Trabajar como medio de lucha

Manuel Gragirena

¿Qué podemos hacer ante el atropello de los gringos?… No es una pregunta sin respuesta; al contrario, abundan las respuestas. Una puede ser arrecharse y enfrentarse de manera frontal, pero muerto no lucha, así que hay muchas otras más sensatas.

Otra, no menos agresiva, es denunciarlos como una plaga de extorsionadores o tal vez abusadores, pero el dilema es que hay muchos que pueden juzgarlos y hasta declararlos culpables, pero no hay nadie con la suficiente fuerza física para hacer cumplir la sentencia, que puede ir desde una multa irrisoria hasta la cárcel para los administradores de aquel gobierno. Así que es materialmente inoperante la respuesta.

También podríamos llamar a la unidad de los pueblos del mundo para que en un gran boicot internacional se le haga la vida cuadritos a los imperialistas… bueno, soñar sería, pues esa unidad la han clamado muchos y no ocurre, no porque no se quiera o porque no sea pertinente, sino porque cuesta demasiado a los pueblos sacrificar el confort y la tranquilidad; aplica aquí la máxima de solidarizarse, pero no involucrarse…

El dilema del imperialismo yanqui, hoy bajo la gendarmería de Trump, es el núcleo del debate sobre la geopolítica contemporánea y el uso del poder: ¿cómo enfrentarse, resistir o equilibrar la balanza frente a una superpotencia cuando las vías tradicionales —como la guerra— resultan inviables, no por ineficaces, sino por imposibles de ganar?

Hay quien inmediatamente va a citar a Vietnam, y debo recordarles que la derrota no fue militar en la selva tropical, sino moral frente a los espejos de agua del Monumento a Lincoln, en Washington.

También habrá quien recuerde a Corea del Norte, y habrá que recordar que la guerra no continuó por el temor a las detonaciones atómicas que ya la URSS probaba.

También hay quien dice: «Venezuela no es Irán, Irán está luchando y le está ganando la guerra a los gringos…». De verdad no sé quién la gana o la pierde ahorita; lo que sí sé es que el pueblo iraní está suffering, está luchando solo —o casi solo—, y que en una guerra prolongada los gringos, o mejor dicho, algunos gringos y progringos, se enriquecerán más y todos, absolutamente todos los iraníes, se empobrecerán. No es que yo desee que Irán pierda esta guerra; al contrario, clamo porque pueda ganarla, pero una cosa es querer y otra es poder.

La justicia internacional no tiene policía que ejecute las sentencias contra una superpotencia, pues la superpotencia —o las superpotencias— son la policía contra los demás, pero no contra ellos mismos.

Imaginemos que la Corte Penal Internacional juzgue y mande a detener a Trump comisionando a China para que ejecute la medida de apremio: el resultado sería una guerra mundial. Así que el único medio posible para que este personaje sea detenido es que exista una rebelión múltiple, concertada y acordada entre militares, policías y civiles de allá, de allá mismo.

Tenemos que trabajar como medio de lucha. Tenemos que diseñar y construir todo cuanto necesitemos. Mientras aquí en nuestros países latinoamericanos no tengamos un vehículo diseñado y construido, no tendremos oportunidad de victoria física o moral; y esta es la razón por la cual los invasores —bueno, los secuestradores de presidentes— dicen que van a traer, y a la postre traerán, sus artefactos y tecnofactos: no para que los utilicemos como herramientas, sino para que no tengamos a la madre de los inventos, la necesidad.

De heroicidad sabemos los venezolanos, pero de constancia también. Simón Bolívar, con 27 años de edad, criticó la calma, y con 31 decidió que lo mejor era huir de Boves, nunca por cobardía, sino por una simple medición de fuerzas.

La resistencia frente al poder infinitamente superior de un imperio invasor o secuestrador no es la confrontación directa; es mantener la conciencia, evitar caer en el Síndrome de Estocolmo —el colmo de los síndromes, pues el secuestrado termina idolatrando a su captor—. Y aunque en nuestro caso, el venezolano, existe el colmo de tener demasiados vendepatrias, el resto, los que ni por asomo pensamos en venderla, debemos cuidarnos de no ser presas del síndrome. Habrá que trabajar, a la calladita, la necesidad no debe morir.

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