Manuel Gragirena
«Fundamentos de la Dolarización» (Basics of Dollarization) es un informe publicado en julio de 1999 por el Comité Económico Conjunto del Congreso de EE. UU. Es una guía para que países económicamente golpeados se dolaricen; es decir, eliminen su moneda local, eliminen su banco central y vendan sus recursos naturales a cambio de dólares para sobrevivir al gasto público ordinario, pues el extraordinario (tal vez producto de un terremoto o una inundación) requerirá endeudamiento, lo que significa vender a futuro sus recursos naturales.
Y explico por qué «recursos naturales»: a los EE. UU. no les interesa nada hecho fuera de su territorio, ni siquiera si viene de China o Japón, y muchísimo menos si es made in Latinoamérica; a ellos solo les interesa el petróleo y los minerales.
El alegato para persuadir a la dolarización es eliminar el «riesgo país», un indicador creado, manejado y publicado por ellos mismos, los dolarizadores.
Dolarizar es vincular la inflación del país a la inflación de los Estados Unidos. Es reducir el espectro comercial mundial a los productos de los EE. UU. —o a la mayoría de ellos, para no ser tan extremista. Es convertir al país en un mercado cautivo de los EE. UU.
Los sabiondos, y también los incautos, llegan a la «concluyente conclusión» de que al dolarizar se acaba la devaluación. ¡De bolas! X = X.
El dólar perdió su valor de cambio cuando Richard Nixon tomó la decisión, «temporal», de desconocer los reclamos de conversión de dólares por oro. Los economistas hablan de «desvinculación del patrón oro» y de otras formas eufemísticas para decir lo mismo. Lo cierto es que el dólar es un documento que funciona como una unidad de cuenta, solo lo respalda la permisividad del gobierno de los EE. UU. para que dentro de sus fronteras alguien quiera comprar algo; permisividad que no es ilimitada, pues cualquiera que tenga una enorme fortuna no puede comprar lo que le venga en ganan en los EE.UU.
Para quienes critican a nuestros gobiernos —y hablo de criticar a todos, desde 1811 hasta hoy— por emitir papel moneda para pagar la burocracia o las obras de infraestructura necesarias para el país, les recuerdo que los EE. UU. hacen lo mismo, y en infinitamente mayor escala y desfachatez, cuando emiten dólares para comprar petróleo y cualquier cosa que se les venga en gana en cualquier parte del mundo.
Un ejemplo: imaginemos que en los EE. UU. los Yankees de Nueva York deciden construir un nuevo estadio de béisbol, que sería su tercer estadio. El gobierno de los EE. UU. puede financiar la obra con deuda pública y emitir un cheque al portador para que cualquier constructor compre todo lo necesario y construya el estadio. Es decir, de la nada crean dólares y todo el mundo los quiere porque todos los necesitan.
Ahora, pensemos en la necesidad de un nuevo hospital para alguna ciudad de Venezuela. Para que nuestro gobierno pueda ejecutar esa obra debe extraer petróleo, vendérselo a los EE. UU., esperar a que paguen y ahora, coño, esperar a que autoricen su utilización.
En ambos casos (el estadio de béisbol y el hospital) los dólares fueron creados de la nada por los EE. UU.; pero en el caso del hospital sí se mermó la cantidad de un recurso natural no renovable. O sea, nosotros usamos riqueza real para pagar el hospital y a los gringos el estadio les salió gratis. Esta es la diferencia entre precio y valor, moneda y dinero. Estado e imperialismo.
Claro que nuestra economía está afectada por la inflación, y también es cierto que la inflación es causada por la constante revalorización del dólar, pues, aplicando nuevamente la inversión desde el punto de vista de la lógica, da lo mismo decir que el bolívar se devalúa o que el dólar se revalúa.
Antonio Ecarri, opositor que he observado como uno de los más sensatos —lo que, aplicando la lógica desde el otro lado, lo hace uno de los menos locos—, ha puesto sobre el tapete la dolarización de Venezuela. Y con justicia lo han destituido del cargo de la presidencia del Grupo de Amistad Parlamentaria Venezuela-Estados Unidos en la Asamblea Nacional, pues su propuesta vulnera el artículo 318 de la Constitución, en donde se expresa que nuestra moneda es el bolívar, y solo se aceptará otra moneda si proviene de algún acuerdo de integración entre latinoamericanos y caribeños.
La presidencia del Grupo de «Amistad» con los gringos en realidad es una mesa de capitulación, pues allí se acuerdan términos para convivir luego de una guerra militar de 48 minutos ocurrida el 3 de enero, donde ellos, los gringos, apabullaron a nuestra patria entera: civil, militar y policial.
Ecarri, que por ser venezolano está en el bando de los derrotados, lleva a la mesa de capitulación una propuesta que favorece al vencedor.
Ecarri dijo que el euro era el mismo marco alemán, dando a entender que los integrantes de la Unión Europea se sometieron a la capacidad de generar riqueza de los alemanes. Quisiera ver a Ecarri sostener esa afirmación ante los franceses, los italianos o los británicos —recordemos que los británicos también formaron parte de la Unión Europea, aunque mantuvieron su libra esterlina.
La realidad es que la Unión Europea se concibió como un bloque unificado, es decir, los «Estados Unidos de Europa», todo para competir contra el «privilegio exorbitante» que ellos mismos, los europeos, le concedieron a los Estados Unidos de América en 1944 y que, a pesar de la ruptura unilateral de aquel acuerdo en 1971, prefirieron evitar nuevas conflagraciones bélicas entre sí o con el resto del mundo. Además, a los europeos la hegemonía del dólar los afecta principalmente en lo comercial y no en el desgaste patrimonial por extracción de recursos, pues no cuentan con grandes reservas petroleras para vender.
En la política venezolana hace mucha falta formación histórica y económica; pero de la real, la práctica, la reciente. Quisiera ver a Ecarri discutiendo con el asesor que dice haber consultado. No creo que le haya hecho más de dos preguntas, y me atrevo a adivinarlas: «Dígame, ¿qué hago?» y «¿Trump sabe que existo?».