Por Anita Mireille Zongo
Tras completar un programa obligatorio de inmersión patriótica de 30 días, los participantes de la segunda cohorte concluyeron su estancia el jueves 27 de agosto de 2026 en Uagadugú. Para estos jóvenes, la experiencia estuvo marcada por momentos desafiantes, especialmente la adaptación a las condiciones de vida, pero también por el aprendizaje de la disciplina, la solidaridad, la humildad, la integridad y el espíritu comunitario. En la ceremonia de clausura, varios participantes reflexionaron sobre lo aprendido y su compromiso de utilizar estos valores al servicio de Burkina Faso.

Para Adama Zongo, esta inmersión le permitió, sobre todo, descubrir la disciplina, el orden, el compartir y la convivencia.
“Aprendí disciplina, orden y también amor entre los demás participantes. Esta inmersión patriótica me aportó muchas cosas, sobre todo el compartir y la convivencia. Mi intención es compartir la experiencia de esta inmersión obligatoria con toda la nación, con quienes no pudieron participar. La verdad es que no esperaba poder aguantar, pero, gracias a Dios, lo logré”, afirma.

Por parte de Abou Mama, de la segunda compañía, tercera sección, la experiencia fue interesante, aunque los 30 días no fueron fáciles.

“Al principio, e incluso al final, fue un poco duro, pero nos unimos, nos acostumbramos. Dados esos 30 días, no fue fácil. Pero le agradecemos al presidente”, dice. Respecto a su futuro, indica que quiere continuar sus estudios, dejando lo que venga después en manos de Dios. También afirma sentirse orgulloso de ser burkinés y decidido a contribuir a la reconstrucción de su país. “Cada día me sentiré orgulloso de ser un burkinés digno y próspero. Estoy listo para reconstruir mi nación”, afirma.
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Marina Souobou, de la segunda compañía, tercera sección, compartió el mismo sentimiento. Dijo que, sobre todo, conservaba el patriotismo, la solidaridad y la integridad.
“Durante esta inmersión patriótica, aprendí sobre patriotismo, solidaridad e integridad”, explica. Ahora, pretende plasmar estos valores en sus acciones, sea cual sea su actividad profesional. “Quiero trabajar por mi nación para que siempre se mantenga fuerte. Ese es mi objetivo”, afirma.

Para Nemata Korsaga, los primeros días fueron especialmente difíciles. Tuvo que adaptarse a las maniobras, las condiciones para dormir, la comida y un estilo de vida diferente al de su hogar.
“Durante el mes de inmersión patriótica, tuvimos que superar muchos obstáculos. Para empezar, no fue fácil. El primer día, nos hicieron maniobrar de un lado a otro. No estábamos acostumbrados a estas cosas. Tuvimos que comer alimentos que no comíamos en casa”, cuenta.
Sin embargo, con el tiempo, afirma que finalmente se adaptó. Lo que más recuerda es la solidaridad, la colaboración y la capacidad de convivir con los demás. «Aprendí mucho. Aprendí sobre la solidaridad. Aprendimos a cantar. Aprendimos a colaborar, a vivir en sociedad… muchas cosas», subraya. Al finalizar su experiencia de inmersión, siente que ahora puede considerarse una patriota.

Para Ibrahim Zoubga, de la segunda compañía, sexta sección, el temor a marcharse fue dando paso gradualmente a la comprensión del objetivo de la inmersión.
«En primer lugar, hay que decir que cuando llegamos teníamos miedo de sufrir maltratos y otras cosas. Pero una vez que alcanzamos cierto nivel, comprendimos que se trataba de enseñarnos valores locales, como el respeto a los padres», explica.
Una de las lecciones que más le impactó tuvo que ver con las desigualdades sociales y las dificultades a las que algunas personas se enfrentan a diario.
“No podíamos imaginar que hubiera gente que no pudiera comer dos veces al día. Pero una vez allí, comprendimos que hay quienes ni siquiera pueden comer una vez al día”, relata. Para él, esta experiencia debe transmitirse ahora a otros jóvenes. Estudiante de segundo año, afirma que quiere aplicar estos valores en las escuelas y allá donde vaya, y también compartirlos con estudiantes actuales y antiguos.

Wézénamou Doriane Kouara, también de la segunda compañía, sexta sección, habla asimismo de las dificultades de los primeros días.
«Al principio no fue fácil. No estábamos acostumbrados a dormir en el suelo. No estábamos acostumbrados a la incomodidad. Pero poco a poco nos adaptamos», explica.
Ella valora especialmente el patriotismo y el servicio a la nación. Al igual que Ibrahim Zoubga, afirma haberse percatado de que no todos los burkineses viven en las mismas condiciones. «Aprendimos que no todos viven cómodamente. Muchos luchan por conseguir comida. A través de nuestro programa de inmersión, vimos que algunas personas ni siquiera pueden ganarse una sola comida al día», subraya. Esta realidad, cree, debería fortalecer la voluntad de servir a la nación a lo largo de la vida.

Para Ousséni Dipama, de la primera compañía, quinta sección, la inmersión finalmente transcurrió bien a pesar de las dificultades iniciales de adaptación.
«Cuando llegamos, es cierto que al principio nos costó mucho adaptarnos. Pero con el tiempo, lo logramos. Y comprendimos perfectamente el objetivo de la inmersión. Y nos gustó mucho», dijo.
Rinde homenaje al capitán Ibrahim Traoré y a los responsables del programa de inmersión, convencido de que esta experiencia lo ayudó a transformarse. Entre sus principales logros, destaca la capacidad de conectar con gente nueva, la vida en comunidad, la solidaridad y el patriotismo.
“Aprendí que la solidaridad es fundamental para afrontar los desafíos que enfrenta nuestro país hoy en día”, afirmó. También dijo comprender que el patriotismo no debe quedarse solo en palabras, sino que debe traducirse en acciones concretas.

Otra experiencia que le impactó especialmente fueron las condiciones de vida y el esfuerzo diario que requería. Según él, esta situación le permitió comprender mejor el valor del trabajo y el esfuerzo.
Tras esta inmersión, Ousséni Dipama pretende actuar como enlace para quienes aún no han tenido la oportunidad de participar. «Intentaremos aplicar lo que hemos aprendido y servir de enlace para concienciar a quienes no han tenido la oportunidad de participar», promete.
A través de estos diversos testimonios, se desprende una conclusión. Si bien la inmersión de 30 días representó un desafío para los participantes, afirman haber adquirido una mejor comprensión de la realidad social del país y un renovado deseo de contribuir a su desarrollo. Estos son los valores que el Presidente de Burkina Faso, en su discurso de clausura, los animó a defender y poner en práctica en sus vidas futuras.
fuente: Lefaso.net