“¡Yo soy Fidel!”: La Isla celebra el centenario del comandante entre memoria, resistencia y futuro…

Por Luis Hernández Navarro

Y en eso llegó Raúl, el general Raúl Castro Ruz. Y comenzó la diversión. Vilipendiado y atacado desde Miami de la manera más pedestre, con sus 95 años de edad sobre los hombros, se presentó a la celebración de los 100 años del nacimiento de su hermano Fidel, vestido de verde olivo y, de pie, y recibió una calurosa y prolongada ovación.

Allí estaban, también, el presidente Miguel Díaz-Canel (único orador en un acto esencialmente cultural), el comandante del ejército rebelde José Ramón Machado, la vieja guardia personal de Fidel, la viuda del comandante, Dalia Soto del Valle, importantísimos generales y oficiales con sus uniformes y su marcialidad, y la dirigencia política vestida con sus guayaberas blancas.

Tantos mandos militares y políticos juntos en un mismo lugar, hizo inevitable recordar a las reflexiones de Fidel del 22 de diciembre de 1975, en la clausura del primer congreso del Partido Comunista Cubano justo en ese mismo Teatro. En aquella ocasión, habló sobre lo que sucedería si los enemigos de la revolución bombardearan ese recinto. Insistió entonces, en la enorme cantidad de dirigentes que el proceso tenía para garantizar la continuidad del proceso, en caso de que algo así aconteciera. “Cualquiera que lee historias de la CIA sabe que no son exageras” -dijo entonces. “Pero hemos tomado todas las medidas, porque era necesario proteger por todos los medios este Congreso”.

En su mensaje, el mandatario cuban, señaló: “Fidel no es solo de Cuba. Fidel es de todos los revolucionarios del mundo que admiran su obra y comparten sus ideas. Fidel es de toda la humanidad”. Y, añadió: “ser fidelista no es profesar una fe ciega. Es una honorable actitud ante la vida. Es definirnos como permanentes luchadores antiimperialistas y contra todas las injusticias del mundo”.

Y, una y otra vez, las 5 mil 500 almas congregadas en el Teatro Carlos Marx para clausurar los trabajos del I Coloquio Fidel: legado y futuro y celebrar un siglo del nacimiento del comandante Castro corearon: “¡Yo soy Fidel!, ¡Yo soy Fidel!, ¡Yo soy Fidel!”.

Así lo hicieron, reiteradamente, durante los últimos tres días. Fue, sin lugar a dudas, uno de los gritos más repetidos, seguido de “¡Petróleo para Cuba!”

La consigna “¡Yo soy Fidel!” tiene una larga historia detrás. Cuando falleció el fundador de la Cuba socialista en noviembre de 2016, se repitió, con dolor y respeto, en calles y plazas públicas, escuelas y centros de trabajo, reafirmando la vigencia de su ideario y su conducta. A casi 10 años de esa fecha, se sigue haciendo como homenaje.

Curiosa ironía que esto suceda en un país en el que hay una ley que prohíbe nombrar Fidel Castro a plazas, calles y lugares públicos, o levantar estatuas con su esfinge, como él mismo pidió que se hiciera. Y en el que, sin embargo, su nombre se aparece una y otra vez en conversaciones públicas, invocaciones de sus enemigos y hasta en ¡chistes! antigubernamentales.

En sus exequias en la ciudad de Santiago, donde sus cenizas fueron sepultadas, su hermano Raúl explicó, a la multitud congregada para darle el último adiós: “El líder de la revolución rechazaba cualquier manifestación de culto a la personalidad y fue consecuente con esa actitud hasta las últimas horas de su vida”.

El Carlos Marx es el teatro más grande de la Antilla. Hoy, 13 de agosto, no cabe allí nadie más. En sus orígenes se llamó primero Teatro Blanquita y luego Charles Chaplin. Desde diciembre de 1975 fue bautizado con el nombre del autor de El Capital.

Inmediatamente después del discurso del presidente Díaz-Canel, en un acto que algunos les pareció demasiado heterodoxo, la Compañía de Teatro Infantil Colmenita, acompañada de artistas, científicos, deportistas y los 5 héroes (que fueron apresados en Estados Unidos en septiembre de 1998, porque, para contrarrestar sus acciones contra la isla, se infiltraron en las bandas terroristas que operaban desde Miami) montó un espectáculo muy conmovedor. Allí, alrededor de una historia sobre excursionismo, contaron y cantaron, partes de la biografía de Fidel como la importancia de la cooperación, la ciencia y el liderazgo para construir otro mundo.

La Compañía está integrada por un grupo de niños que han puesto en escena, lo mismo Aura, de Carlos Fuentes, que obras de clásicos como Shakespeare y Tirso de Molina. Monta sus obras en barrios de la capital y otras provincias. Han actuado en los cerros de Caracas y en El Salvador. Entre sus objetivos están el de “contribuir a fomentar valores humanos a través de la creación artística” y “vincular la actuación teatral en los escenarios con el trabajo comunitario en los lugares más diversos del país”. Sí, como decía José Martí, “la enseñanza debe ser sabrosa y útil”, el aprendizaje que se desprende de la puesta en escena de La Colmenita, tiene para dar y recibir.

El tema del excursionismo no es anecdótico. Para una parte de la niñez y juventud cubana, es esencial. Según cuentan la matemática María Teresa Grillo, del Movimiento Cubano de Excursiones, y la graduada de Derecho Gabriela Newhall, “cuando la vida pesa, siempre sale la frase: “lo que nos hace falta es un montecito”. Una forma específica de ese movimiento que suspira por el montecito y busca conocer lugares donde prima la gestión colectiva, ha sido bautizada como “las guerrillas”.

Su principal motivación “no es solo por tomar un descanso de la vida cotidiana -explican-. Allí dejamos el individualismo. Somos un colectivo, donde el problema de uno se vuelve el problema de todos. Donde solo se logra funcionar, trabajando en colectivo. Todos llevamos el mismo módulo de comida y participamos en los grupos de cocina. La vanguardia marca el paso y va guiando. Y, la retaguardia, nunca deja que nadie vaya detrás de ella. Te permite sentir que haces cosas que parecen imposibles. Ya se tiene pensado, que nos organicemos para lograr lo mismo en la vida que tenemos hoy”.

De manera que, los mensajes que mandaron hoy los niños teatreros de La Colmenita, entre los que incluyeron las palabras de un indígena chiapaneco que dijo: «Cada cual es tan pequeño como el miedo que siente y tan grande como el enemigo que elige»… Cuba es tan pequeña, como el poco miedo que siente… y es tan enorme como el gigantesco enemigo que ha elegido, en un acto de locura tropical que la humanidad entera debería agradecer».

Los 100 años de Fidel, se celebraron en medio de dos grandes zonas de turbulencia. Por un lado, de pequeños grandes cambios en la forma en la que la gente enfrenta, en el día al día, el estrechamiento del bloqueo. Porque la vida en la Cuba es hoy, es muy diferente a cómo fue inmediatamente después de la Orden Ejecutiva del 29 de enero de 2026 que bloqueó el ingreso de combustibles. Seis meses más tarde, la gente de a pie se ha adaptado a los sufrimientos y penurias. Si alguien creía que, bloqueando se produciría un cambio de régimen a partir del salvaje castigo infringido por Washington, puede seguir esperando. La capacidad de resiliencia popular es sorprendente.

Por el otro, están las 176 transformaciones económico-sociales, agrupadas en 23 ejes temáticos, que anticipan un cambio estructural. El debate sobre sus efectos dentro del campo revolucionario es rico e intenso. Dentro de la izquierda, se reflexiona sobre si las reformas permitirán relanzar efectivamente la economía o si desnaturalizarán el modelo socialista, polarizando a la sociedad. En palabras de Díaz-Canel pronunciadas hoy: “¿cómo cambiar lo que deba ser cambiado, sin darle comida al yanqui?

Así pues, el siglo del comandante Castro está atravesado por esa discusión y, simultáneamente ese debate impacta las consideraciones sobre el legado del organizador del Asalto al Cuartel Moncada.

El Coloquio que hoy culminó y su clausura en el Teatro Carlos Marx, dejan en claro el significado de la figura y el pensamiento de Fidel Castro para parte de la izquierda en el mundo. En un momento de ascenso de las ultraderechas, de derrotas electorales y culturales del progresismo latinoamericano, de desnaturalización y colapso de los movimientos anticoloniales en África, del genocidio abierto contra Palestina y del genocidio en cámara lenta contra la isla, hay izquierdas que ven en Fidel una herramienta central para organizar su lucha, y otras, que prefieren guardar silencio sobre ese legado.

Hoy, en Cuba, fue un día de fiesta. Así se demostró en el Teatro Carlos Marx y en tantos otros lugares más. Como dice Nelson Valdés en su canción-homenaje “Tus cien”, interpretada para cerrar la ceremonia de clausura: “Abre la puerta y ven/Sube a la plaza, ven/a celebrar tus cien/ Sube a la plaza, ven/a devolverte el cariño”. Ese cariño se desbordó el día de hoy.

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