La gazificación como tecnología del poder imperial…

Por Jose Ernesto Novaez Guerrero, Almayadeen, Resumen Latinoamericano, 10 de agosto de 2026.

Las criminales acciones del ejército colonial sionista contra el pueblo palestino, particularmente contra el enclave costero de Gaza, han llevado al surgimiento del término gazificación para referirse a este tipo de operaciones de cerco moderno donde se combinan tácticas de asedio convencional con prácticas genocidas y de control total sobre la vida de una población determinada. Las catastróficas consecuencias humanas de estas acciones no importan con tal de lograr el objetivo final. En el caso de “Israel”, este objetivo es la colonización del territorio y la expulsión de sus habitantes nativos.

Los aprendizajes del macabro sistema de cerco israelí han sido incorporados como tecnologías de control político y cambio de régimen por el aparato imperial norteamericano. Y en esto momentos se replican, ante la vista de toda la comunidad internacional, contra Cuba. La gazificación de Cuba persigue varios fines para la política norteamericana: cambiar un gobierno que no se ha alineado históricamente con la agenda imperial norteamericana en América Latina; devolver el control político de la isla a los capitales radicados en el sur de La Florida, financistas del poderoso lobby anticubano en la política del país y satisfacer los intereses políticos de cara a 2028 del actual secretario de Estado al tiempo que alimenta los afanes revanchistas de los herederos de la clase derrotada en Cuba en 1959.

Pudiera parecer una exageración afirmar que Estados Unidos está gazificando a Cuba, pero basta mirar un poco más de cerca para percibir cómo se replican macabras similitudes.

En virtud de las Órdenes Ejecutivas del 29 de enero y el 1ro de mayo de 2026, el presidente de Estados Unidos ha dado al secretario de Estado la facultad discrecional de aplicar todas las sanciones que considere convenientes contra empresas cubanas o de terceros países que tengan o hagan algún tipo de negocio en Cuba. Se persigue a cualquier proveedor de combustible y en un período de seis meses se han sancionado más de 40 entidades en sectores claves de la economía cubana. Los principales puntos de este ataque han sido el sector energético, las finanzas, la colaboración médica y el transporte. Las sanciones comprenden desde empresas puntuales hasta puertos, como el del Mariel. Su resultado inmediato es el de fracturar casi totalmente el intercambio mercantil de Cuba con el exterior, sobre todo en aquellos sectores y negocios claves que pueden paralizar la economía y la sociedad.

Al tiempo que cierra todas las puertas posibles, incluyendo aquellas que implican una respuesta sobre la base de los propios recursos nacionales, se dan a cuentagotas algunas licencias a empresas norteamericanas y al sector privado cubano para adquirir pequeñas cantidades de recursos básicos para el país. Esta táctica es fundamental en la estrategia de gazificación. Por un lado, se pretende crear una total dependencia de la isla a los Estados Unidos. Esto permite abrir y cerrar el grifo a discreción, convirtiéndolo en una palanca de presión política adicional. Es la misma estrategia aplicada por el sionismo en los cruces fronterizos con Gaza. Entra solo aquello que la potencia agresora decide que puede entrar.

La otra cara de esta estrategia es la escasez. Se dejan entrar cantidades insuficientes, que garantizan un mínimo vital, pero que no resuelven la situación esencial de carencia que afecta a la totalidad de la población. En Gaza se ha llegado a reportar que el control del ejército sionista sobre aspectos centrales de la vida del enclave llega al punto de calcular el total de calorías por persona que dejan pasar diariamente, por supuesto en una cantidad inferior al consumo recomendado. Con esto garantizan se mantenga la desnutrición, la angustia por la alimentación e impiden a los habitantes palestinos crear una reserva mínima de alimentos.

La escasez incentivada hace que la tensión social a lo interno de las sociedades sitiadas se eleve exponencialmente. Lo poco que entra no da para todos y hace que la corrupción, inevitable en toda sociedad y agravada en condiciones de escasez crónica, se torne en una práctica aún más dolorosa. Incluso lo más mínimo se convierte en privilegio. Las insuficiencias de la administración pública, operando bajo una tensión extraordinaria y con carencia crónica de recursos humanos y materiales se hacen cada vez más notables, en la medida en que el Estado desaparece de importantes aspectos de la vida de las personas sencillamente por incapacidad de dar respuesta a la infinidad de escenarios de crisis acentuados por el cerco.

A esto se suma una agresiva campaña comunicativa que tiende a negar el cerco y presentar a la víctima como el agresor. En esta campaña se articulan, gustosos, los poderosos aparatos mediáticos del capital y toda la estela de influencers que han construido como cajas de resonancia de sus agendas simbólicas. Esta campaña es el complemento esencial. Sirve para lavar la cara a prácticas genocidas y, al mismo tiempo, como eficaz herramienta de guerra sicológica contra las sociedades sitiadas. Todo el tiempo se “filtran” planes de agresión, preparativos de guerra, ultimátum secretos, diseñados para llevar a la sociedad sitiada al punto de quiebre sicológico, por la horrible combinación del deterioro de todos los indicadores esenciales de la calidad de vida y el temor a la devastación reforzada de la guerra.

Un aspecto interesante de la cobertura mediática de las realidades de los pueblos bajo asedio es la romantización de la resiliencia. Tanto los medios corporativos como no pocos medios alternativos se acercan a estas sociedades a mostrar cómo, a pesar de todo, encuentran maneras de salir adelante o conservan la alegría de vivir. Y esto, que no es falso, sirve un poco como consuelo y acaba actuando como un elemento desmovilizador de la denuncia y la ayuda internacional. La resistencia de los pueblos bajo asedio debe mostrarse sin ocultar la terrible realidad del impacto sobre sus vidas. La devastación causada por las bombas en Gaza y las sanciones en Cuba.

En el caso de Cuba, la tecnología de la muerte ha escalado de dimensión. Ahora el cerco es contra un país completo. La mayor de las Antillas es superior en tamaño a no pocos países europeos y de Centroamérica. A diferencia de Gaza, tiene mayores reservas poblacionales, de agua potable, de tierras fértiles y de varios recursos claves, entre ellos cierta producción petrolera y de minerales. Sin embargo, el sufrimiento provocado por el asedio no deja de ser significativo. Con una población envejecida y mayoritariamente urbana, las sanciones actuales se montan sobre la estela de deterioro que décadas de Bloqueo han producido en la actividad económica del país. Aunque tiene mayores márgenes para la resistencia que un enclave costero, el precio de esta resistencia está siendo altísimo y lo será aún más en la medida en que se prolongue y profundice el cerco.

Ningún país pobre puede, por sí solo, sortear el impacto en su economía de sanciones como las que ese están aplicando contra Cuba. El objetivo de Rubio es provocar un estallido social que propicie el cambio de régimen. Los peligros de esta agenda son evidentes para el país y van desde una guerra civil hasta un aumento descontrolado del narcotráfico y la violencia asociada con las drogas. Sin contar las claras implicaciones en materia de pérdida de soberanía que la agenda de Rubio entraña. Los intereses que él representa son, esencialmente, los intereses de un grupo de ciudadanos norteamericanos, nacidos de padres cubanos que fueron dueños de Cuba, y que aspiran a recuperar esta propiedad perdida para administrarla en beneficio de sus peculios personales y de los intereses de su país natal.

La tibieza de la “comunidad internacional” no hace más que sentar un precedente de impunidad que permitirá replicar esta estrategia a futuro contra cualquier país. Bloques emergentes, como los BRICS, y potencias individuales en ascenso deberían atender a las implicaciones política y morales de lo que le han hecho a Gaza y lo que le están haciendo a Cuba. En el pasado no tan lejano, la traición internacional, salvo algunas honrosas excepciones, a la República Española propició el avance y el fortalecimiento del fascismo en el continente europeo. Hoy, sin lugar a dudas, la traición a Cuba implicará abrirle las puertas al neofascismo y al supremacismo en Nuestra América.

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