El terrorista que ordenó lanzar bombas en La Habana camina libre por Miami…

El terrorista que ordenó lanzar bombas en el Tropicana de La Habana camina libre por Miami mientras Cuba presenta 62 nombres ante la ONU

La llamada que lo cambió todo

«—¿Tú quieres que yo haga algo allí?
—Si quieres hacer eso, mejor, a mí me da lo mismo, ahí tienes la ventaja de que con un par de laticas se acaba aquello, y es menos riesgoso…»

Esta conversación no es el guion de una película. Es la transcripción de una llamada telefónica real entre un terrorista infiltrado en Cuba y su jefe en Miami. La orden era clara: lanzar explosivos en el cabaret Tropicana de La Habana para sembrar el caos y el terror.

La llamada fue grabada, presentada en la televisión cubana y documentada por el periódico Granma. Y el hombre que daba la orden no era un delincuente cualquiera.


Santiago Álvarez Fernández-Magriñá: el terrorista que camina libre por Miami

Santiago Álvarez Fernández-Magriñá nació en La Habana en 1941. Su historial criminal es extenso y está documentado:

  • Mercenario de la Brigada 2506 que invadió Playa Girón en 1961.
  • Fundador de la organización terrorista Alpha 66.
  • Organizador del ataque armado contra un poblado en Villa Clara en abril de 2001.
  • Cómplice de Luis Posada Carriles en el fallido atentado contra Fidel Castro en Panamá en el año 2000.
  • Socio y benefactor de Posada Carriles, el terrorista responsable de la voladura del avión de Cubana de Aviación en Barbados con 73 personas a bordo.

En 2005, las autoridades federales allanaron un apartamento que mantenía en el norte de Miami y encontraron un arsenal impresionante: centenares de armas y municiones. Pero eso no fue todo. Para reducir su condena, Álvarez entregó voluntariamente 30 ametralladoras automáticas y semiautomáticas, un lanzacohetes, varias granadas, 200 libras de dinamita, 14 libras del explosivo C-4 y 4,000 pies de cable para hacer detonaciones.

A pesar de este arsenal, la Fiscalía decidió no presentar cargos de terrorismo contra él. Fue condenado solo por posesión ilegal de armas y obstrucción de justicia, y cumplió menos de cuatro años de prisión.

En 2009, Santiago Álvarez fue liberado y hoy camina libre por las calles de Miami.


La compra de armas que el FBI «no vio»

El modus operandi de Álvarez está perfectamente documentado. El 10 de marzo de 2001, se presentó en una feria de armas en Miami y compró, de un solo golpe: ocho fusiles AK-47 por 2,712 dólares, ocho pistolas Makarov por 1,112 dólares y 2,000 tiros de AK por 400 dólares.

El FBI de Miami, entonces dirigido por el agente especial Héctor Pesquera, tenía todos los medios para enterarse de una transacción tan sospechosa. Sin embargo, no pasó nada. Las armas fueron recogidas días después sin la menor dificultad y utilizadas para armar el comando terrorista que desembarcó en la costa norte de Villa Clara.

El FBI prefirió ignorar las armas de Santiago Álvarez.


La impunidad como política de Estado

El caso de Santiago Álvarez no es aislado. Es la punta del iceberg de una política de impunidad sistemática que Washington mantiene hacia los terroristas que operan contra Cuba desde su territorio.

Cuba ha presentado ante la ONU una Lista Nacional de Terroristas que incluye 62 personas y 20 entidades, radicadas mayoritariamente en Estados Unidos. Estas personas han sido sometidas a investigaciones penales por su implicación en la promoción, planificación, organización, financiamiento o comisión de actos de terrorismo contra Cuba.

La viceministra cubana Josefina Vidal Ferreiro ha denunciado que existe «una historia de inacción de las autoridades de Estados Unidos, por evidentes consideraciones políticas». Y ha sido categórica:

«Es paradójico y cínico que el Gobierno de Estados Unidos designe a Cuba como Estado patrocinador del terrorismo, en una lista unilateral y sin mandato alguno de organizaciones internacionales. Cualquier observador astuto e imparcial puede concluir cuál es el Gobierno que en realidad alienta, apoya y tolera el terrorismo, y cuál es el país que lo enfrenta y combate.»


El historial: ¿quién amenaza a quién?

Mientras Washington acusa a Cuba de ser una «amenaza», la realidad documentada muestra lo contrario:

Acciones terroristas desde EE.UU. contra Cuba Acciones de Cuba contra EE.UU.
Atentados con bombas en hoteles de La Habana (1999) Ninguna documentada
Voladura del avión de Cubana de Aviación en Barbados (73 muertos) Ninguna documentada
Intentos de asesinato contra líderes cubanos Ninguna documentada
Infiltraciones armadas en territorio cubano Ninguna documentada
Sabotajes al sistema electroenergético Ninguna documentada
Financiamiento de más de 40 organizaciones terroristas Ninguna documentada

Cuba ha sido víctima del terrorismo de Estado durante más de seis décadas. Ha sufrido más de 3,500 ciudadanos muertos en atentados cometidos por grupos terroristas financiados, armados y entrenados desde Estados Unidos.

Y los terroristas que han cometido estos crímenes —Santiago Álvarez, Luis Posada Carriles, Orlando Bosch, y decenas más— han encontrado en Estados Unidos un refugio seguro, protección legal y total impunidad.


La pregunta incómoda

Mientras Marco Rubio acusa a Cuba de «infiltración» y «espionaje» sin presentar una sola prueba, la pregunta que nadie quiere responder es:

¿Por qué Estados Unidos protege a terroristas confesos que han atentado contra Cuba?

¿Por qué el FBI ignoró la compra de armas de Santiago Álvarez?

¿Por qué la Fiscalía de EE.UU. no presentó cargos de terrorismo contra un hombre con un arsenal de guerra?

La respuesta es sencilla: Estados Unidos no combate el terrorismo contra Cuba. Lo financia, lo protege y lo utiliza como herramienta de política exterior.


Conclusión: la verdad que Rubio oculta

Santiago Álvarez Fernández-Magriñá es solo uno de los 62 terroristas que el gobierno cubano ha identificado y denunciado ante la ONU. Tiene un historial documentado de décadas de acciones terroristas contra Cuba. Fue condenado por posesión de armas, no por terrorismo. Cumplió menos de cuatro años de prisión. Hoy camina libre por Miami.

Esa es la verdadera amenaza para la seguridad: un país que protege terroristas mientras acusa a sus víctimas.

Cuba no es una amenaza para Estados Unidos. El terrorismo financiado, armado y protegido desde Estados Unidos sí lo es.

FUENTE: RAZONES DE CUBA

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