El nombre Alejandro Betancourt recorre con fuerza el tablero mediático regional al revelarse el lugar de este empresario venezolano como figura clave en el nuevo relacionamiento entre la administración de Donald Trump y el gobierno interino de Delcy Rodríguez en Venezuela. Una investigación publicada por el diario El País establece que Betancourt, una vez protagonista de grandes escándalos de corrupción y acusado de financiar a la oposición golpista, es hoy el principal puente de los intereses petroleros entre Washington y Caracas.
Betancourt forma parte del grupo que en Venezuela se conoce como “los bolichicos”, jóvenes empresarios corruptos cuya fortuna creció de la noche a la mañana a partir de contratos mil millonarios con Petróleos de Venezuela. Su empresa, Derwick Associates recibió contratos multimillonarios entre 2009 y 2011 para la construcción y procura de plantas de generación eléctrica en medio de la crisis del servicio en el país, a pesar de no contar con experiencia previa. El gobierno de Nicolás Maduro acusó judicialmente a Betancourt por desfalcar al país en connivencia con el ex ministro de Petróleo Rafael Ramírez.
Incluso Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta interina, acusó en 2020 a Alejandro Betancourt de financiar a la oposición extremista y al pretendido gobierno paralelo de Juan Guaidó con dinero robado a la nación. Pero la dinámica cambió drásticamente luego de la agresión militar estadunidense del 3 de enero.
Betancourt, el intermediario
Quien fue asesor de Trump sobre Venezuela, Mauricio Claver-Carone, declaró a la agencia Reuters que funcionarios de Estados Unidos utilizaron a Betancourt como intermediario para comunicarse con la administración de Rodríguez. Debido a que Betancourt “entiende el negocio petrolero en ambos países”, fue considerado una pieza útil para tender puentes en torno a intereses comerciales.
Medios como El País y Bloomberg revelaron que Betancourt regresó este año discretamente a Caracas en vuelos privados para asesorar a la administración de Delcy Rodríguez. A través de la figura de los Contratos de Participación Productiva Betancourt expandió sustancialmente su negocio petrolero. Su firma, North American Blue Energy Partners (NABEP), asumió los campos de Petrozamora en el estado Zulia, consolidándose como el segundo extractor privado de crudo solo después de Chevron.
Betancourt ya no es perseguido ni en Estados Unidos ni en Venezuela, según reporta El País. La paradoja de su figura, de corrupto y golpista a aliado estratégico, ilustra el giro tremendo que ha experimentado el poder después del 3 de enero.
Vínculos cuestionables
Otro asunto que ha generado polémica e indignación en las bases del chavismo es la relación cada vez más estrecha de Nicolasito Maduro, el hijo del presidente secuestrado por Estados Unidos, con la élite religiosa judía de Venezuela. Fue fotografiado dentro de la sinagoga Tiféret Israel, en el este de Caracas portando una kipá y acompañado del rabino mayor Isaac Cohen.
Aunque Nicolasito es el encargado de “asuntos religiosos” del Partido Socialista Unificado de Venezuela y hace unos años anunció su conversión al cristianismo evangélico, ha sido criticado por su reiterada exposición junto a los representantes del Estado de Israel, el principal aliado económico y militar del país que bombardeó a su país y secuestró a su padre.