José Manuel Rodríguez
Acabo de leer el último artículo escrito por Luís Fuenmayor Toro. Más allá de las diferencias políticas que tengamos, es claro y certero. Copio uno de sus nueve puntos:
Cuando un Estado, y mucho más si es un imperio, derrota militarmente a otro país, lo somete y lo obliga, bajo amenazas violentas, a conducirse según sus intereses, y no actúa en función de las necesidades de la nación subyugada, ni se convierte, por obra de gracia del Espíritu Santo, en su nuevo mejor amigo. Por tanto, no creo ningún discurso que afirme la existencia de unas relaciones fraternas con EEUU y mucho menos bajo la administración de Trump.
Digo certero pues estoy convencido que esto, afirmado por él, coincide, al menos en privado, con lo que una buena parte de los seguidores de la revolución bolivariana y chavista, estamos preguntándonos.
Y no ha sido sólo él, también ha manifestado su asombro, en otro artículo privilegiado, que llamó «Duelo», el intelectual venezolano, Luís Brito García. Allí nos pregunta:
Todo examen de la derrota es ante todo autoexamen. ¿Somos lo que creíamos ser? ¿Dejamos que nos condujeran quienes no podían llegar ni a la esquina? ¿Construimos fortalezas, o arquitecturas de relumbrón y de feria? ¿Estamos liberándonos, o enterrándonos en los escombros? ¿Todo el mundo siente lo que yo, o soy el único? La respuesta sólo puede darla usted mismo.
El de Luís Fuenmayor, termina con esta pesimista frase: Pocos parecen notar que no existen elecciones libres en una nación sojuzgada y sin soberanía… El del otro Luís, nos alerta contra el pesimismo: Todos alguna vez abrigamos alguna alta esperanza. Ahora sabemos que renunciar a ella es también desastre…
Sin embargo, sean pesimismos o asombros, lo cierto es que se pronunciaron. Lo real, lo bienvenido, es que apuntan en la dirección que le corresponde a todo intelectual integralmente sano -que no parecen ser muchos-. Ellos están, desde posiciones diferentes, haciendo la tarea que les correspondería a la vanguardia revolucionaria, ahora silenciosa. Estoy seguro que muchísimos lo compartimos. Como me gustaría escuchar o leer a cientos de esos intelectuales, sin miedo o intereses pecuniarios, hacer lo que estos dos están haciendo.