Gran sector académico de la ULA postula como candidato a Rector al doctor Pedro Grima…

José Sant Roz

Esta no es una candidatura de partidos ni de ideologías de izquierda o de derecha, se trata ante todo de un gran compromiso con Venezuela, con el saber, con las ciencias y la cultura, así nos lo ha hecho saber un sector de la comunidad universitaria de la Universidad de Los Andes.

El doctor Pedro Grima es actualmente de los más destacados científicos venezolanos. Se mantiene muy activo en sus trabajos de investigación, tanto en su especialidad de la Física, como en temas del ambiente, ecología y astronomía. Tiene numerosas investigaciones presentadas en revistas indexadas de gran prestigio internacional, a la vez que varios libros publicados sobre temas relacionados con el cambio climático. Por otra parte jamás ha estado apartado de la problemática social, llegando a mantener es este aspecto durante más de 40 años su portal “La Colmena”, la cual cuenta a estas alturas con millones de visitas. Ha sido fundador de algunos semanarios regionales y en dos oportunidades ha sido rector de la UNELLEZ (Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora). En realidad, su currículo es muy amplio, y dejemos que con sus palabras, con su experiencia académica y sus trabajos nos exprese las razones por las cuales ha aceptado ser postulado para rector de la Universidad de Los Andes.

He aquí la entrevista:

De entrada, doctor Pedro Grima: existe un debate en estos momentos producto de los grandes cambios tecnológicos que abruman o estremecen al mundo: ¿Está moribunda la Universidad? ¿Está perdiendo su función o ese sentido sublime, tal cual fue cantada, amada y narrada por el gran poeta Francisco Villon en la Edad Media con aquellas cuatro sencillas cátedras, Teología, Leyes, Medicina y Artes? ¿O habrá que reinventarla?

RTA: Estimado amigo, permítame empezar diciendo algo que puede sonar provocador: la Universidad no está muriendo; lo que está muriendo es un modelo de universidad.

Y aquí hago un paréntesis para honrar la memoria de Francisco Villon y aquellas cuatro cátedras fundacionales que usted menciona. Ese era el conocimiento que el mundo medieval necesitaba para entenderse a sí mismo. Pero el mundo de Villon era un mundo cerrado, geocéntrico, donde el saber era patrimonio de unos pocos. Hoy vivimos en un mundo abierto, descentrado, donde el conocimiento está al alcance de un clic.

¿Significa eso que la Universidad ha muerto? No. Significa que su función ha cambiado, y si no lo entendemos así, la condenamos a ser un museo.

En nuestra plancha «Horizonte ULA» hemos dicho algo que resuena con la pregunta: la universidad no es una fábrica de títulos, es un hogar intelectual donde se forjan ciudadanos. Y ese hogar, hoy, debe reinventarse no para competir con la tecnología, por el contrario, sino para dialogar con ella.

La inteligencia artificial, el big data, las nuevas formas de producción de conocimiento, no son nuestros enemigos, son nuestras herramientas. Pero hay algo que la tecnología jamás podrá reemplazar, y es precisamente lo que la Universidad de Los Andes ha hecho durante más de dos siglos: formar personas íntegras, críticas, capaces de preguntarse no solo «cómo se hace», sino «por qué se hace» y «para quién se hace».

Ese es el sentido sublime del que habla Villon. No está en las cuatro cátedras antiguas, sino en la actitud de asombro, en la capacidad de cuestionar, en el compromiso con la verdad. Eso no muere. Eso se hereda.

“Horizonte ULA” no propone fórmulas del pasado ni soluciones irrealizables. Presentamos un plan de modernización institucional orientada a resultados, centrado en fortalecer la investigación, la calidad académica y la estabilidad de toda la comunidad universitaria.

Venimos a reinventar la gestión para que la universidad pueda cumplir su misión eterna: ser ese espacio donde el conocimiento se encuentra con la humanidad, donde la ciencia sirve a la vida y donde cada estudiante, cada profesor, cada trabajador, se sienta parte de una comunidad que trasciende el tiempo.

La ULA no requiere discursos: requiere gestión, presupuesto ejecutado con transparencia y acciones concretas.

 

Háblame un poco de su formación académica, dónde hace sus estudios de Secundaria, la parte correspondiente a la universitaria, por qué escoge la carrera de Física. Si puede decirnos algo sobre el ambiente de esa época estudiantil en Mérida, sus primeros contactos con los movimientos ecologistas, políticos y sociales de aquella Venezuela.

RTA: Con mucho gusto. Y le agradezco la pregunta porque me permite contarles quién soy realmente, más allá de las planchas y los discursos de campaña.
Yo quería estudiar Matemáticas en la ULA, pero cuando se lo anuncié a mi madre, me miró a los ojos y me pregunto: ¿Hijo, y tú crees que de eso se vive? Para no decepcionarla, cambié mi primera intención y le dije que estudiaría Física, que era más práctico. No me dijo nada, pero creo que ella aspiraba que le dijera Medicina o Ingeniería.

Yo quería entender las leyes fundamentales de la naturaleza. No me interesaba solo aplicar el conocimiento; quería saber por qué las cosas funcionan como funcionan. Quería entender el universo desde sus cimientos. La Física me enseñó que la realidad es más extraña y maravillosa de lo que nuestros sentidos perciben, y que el pensamiento abstracto, la matemática y la experimentación podían revelarnos verdades profundas. Esa formación me dio algo que llevo con orgullo: una forma rigurosa de pensar, de no dar nada por sentado y de buscar siempre las evidencias detrás de las afirmaciones.
Por los años setenta, Mérida era otra ciudad. Tal vez más pequeña, pero definitivamente más viva, más bullente. La ULA era el corazón de la ciudad y era un hervidero de ideas. No solo en las aulas, sino en los pasillos, en las plazas, en los cafés. Esa misma curiosidad mía y un sentimiento de solidaridad social heredado de mi abuela española que vivió la guerra civil, me llevaron a reconectarme con la actividad política que ya había practicado en el Liceo Libertador durante mi adolescencia. Pero esta vez mi aproximación fue más ecológica. Entendí tempranamente que la ciencia no puede estar desligada de la vida. No tiene sentido estudiar la física del clima si no te preocupas por la contaminación del río Albarregas. No tiene sentido entender la termodinámica si no te preocupas por los apagones que afectan a la gente. La ciencia, para mí, siempre ha tenido un compromiso ético y social.

¿Dónde realizas su doctorado en Física y quién fue su tutor?

RTA: Tuve la oportunidad de salir becado a Francia, para seguir estudios de doctorado en la Université Pierre et Marie Curie, Paris, Francia. Mi tutor fue el Dr. Michel Besson (QEPD), un ingeniero especializado en la utilización de la presión como variable termodinámica. Un grande, medalla de oro del CNRS (Centre National pour la Recherche Scientifique). Me propuso como trabajo de tesis hacer una máquina de acero donde se pudieran alcanzar 1800 oC y 10 GPa de presión. Además, había que colocarla frente a una fuente sincrotrón   de rayos X para medir como variaban los parámetros del material en el interior de la máquina. Por lo tanto había que manipularla a distancia con precisión micrométrica. Nada fácil.

Sabemos de sus compromisos con la defensa de la naturaleza y el ambiente, que ha dirigido durante décadas el medio alternativo “LA COLMENA”, que en general lleva ya millones de visitas en todo el mundo. ¿Cómo nace en usted esa pasión por fundar periódicos, revistas y sitios webs?

RTA. Amo esa pregunta porque se remonta a mis orígenes. Mi familia emigró a Venezuela en 1967. Hasta ese momento yo era un niño que había pasado toda su infancia en colegios católicos, en Madrid. Al llegar a Venezuela, mejor dicho a Mérida, fui captado por un compañerito del Liceo que militaba en el Sector Revolucionario de la Juventud Comunista, primera división del Partido Comunista. Y ahí empecé a militar, tenía catorce años. Éramos como seis liceistas, todos de la misma edad y decidimos crear un periódico: Joven Patriota. Mi primera encomienda fue hacer un artículo sobre las reivindicaciones. ¡Yo ni sabía que significaba esa palabra! Tuve que estudiar y el periódico salió. Como no teníamos un multígrafo, nos hicimos uno de madera. Me volví un experto.

¿Cuántos tesistas ha tenido como profesor en la ULA? ¿Cuáles han sido las materias que ha dictado en la Universidad de Los Andes y que considera deben constituirse en guías esenciales para los que hacen CIENCIA? ¿A qué instituciones científicas perteneces? ¿Cuántos papers has publicado durante tu larga trayectoria académica y en qué áreas?

RTA. He tutoreado veintidós tesis de pregrado, dos maestrías y cuatro doctorados. He dictado la materia Física en sus modalidades I, II, III; Laboratorios de Física I, II, III y IV; y Electrónica; entre otras, que ya no recuerdo. Sin embargo, recuerdo con agrado dictar varias veces Física para Arquitectura orientándola hacía la bioclimática. Me gustó mucho.

Sobre las sociedades científicas a las que pertenezco, son varias en Venezuela y en el extranjero. Tuve el honor de ser Presidente Fundador de la Asociación Franco-Venezolana para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología (AFV), en Francia. Me cuesta entender la falta de apoyo, que a veces, nuestras embajadas en el mundo, le dan a la cooperación científica.
He publicado cerca de doscientos trabajos, fundamentalmente en el área de la ciencia de materiales (pueden consultar mi perfil y trabajos en

https://www.researchgate.net/profile/P-Gallardo?ev=hdr_xprf

No es nuevo este desafío que ahora le corresponde como candidato a Rector de la Universidad de Los Andes, sabiendo que usted entre 2003 y 2005 llegó a ser Rector de la UNELLEZ (Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora), y que hasta hace poco, entre 2005 a 2006, volvió a ocupar ese mismo cargo. ¿Académicamente qué le llevó a asumir tales responsabilidades, y a la vez cuáles fueron sus logros e igualmente nárrenos los inevitables conflictos y frustraciones, producto de la absurda burocracia y de los compromisos de tipo político que suelen entorpecer esas gestiones?

RTA. Me pones en un compromiso. La primera vez que me llamaron para asumir la Unellez fue debido a un atajaperros entre dos facciones. El rector que me precedió, que pertenecía al ala ultrarradical, decretó que la academia no debía existir, y pasó toda la partida presupuestaria destinada a la academia a una nómina de más de cien personas que estaban haciendo unos jardines productivos que nunca llegaron a existir. Me recordaba la época, cuando la Revolución Cultural china (que fue un fracaso horrible), mandaba a los científicos a los campos, a sembrar. Este señor tenía el apoyo de uno de los viceministros y no quería entregar el cargo, aun cuando yo estaba nombrado oficialmente. Inclusive se apertrecharon en el campus universitario y estuve más de un mes esperando para poder entrar, casi que a la fuerza. El día anterior, el Secretario de la Unellez salió en una foto, en primera página, del más importante periódico de Barinas, anunciando que “pasarían sobre su cadáver”. Pasamos, pero no había cadáver alguno.

Fue usted durante cuatro años, Presidente del Centro de Investigaciones de Astronomía (CIDA), en Mérida, ¿qué le dejó esa experiencia tanto en lo personal como en el aspecto del desarrollo científico para nuestra región?

RTA. La experiencia del CIDA forma parte de esa lucha contra el colonialismo caraqueño que tanto daño le hace a la provincia. Pasábamos hasta ocho meses sin gastos de funcionamiento y nosotros teníamos que enviar nuestros investigadores al páramo, donde están los telescopios. Decidimos ponernos a sembrar papas. Inmediatamente, los exquisitos caraqueños, nos reclamaban qué tenía que ver la Astronomía con las papas. Cómo explicarle a un citadino, que todo se lo dan, que nosotros teníamos que vender papas para poder comprar los repuestos a los vehículos, la gasolina, las baterías, la comida de los investigadores. Seis años resistimos así, prácticamente sin gastos de funcionamiento, y salimos adelante “apunta e’ papa”.

Entre las últimas investigaciones conocemos de su libro “Capitaloceno: Camino acelerado hacia el fin de la humanidad”, el cual trabajó junto con el ingeniero Félix Barloil León Parra. Un trabajo presentado en varios centros culturales y académicos de nuestro país. Entendemos que está usted entregado a la elaboración de otro trabajo que tiene que ver con los problemas tan preocupantes del cambio climático. Háblenos, por favor, un poco de él.

RTA: Efectivamente, la construcción del libro “Capitaloceno: Camino acelerado hacia el fin de la humanidad” fue un entrenamiento para mí en el tema climático. Hasta el año 2023, yo creía en ese discurso del “cambio climático”. Y gracias a Dios, esa investigación me abrió los ojos. Entendí que era una gran mentida de las élites globalistas y descubrí que estas élites tienen el macabro plan de despoblar el planeta. Fue un despertar. El tema sigue girando en mi cabeza. Por ahora, acabo de terminar un libro sobre el derecho de Venezuela a la energía nuclear, otro tema muy relacionado con el tema de las energías y que considero vital para nuestro país.

Por último, doctor, conocemos de sus estudios y análisis relacionados con las fallas tectónicas en Venezuela, un tema que también le apasiona. Aprovecho entonces, preguntarle, tomando en cuenta los terremotos ocurridos el pasado 24 de junio en Caracas y La Guaira, y cuando ya se han contabilizados las terribles cifras de casi 6 mil muertes, desde el punto científico qué posibilidades existen de que se pudieran predecir tan terribles eventos? ¿En ese terreno que están haciendo nuestros científicos en Venezuela?

RTA: Tuve a inmensa suerte de conocer al Dr. Misael Rosales (QEPD), el Genio de Bailadores. Él escribió una investigación sobre el uso de un precursor para la detección temprana de sismos. La calidad de ese trabajo es asombrosa. Y no temo exagerar al decir que esa investigación podría ser objeto de un Premio Nobel. Se trata de la relación que existe entre las desviaciones que sufren partículas cósmicas (en su mayoría neutrinos) y la variación de la permeabilidad magnética de la roca cuando está sometida a esfuerzos (stress). La predicción de un gran evento conociendo que se va a producir en unos días permite alertar un plan, que obligatoriamente debería existir, de los órganos de seguridad ciudadana. Debemos ir construyendo una cultura de sismos…

Podemos ver que le queda a usted todavía mucho por decir sobre todos estos temas tratados a vuelo de pájaro. Y puedo asegurar que a excepción de doctor Francisco De Venanzi, en la Universidad Central de Venezuela y del científico Witremundo Torrealba en la Universidad de Carabobo, ningún otro rector en Venezuela ha sido un destacado escritor o investigador. Para vergüenza nacional y del mundo, casi todos los rectores en nuestro país ha sido meras fichas de los partidos políticos de turno, sin bagaje cultural ni científico. En verdad, casi todos esos rectores pueden ser definidos como MEDIOCRIDADES ENGREÍDAS, que ninguna obra de valor legaron al país, a los jóvenes, a la ciencia, al conocimiento.

En todo caso, doctor Pedro Grima, nos seguiremos viendo y conversando, y lo que haya de reforzar sobre esta primera entrevista lo seguiremos en futuros debates y encuentros. Gracias por su tiempo y su atención…

 

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