde» se piensa. El aborigen, el afro, el mestizo, no solo ha sido explotado, sino que ha sido «convencido de que no puede pensar». Pensar «desde América Latina» no es un acto geográfico, sino un acto de desobediencia epistémica que reconoce que la modernidad europea construyó su filosofía como «el pensamiento universal», condenando todo otro pensamiento a ser «cosmovisión», «folclore» o «mito». Si Fanon diagnostica la patología del colonizado que quiere ser blanco, Bautista diagnostica la patología del intelectual de estas tierras, que quiere pensar como europeo, repitiendo sin reflexionar y pensar críticamente a Hegel, Kant o Marx como si nuestra realidad, fue la misma de ellos.

El problema del método es la diferencia más profunda y creativa. Fanon, en Piel negra, máscaras blancas, intenta usar la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel y la rechaza. Descubre en el sistema colonial, que el amo blanco no «reconoce al esclavo negro», solo le pide que trabaje para él. El negro no es un adversario, es un objeto. En los Condenados de la Tierra, Fanon abandona la dialéctica del reconocimiento por una dialéctica de la ruptura. La violencia es la partera de la historia porque el sistema colonial no admite otra cosa. Es una lucha a muerte entre dos mundos. El método es la confrontación total.

Bautista introduce la «analéctica» como método superador de la dialéctica, siguiendo a Dussel, explica que la dialéctica es un método que funciona dentro de la totalidad del sistema. El colonizador y el colonizado son parte del mismo mundo colonial. La verdadera liberación es un momento ana-léctico, del griego aná-: más allá. Es la irrupción del Otro como exterioridad radical. El aborigen, el pobre, la mujer violentada del capitalismo, son el «Otro negado» por el sistema. Su liberación no es negociación, es un grito que irrumpe desde afuera de la totalidad. Bautista toma esto y lo aplica al pensamiento: pensar desde América Latina, no es hacer una síntesis entre lo europeo y lo americano. Es dejar hablar al Otro negado que tiene su propio pensamiento. La filosofía no es algo que «aplicamos a nuestra realidad», es algo que producimos desde nuestra realidad de negación.

Fanon y Bautista comparten una profunda raíz marxista, pero la transforman de formas divergentes. Aquí está el quiebre generacional y estratégico más significativo, similar al que vimos con Mignolo, pero, con un acento más político y ético.

Fanon apuesta por el Estado-Nación postcolonial, pero con una advertencia trágica, su capítulo sobre «Las desventuras de la conciencia nacional» es una profecía autocumplida de lo que pasó en África. Fanon ve el Estado como un instrumento necesario de soberanía, pero sabe que la burguesía local lo convertirá en un cascarón vacío, una mediadora de la explotación neocolonial. Su solución es la participación popular masiva y la descentralización, pero el horizonte sigue siendo la construcción de un poder nacional legítimo.

De Fanon a Sousa Santos

Para Fanon, el colonialismo no es solo un sistema político, sino una ontología que parte el mundo en dos, «línea de lo humano». Por encima de esa línea está la «zona del ser», donde habita el colono, el sujeto plenamente humano, constituido por el reconocimiento y el derecho. Debajo, en la «zona del no-ser», yace el «condenado de la tierra. el colonizado y colonializado», un ser para quien «la vida es un combate constante por llegar a convertirse en ser humano», que parte de una negación radical, de una «cosificación absoluta». El cuerpo del colonizado es el territorio donde se inscribe esta violencia: es un cuerpo en alerta, muscular, nervioso, fragmentado por la mirada blanca. El análisis es profundamente corporal porque el racismo rigidiza, asigna un guion de movimientos, emociones y capacidades.

Boaventura de Sousa Santos toma esta geografía y la reescribe en clave de «línea abismal». Su genialidad radica en mostrar que esta línea no fue un accidente histórico, sino el fundamento mismo de la modernidad occidental. La línea abismal divide la realidad en dos universos ontológicos radicalmente distintos que hacen invisible e incluso impensable la humanidad del otro lado.

De un lado de la línea, en la «zona del ser» metropolitana, rige la dicotomía regulación/emancipación. Aquí, las disputas sociales se dan dentro de un marco de inteligibilidad: se lucha por derechos, por mejores contratos, por reconocimiento. El conflicto es visible y posible porque se presupone la humanidad del adversario. El cuerpo en esta zona es un cuerpo de derechos, un cuerpo que puede demandar, un cuerpo que importa si es herido.

Del otro lado, en la «zona del no-ser» colonial, la distinción fundante es entre «apropiación y violencia». A los cuerpos en esta zona se le violan derechos, se les niega directamente la condición de sujetos. Son pura corporalidad apropiable como fuerza de trabajo, como territorio a explotar o pura corporalidad eliminable. Es la lógica del extractivismo, de la favela, del barrio marginal o las villas miserias, de nuestras grandes capitales, como territorios de excepción. El conocimiento y las experiencias que estos cuerpos producen son activamente producidos como «no-existentes». No es que no existan, es que el sistema los vuelve ininteligibles, los desprecia, los silencia, los declara seres subalternos e inferiores.

Mientras que en Fanon el cuerpo en la zona del no-ser está atrapado en un «esquema corporal-histórico-racial» impuesto por el otro, en Santos ese mismo cuerpo es además el portador de monoculturas como «sociología de las ausencias» los condenados de la tierra son poco inteligentes, apáticos, flojos, improductivos. Es el dolor de la espalda del trabajador precarizado, la contaminación en los pulmones de quien vive en la zona de sacrificio ambiental, el hambre que distrae y anula el pensamiento en la favela, el barrio marginal, la villa miseria, son todas manifestaciones de la línea abismal operando directamente sobre el tejido vivo. Son experiencias corporales que, desde la zona del ser, no son leídas como violencia estructural, sino como fallas de desarrollo, de educación o simple destino natural de esos cuerpos, mutados en cuerpos vulnerables, responsables de lo que les sucede, exonerando así, las responsabilidades fundamentales del sistema como opresión, la «injusticia cognitiva», es también una «injusticia somática».

Santos va más allá de Fanon, al historizar la persistencia y la mutación de esta línea, en el capitalismo neoliberal, lo que él llama el «fascismo social», la línea abismal no solo se mantiene entre Norte y Sur, sino que se reproduce al interior de las propias sociedades metropolitanas. Los «condenados de la tierra» de Fanon hoy, son los migrantes en las fronteras de Europa, EE. UU y otros países, los habitantes de los guetos racializados en las grandes ciudades del Norte, las poblaciones periféricas sometidas al toque de queda policial. Su humanidad está suspendida en un limbo jurídico y ontológico.

Sin embargo, y aquí está la esperanza que ambos autores señalan, es precisamente desde esta experiencia corporal y epistémica del abismo que emerge la potencia disruptiva. Para Fanon, la «descolonización verdadera» es un parto violento, una creación de humanidad nueva, que surge de la lucha de los condenados, una desintoxicación del cuerpo colonizado que vuelve a erguirse. Para Santos, la zona del no-ser emerge la posibilidad de una «ecología de saberes» y una «justicia cognitiva» como decolonialidad. El cuerpo que ha sido reducido a pura biología apropiable, es también el cuerpo que ha desarrollado conocimientos de resistencia, re-existencia y sobrevivencia, que la zona del ser no puede ni siquiera imaginar. La praxis de los movimientos sociales del Sur, las epistemologías indígenas, los feminismos comunitarios, son el grito del cuerpo que deja de ser objeto de análisis para convertirse en sujeto de enunciación y liberación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *