Autor: Eduardo Orta Hernández
LOS ÁRBOLES
son felicidad,
con forma
silueta de mujer.
Senos que amamantan,
dando vida,
ternura,
sosiego,
protección maternal
convertida en sombra,
frescura de manantial.
Son la paz, el alimento,
el respirar,
el canto de chicharras.
Anuncian el petricor
en sus movidas ramas,
se siente la lluvia,
el amor,
la risa infantil,
el beso de la madre al hijo,
el abrazo solidario,
fuerte del árbol padre,
Atrapan la mirada enamorada,
intensa, seductora, apasionada,
vigorosa de los amantes.
Son espacio de encuentro
de la abeja y la flor,
del multicolor colibrí,
frágil y dulce.
Sus frutos,
son tiernas miradas infantiles,
con sus brazos abiertos al aire,
son promesas, son futuro,
permanencia, eternidad
el BOSQUE,
la MONTAÑA,
el árbol en la ciudad.
Amenaza
LA TALA
OCURRIÓ EL ECOCIDIO
tiene el rostro de la muerte
del mal
del desierto,
del inclemente sol,
de la aridez,
la resequedad,
la verde sangre,
sin agua el suelo,
sin humedad el aire,
xerófito el valle
por la muerte del verde árbol.
Son rolos
trozos de madera derrumbados
convertido en lágrimas, tristeza,
en ceniza, en polvo suelto, disperso.
Los ríos secos,
los pájaros sin canto,
sin abrigo, sin colores,
con picos resecos,
azotados por el hambre,
cortadas sus alas,
incinerados sus nidos,
sin techo, apresados en la muerte.
La devastación
es un paisaje abandonado,
ausente los columpios,
la chiquilla risa,
la algarabías infantiles,
Ropa sin mancha de mamón,
ausente la trementina del mango,
la majestuosidad del jabillo,
la ceibas, el florecido samán,
el humilde oloroso jobo,
arrasados por la jauría,
por el poder arbitrario, insolente,
omnímodo, supremacista
ya no existen.
Derrumbado, destrozado
el hábitat de las aves,
de la fauna,
silenciado el turpial, los loros,
el arrendajo, los canarios,
amordazado el pico de plata,
el cristofué, el azulejo,
colores ausentes,
plomo en el plumaje
alas cortadas, mutiladas,
arrancadas junto a la raíz,
los escombros de las hojas,
junto a las ardillas amputadas,
los inmóviles colibrí,
las sedientas, hambrientas iguanas.
Arde el asfalto,
relincha el cemento,
encandila,
asan
los 40 grados de temperatura,
carbonizan el alma,
sofocan el cuerpo,
donde antes,
hubo frescura, buen clima.
El infierno en la tierra,
arde,
el incendio colapsa,
arrasador,
triunfante,
derrotadas las alegrías infantiles,
carbonizadas, achicharradas,
no se juega metra,
ni se esconden detrás del árbol.
Cuerpos
sin dolientes,
se apoderan los infartos,
avanza la simetría,
la estética capitalista,
es la pantalla, la pintura,
la gente no importa,
perece el humano,
extinguida la tierra,
agoniza
entre escombros la Pachamama,
El árbol es ceniza,
por el hacha
en manos del sacrosanto leñador.