Recurriendo al “cúcara mácara, títere fue” le dieron el Nobel a la susodicha…

Uno. La Real Academia Sueca de Ciencias y el Comité Noruego del Nobel, se alistan para elegir al personaje que en octubre recibirá el Premio Nobel de la Paz (¡ejém!…). Ocasión en la que, quizá, consigan esta vez evitar el método de “cúcara mácara, títere fue”, que el año pasado consagró a una comediante que pedía a gritos la intervención militar de Washington en Venezuela. Anhelo que el imperio le concedió dos meses después.

Dos. El testamento de Alfred Nobel (1833-96, inventor de la dinamita y de los premios que llevan su nombre), indica con claridad que el galardón sería otorgado a la persona que haya realizado “el mayor beneficio a la humanidad”. Sin embargo, desde 1901, buena parte de los 104 ganadores resultaron fieras de la guerra y el genocidio.

Tres. Con excepciones. Entre los más dignos, el sueco Dag Hammarskjold, los estadunidenses Linus Pauling y Martin Luther King, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, el mexicano Alfonso García Robles, los sudafricanos Nelson Mandela y Desmond Tutu, y el vietnamita Le Duc Tho, primer asiático en ganarlo y único en rechazarlo por su negativa a compartirlo con Henry Kissinger, el mayor genocida en la segunda mitad del siglo pasado.

Cuatro. Con lo cual, a no sorprenderse si entre los 287 candidatos oficiales para 2026 figuran, primero Dios, el megalómano Donald Trump y el nazisionista ucranio Volodimir Zelensky. Pero mi favorito lleva nombre de mujer, Francesca Albanese, valiente jurista italiana que el colega Claudio Albertani celebró con un merecido “¡Gracias Francesca!”, artículo publicado hace un año en esta sección (https://www. jornada.com.mx/noticia/2025/07/12/opinion/gracias-francesca).

Cinco. Con larga trayectoria internacionalista, Albanese es la primera mujer en ocupar el cargo de “relatora especial de Naciones Unidas para los territorios palestinos ocupados”. Y en su primer informe (octubre de 2022), recomendó que los Estados miembros de la ONU desarrollaran “un plan de acción para poner fin a la ocupación colonial de colonos israelíes y el régimen de apartheid”.

Seis. Desde entonces, nadie ha podido silenciarla. En marzo pasado, por ejemplo, Francesca denunció que el régimen de Tel Aviv tortura sistemáticamente a los palestinos bajo custodia mediante “abusos físicos y sicológicos excepcionalmente crueles (…), lo que sugiere una venganza colectiva e intención destructiva”. Y en mayo, frente al emblemático mural Guernica de Picasso, la relatora sostuvo en el museo Reina Sofía de Madrid: “no hay un ‘alto al fuego’. Se dio la orden de que el mundo olvide el genocidio en Gaza” (Armando G. Tejeda, La Jornada, 07/05/26).

Siete. Así como millones que en el mundo civilizado alzan la voz contra la barbarie sionista, Francesca Albanese insiste en la “necesidad de la ruptura comercial con Israel, y a nivel individual no tener ningún tipo de contacto con las empresas que lucran con el genocidio”. Cosa urgente de tratar, luego de que el “ministerio de Defensa” (sic) de la entidad terrorista informó que sus exportaciones de armas registraron un máximo histórico de más de 19 mil millones de dólares en 2025, número que representa un aumento de 30 por ciento respecto de 2024.

Ocho. Reveladora de su pensamiento, la extensa entrevista que Francesca concedió a The Nation (legendario semanario estadunidense fundado por abolicionistas en 1865), donde admite que la ONU es una “…organización defectuosa, pero indispensable” (…). Reporto los testimonios de personas a quienes les han roto el ano por violación. ¿Qué más se necesita? ¿Cuándo Israel habrá hecho lo suficiente? No se trata de Netanyahu. No es sólo Ben-Gvir. Retirar la ocupación, retirar los asentamientos, dejar de explotar los recursos de los palestinos y abolir todas las formas de apartheid. Este es el principio de lo que viene después” (La Jornada, 27 y 28 de julio).

Nueve. Así las cosas, el secretario de Estado “Narco” Rubio (títere de Netanyahu en el entorno de Trump), impuso sanciones a la relatora de la ONU para Palestina, a la que acusa de “antisemitismo descarado” (sic), y de llevar a cabo una “campaña” (sic) contra Israel.

Diez. En suma, vidriosa elección en la que Ripley tampoco ha faltado: por “sugerencia” del colonialismo inglés y Winston Churchill, el indio Mahatma Gandhi (candidato en cinco ocasiones), nunca recibió el preciado galardón.

AUTOR José Steinsleger

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