POR GABRIEL VARGAS LOZANO
Uno de los temas que más preocupan en la actualidad es por qué la derecha ha estado triunfando en varios países del mundo y en especial en América Latina. La respuesta es múltiple y compleja. Una de las causas de origen es el hecho de que el grupo oligárquico de extrema derecha que logró el poder con Donald Trump ha implantado una política agresiva en contra de sus propios ciudadanos y los de diversas partes del mundo.
No es una novedad que Estados Unidos haya desarrollado esa estrategia para mantener e incrementar su hegemonía en el mundo con el propósito de apoderarse de los recursos naturales de los países, de aumentar su poder militar y de vencer ideológicamente a sus opositores. Su objetivo ahora son las posiciones de izquierda. Los pretextos han sido muchos: antes era la democracia y hoy es la lucha en contra de las drogas. Pero la diferencia es que ahora está actuando sin ningún respeto a la legalidad internacional.
Por ejemplo, Trump ordenó el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa en Venezuela para llevarlo a una cárcel estadunidense, asesinando a sus guardias y violando la soberanía del país, con el objetivo de apoderarse de sus cuantiosos recursos petroleros; asesinó al líder supremo de irán, Ali Jamenei, con el propósito de provocar una sublevación en aquel país y apoderarse de esa posición estratégica, cosa que no ocurrió; ha impuesto aranceles a diestra y siniestra para proteger sus intereses, etcétera.
Pero también, junto a su secretario de Estado, Marco Rubio, ha convocado a todos sus aliados para organizar la lucha en contra de lo que llaman “terrorismo político”, que implica la orquestación por todos los medios (políticos, económicos, comunicativos) para combatir a la izquierda. No se trata de luchar contra los verdaderos terroristas, sino contra quienes se oponen a sus intereses. Afortunadamente, nuestro gobierno se ha negado a ser cómplice de estas reuniones. En esta dirección, en lugar de invadir a los países latinoamericanos, Trump ha optado, en primera instancia, por apoyar a todos los candidatos de la derecha.
Ésta es la lógica del poder. Sin embargo, la pregunta es: ¿qué ha pasado en la izquierda? Respondamos en forma muy sintética, dejando a salvo el hecho de que se trata de procesos complejos. Empecemos por lo ocurrido en Chile, un país donde se dio un movimiento de izquierda apoyado en forma multitudinaria y que llevó a Gabriel Boric a ocupar la presidencia de la república. Sin embargo, su propuesta de una nueva constitución perdió frente al pinochetismo; no pudo contener la inseguridad del crimen organizado ni pudo sacar al país de la crisis económica. Por tanto, ganó el derechista José Antonio Kast.
En Bolivia, el Movimiento al Socialismo (MAS) logró mantener el poder durante 20 años, pero enfrentó las elecciones con una división entre Evo Morales (que quería ser presidente por cuarta vez) y Luis Arce, el presidente saliente que no logró contener la crisis económica. Ganó el derechista Rodrigo Paz frente a otro derechista, Jorge Tuto Quiroga.
En Colombia, después de un gobierno de izquierda (por primera vez) presidido por Gustavo Petro y cuyo candidato, Iván Cepeda (48.7 por ciento de la votación), perdió, si bien por un escaso margen, frente al ultraderechista Abelardo de la Espriella (49.7 por ciento), a causa de la crisis económica, los escándalos de corrupción y no haber podido contener la violencia en ciertas zonas del país, a lo que se sumaron las contradicciones internas en la campaña de Cepeda.
Y ya no se diga Perú, donde ganó nada menos que la hija del dictador Alberto Fujimori, que a pesar de la condena que lo llevó a la cárcel, sostiene la misma línea que siguió su padre. Keiko Fujimori ganó con 9 millones 223 mil 396 votos contra el candidato de la izquierda, Roberto Sánchez, que perdió con 9 millones 173 mil 755 votos.
Una elección paradigmática fue la de Javier Milei en Argentina en 2023. Un personaje grotesco, ultraderechista, anarcocapitalista, que prometió y ha cumplido recortar los gastos del Estado destinados a cubrir las prestaciones de los obreros, campesinos y pueblo en general, y no obstante obtuvo en una segunda vuelta 14 millones 500 mil votos, frente al peronista Sergio Massa.
Lo sorprendente en estas y otras elecciones es que gran cantidad de votos para la derecha no sólo provienen de sus correligionarios, sino de un conjunto de personas que en forma inconsciente votan en contra de sus intereses y por la aparente incertidumbre del futuro frente a un pasado de corrupción e incapacidad para gobernar.
Las elecciones han sido ganadas por la derecha por el apoyo de Trump, por las campañas mediáticas llenas de bots, por el apoyo económico y político de las oligarquías, por la enajenación existente y la falta de conciencia política, pero también por los errores y contradicciones de la izquierda.
Ahora bien, dice el dicho que “si ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. Nosotros no estamos exentos de múltiples triquiñuelas de la derecha apoyada por el vecino del norte, pero tanto Morena como el gobierno tendrían que examinar detenidamente las causas de la pérdida de la izquierda en los países mencionados y actuar en consecuencia, porque si no lo hacen, podría ocurrir lo que no desearíamos para nuestro país.
* Profesor-investigador de filosofía de la UAM-I