Pensar en la creación artística remite a la identidad como sentido que conduce los valores más cercanos y elevados al espíritu de un pueblo.
Buscando a Marc de Civrieux en todos los rincones que me ha sido posible, encontré a Armando Arce, uno de los creadores cinematográficos más auténticos, parido en estas tierras sagradas. Supe de su corto animado Wanadi, una adaptación de uno de los aremi del Watunna, antiguo complejo mitológico de los pueblos yek’uana, y entonces no vacilé en tratar de ubicarlo para conocer más de acerca el ímpetu motivador tras aquella hazaña, que fue presentada por primera vez al pueblo venezolano en los años 80. Amablemente, Armando me recibió en su taller, ubicado en Parque Central, en el corazón caraqueño. Para mi sorpresa, este taller no estaba repleto de cámaras y equipos de grabación y edición, no se trataba de un estudio convencional. Había ingresado a un universo plástico de dimensiones incalculables. Cantidad de figuras talladas y labradas a mano, retratos, pinturas, copaban toda atención, bañándola de colores y personajes de la vida diaria, del mundo del cine y de la cultura nacional que me dejaron perpleja.
https://www.youtube.com/watch?v=zfPhxqVIjXQ
Con una humildad y sensibilidad que me enternecen, Armando me mostró Wanadi en un viejo televisor y reproductor de dvd que tiene, y con la paciencia de los sabios me fue explicando la importancia de contar historias que tengan que ver con aquello que nos hace ser, que dispongan al público a pensarse y a considerar otros discursos muy distintos a los hegemónicos.
El tema de la identidad es claramente central en la propuesta creativa de Armando Arce, y pareciera hasta sencillo hablar de identidad, cuando lo cierto es que no se puede hablar de lo propio sin despojarse de una cantidad sorprendente de ideas ajenas, impuestas, sin someterse a un proceso casi de despojo y entonces dedicarse a buscar en lo más constitutivo las claves para comprender un pasado, es decir, de una historia que es significativamente presente, que nos pertenece y que posee los principios necesarios para adelantar cualquier empresa que como país nos propongamos, desde el verdadero autoreconocimiento.
No es cualquier cosa dedicarse a estos temas en un mundo dominado por un relato que desconoce la diversidad cultural, que busca aniquilarla o en el mejor de los casos, disminuirla a la vacuidad del llamado folklore. Posicionar el relato ancestral como un relato verídico, absolutamente legítimo y valerse de los medios y tecnologías para presentarlo a un público amplio, requiere de una valentía y claridad que debemos reconocer por todo lo alto.
En esta oportunidad, quisimos presentar tan sólo un fragmento de una largo e interesante tertulia que tuvimos con Armando hace apenas unos meses. Mostrar su taller, verle tallar figurillas como un acto cotidiano de existencia misma, escucharle hablar de su proceso creador y de su visión del mundo, para además acercarnos a Marc de Civrieux, otro gran creador cósmico, es para nosotros un honor indescriptible. Les invitamos a conocer un poco sobre este maravilloso personaje y a sensibilizarse por su obra.
Agradecemos profundamente a Armando por abrirnos las puertas de su taller y acercarnos su mano amiga que valoramos con el corazón.
Adriana Rodríguez.