EL FICUS Y EL NIM DOS ÁRBOLES DAÑINOS. (parte I) – Causa de controversia política en Cagua Aragua…

Por: Eduardo Orta Hernández

Actualmente, en estos momentos, hay todo una queja o polémica pública en Cagua Estado Aragua, que ha llegado -conforme a publicaciones en las redes- al más alto tribunal del país (TSJ), en ocasión a la tala y poda de tres árboles de “FICUS BENJAMINA” sembrados décadas atrás en una redoma, de la urbanización Corinsa.

En un sano ejercicio de la crítica y del juzgamiento con rectitud, como meta para que “todos sepan lo que no deben ignorar” (cómo bien afirmó Don Simón Rodríguez), nos motivamos a escribir sobre tan delicado asunto, como lo es la Tala de dicho árboles, pero previo a el evento del Ficus, y sin que nada tenga que ver con ello, elaboré una creación poética, en pasado tiempo, que titulé  LA TALA GUILLOTINA DE LA MUERTE.

Ya con anterioridad, también había escritos dos artículos publicados en dos medios digitales de comunicación, como lo son ENSARTAOS y APORREA, en la red social FACEBOOK, y en comunidades WhatsApp, titulados: EL PRIMERO, La importancia de la arborización de las ciudades para la protección de la humanidad y EL SEGUNDO, La arborización del estacionamiento al aire libre de los centros comerciales. Precisado esto, entremos en la materia que es causa de la presente narrativa.

El árbol conocido como FICUS, también el Nem o Nim, son originarios de Asia, presentes en la India, China y Malasia, en África y Australia. Fueron importado como solución para dar sombras e impulsar la estética (la belleza de la ciudad), según los criterios de los importadores, no obstante que son árboles no aptos para áreas urbanas, con una altura de 35 metros y un diámetro de 25 metros, con raíces horizontales y extendidas que sobresalen el suelo.

Su siembra comenzó CINCO DÉCADAS atrás y hoy día se ha convertido en un verdadero y grave problema, son una amenaza para el ecosistema por su agresivo impacto en la biodiversidad, han desplazado especies nativas, que son de mayor provecho para dar sombra, habitación y alimentos, como lo son los árboles frutales, por ejemplo: el mango, el mamón, el cotoperis, tamarindo, entre otros.

Especies frutales, no solo desplazadas, en menor escala, por el Araguaney, el apamate y similares no frutales, y en mayor escala  por el Ficus y el Nim que dañan la infraestructura urbana.

El FICUS Y EL NIM son introducidos y plantados por la “autoridad” gubernamental o las empresas urbanizadoras privadas, sin consultar a los ingenieros agrícolas o sin importarles las opiniones científicas que negaran su implante o valorarán su supuesta y negada conveniencia.

Ese programa de arborización sigiloso, individualista, sin criterios técnicos, ni científicos, producto del poder de decisión de unos pocos, de la “autoridad” del momento,  sin participación de la comunidad, sin su protagonismo y sin consultar al pueblo o a las paralizadas pero existentes asociaciones de vecinos, hecho ocurrido tanto en la cuarta como en la quinta república, hoy día la talas de dos o tres Ficus, en Cagua es un grave problema, por dos razones, UNA, por el daño actual y futuro de ese árbol en la infraestructura  de los servicios públicos, que perjudica realmente a  la ciudadanía y DOS, por se causa de la actual disputa partidista o proselitista, de condena y absolución. Instaurado así, el tribunal de la inquisición sobre “verdades” no verificadas ni comprobadas.

Fue grande la distancia recorrida, desde el continente Asiático hasta Cagua, sus semillas bien empacadas fueron traídas con el visto bueno de la diplomacia, de los ministros, del gobierno nacional, regional y local con una data mayor a 40 o 50 años.

Todos los involucrados, “el saber gubernamental” y los importadores privados lo consideraron una perfecta solución para la temperatura local, por su amplio follalle y gran copa que provee de sombra y hasta para poner “bonita” la ciudad. Fueron las “razones” para tamaño exabrupto. Los “planificadores” vieron el gran árbol, de rápido crecimiento, que se adapta a nuestras condiciones climáticas, aunque no pertenece a nuestro  ecosistema.

La idea era supuestamente mejorar el entorno ambiental ante el sofocante calor, pensaron (como todo colonizado) que el árbol importado es superior y mejor al árbol nacional, se olvidaron y se olvidan por completo de los árboles de gran tamaño, de inmensas copas, proveedor de gigante sombra y de alimento por sus aprovechables frutos, tanto para las aves, fauna y las personas, con el Ficus desaparece el caimito, el níspero, el tamarindo, el almendro, hasta la naranja, etcétera, se impuso el importado musiu, que siendo verde, los sabelotodo importadores, lo veían de tez blanca, catire su tronco bronceado y sus ramas y hojas similares a unos ojos azules, es el pensamiento colonizado. “Todo lo bueno viene del extranjero”, así dicen, su consecuencia es que el moreno, aborigen, ancestral y mestizo árbol nacional quedó arrinconado y desplazado el Guayacán, el Jabillo, la Caoba, la Ceiba, el Trupillo, el Caracoli en las ciudades y modernos urbanismos.

Las consecuencias de la siembra del FICUS Y NIM, es que levantan el cemento, dañan las calles, los andenes, las tuberías, ductos subterráneos, servicios eléctricos,  las aceras, y otras infraestructuras y otros servicios públicos, también deterioran los alcantarillados y general afectan distintas obras civiles y otras especies vegetales.

En Cagua el FICUS tiene el pueblo dividido, entre quienes lo consideran una plaga invasora por los perjuicios que causa y otros que miran, obviando los males, sólo la sombra, la frescura, la estética y hasta una oportunidad de aparecer como razonables defensores de la ciudad (o de una redoma para el ejercicio opositor), lo verdaderamente cierto, es que unos y otros niegan, no aceptan la alterna y pertinente solución de sembrar árboles frutales, pertenecientes a nuestra frondosas especies, de raíces verticales y profundas, unos y otros, los que están a favor de la tala de Ficus y los que no lo están, ambos, prefieren el pino, aun cuando su reacción química sobre el suelo impiden el crecimiento de otras especies, igual adoran las ornamentales e importadas palmeras, extraña a nuestra tierra. No es la verdad y el bien común lo que importa, es el alboroto para el quítate tú para ponerme yo. Figurar a consta de las ramas o el tronco cercenado.

La respuesta del municipio debería: ser crear mecanismos (legislar o decretar) para controlar la expansión y siembra, para eliminar los existentes Ficus y Nim y sustituirlo por nuestras especies nacionales, que incluya los árboles frutales. Superar el analfabetismo del grito oportunista y de prefijado color, que por cualquier quítame está paja, vocifera sin los debidos saberes. Bueno esto último poco les importa.

Entre los planes institucionales debe incluir una permanente campaña que eduque, que enseñe no solo lo perjudicial de los importados árboles y por lo tanto de su necesaria extinción, sino de la necesidad de sembrar también los mangos, las naranjas y otros frutos, cuyo cuido y mantenimiento debe considerar  la incorporación protagónica de los Consejos Comunales, las Comunas, las asociaciones civiles, a los comerciantes e industriales, profesionales, entes educativos, y a toda persona preocupada, en fin a todo el pueblo, con el soporte de una adecuada legislación que no solo prevea la eliminación o extinción del Ficus y el Nim, sino una necesaria arborización de toda la ciudad , de todo el municipio con Apamates y Araguaney, pero también con los muy necesarios frutales, cuyo cuido lo tenga el pueblo organizado y no dependa con exclusividad del ente gubernamental, es la concreción de la democracia protagónica y participativa en la arborización de la ciudad.

En el Municipio Sucre del Estado Aragua, existe actualmente una política de arborización -acertada en los últimos cinco años-, pero que aún no ha incluído la siembra de los frutales, ni le ha dado protagonismo a la comunidad organizada, para el cuido y el mantenimiento de las siembras, su apoyo y vigilancia compartida con el gobierno local.

Ojalá comiencen la siembra de árboles frutales, para disfrutar de la belleza de los multicolores frutos, del canto de los pájaros mientras se alimentan, de las ardillas e iguanas, de la vuelta de las abejas y de poder saborear el mango, el mamón, el caimito, el níspero, el cotoperiz, la granada, el fin, volver a vivir, no del recuerdo, sino de nuestra maravillosa infancia, que viene de lejos y nos permitan rememorar la felicidad del encuentro mañanero, con el amarillo sabor, cada vez que pasamos por la puerta del cementerio y nos agachamos a recoger el delicioso mango oloroso a pueblo.

Por último, conviene emular la legislaciones de otros países que niegan sembrar el Ficus y el Nim, ordenando su extinción, así como también tienen dentro de su normas, terminantemente prohibido la tala de los árboles y la expresa prohibición de la  deforestación. En Europa, para recordarle a los eurocentristas, las calles están abarrotadas de frutales.

Para terminar, lo ofrecido al principio del artículo, el poema que  fue escrito en  pasado tiempo y nada tiene que ver con la acertada tala de los tres Ficus.

Poema en contra de la ocurrencia de Tala en general, en cualquier época y lugar, nacional o extranjero.

TALA GUILLOTINA DE LA MUERTE

LOS ÁRBOLES

son felicidad,

con forma

silueta de mujer.

Senos que amamantan,

dando vida,

ternura,

sosiego,

protección maternal

convertida en sombra,

frescura de manantial.

Son la paz, el alimento,

el respirar,

el canto de chicharras.

Anuncian el petricor

en sus movidas ramas,

se siente la  lluvia,

el amor,

la risa infantil,

el beso de la madre al hijo,

el abrazo solidario,

fuerte del árbol padre,

Atrapan la mirada enamorada,

intensa, seductora, apasionada,

vigorosa de los amantes.

Son espacio de encuentro

de la abeja y la flor,

del multicolor colibrí,

frágil y dulce.

Sus frutos,

son tiernas miradas infantiles,

con sus brazos abiertos al aire,

son promesas,  son futuro,

permanencia, eternidad

el BOSQUE,

la MONTAÑA,

el árbol en la ciudad.

Amenaza

*LA TALA*

*OCURRIÓ EL ECOCIDIO*

tiene el rostro de la muerte

del mal

del desierto,

del inclemente sol,

de la aridez,

la resequedad,

la verde sangre,

sin agua el suelo,

sin humedad el aire,

xerófito el valle

por la muerte del verde árbol.

Son rolos

trozos de madera derrumbados

convertido en lágrimas, tristeza,

en ceniza,  en polvo suelto, disperso.

Los ríos secos,

los pájaros sin canto,

sin abrigo, sin colores,

con picos resecos,

azotados por el hambre,

cortadas sus alas,

incinerados sus nidos,

sin techo, apresados en la muerte.

La devastación

es un paisaje abandonado,

ausente los columpios,

la chiquilla risa,

la algarabías infantiles,

Ropa sin mancha de mamón,

ausente la trementina del mango,

la majestuosidad del jabillo,

la ceiba, el florecido samán

el humilde oloroso jobo,

arrasados por la jauría,

por el poder arbitrario, insolente,

omnímodo, supremacista

ya no existen.

Derrumbado, destrozado

el hábitat de las aves,

de la fauna,

silenciado el turpial, los loros,

el arrendajo, los canarios,

amordazado el pico de plata,

el cristofué, el azulejo,

colores ausentes,

plomo en el plumaje

alas cortadas, mutiladas,

arrancadas junto a la raíz,

los escombros de las hojas,

junto a las ardillas amputadas,

los inmóviles colibrí,

las sedientas, hambrientas iguanas.

Arde el asfalto,

relincha el cemento,

encandila,

asan

los 40 grados de temperatura,

carbonizan el alma,

sofocan el cuerpo,

donde antes,

hubo frescura, buen clima.

El infierno en la tierra,

arde,

el incendio colapsa,

arrasador,

triunfante,

derrotadas las alegrías infantiles,

carbonizadas, achicharradas,

no se juega metra,

ni se esconden detrás del árbol.

Cuerpos

sin dolientes,

se apoderan los infartos,

avanza la simetría,

la estética capitalista,

es la pantalla, la pintura,

la gente no importa,

perece el humano,

extinguida la tierra,

agoniza

entre escombros la pachamama,

El árbol es ceniza,

por el hacha

en manos del sacrosanto leñador.

Cagua, 16 de agosto de 2026

Polvorín. Explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida. Somos historia y poesía insurgente.

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