Jorge Rodríguez padre: la semilla que no deja de germinar en el presente venezolano…

Por Geraldina Colotti, Resumen Latinoamericano, 25 de julio de 2026.

Hay nombres de revolucionarios que los vencedores
intentan enterrar en la infamia o en el olvido. Así, la
historia oficial de la IV República, en Venezuela,
quería borrar en la oscuridad de una celda, bajo los
golpes de una violencia de Estado que pretendía
apagar la voz de los pueblos, la figura de Jorge
Antonio Rodríguez. El 25 de julio de 1976, las
torturas de la DISIP destrozaron su cuerpo y lo
entregaron a la familia diciendo que había muerto de
un paro cardíaco. Solo muchos años después, tras la
victoria de Chávez en las elecciones y la entrada en la
política de los dos hijos del resistente –Jorge y Delcy,
respectivamente presidente del parlamento y
presidenta encargada tras el secuestro de Maduro y de
la primera combatiente Cilia Flores –, el médico que
había redactado el informe confesó haberlo hecho
bajo amenaza.
Jorge Antonio tenía solo 34 años, la firmeza de un
maestro rural nacido en Carora, la templanza del
militante entrado en la guerrilla para combatir la
opresión y la visión estratégica de quien había

fundado la Liga Socialista para dar forma organizada
al poder popular.
Para el régimen de la falsa democracia representativa,
siervo de los intereses estadounidenses, un hombre así
no podía ser calificado más que como «terrorista». Era
la misma y desgastada narrativa con la que las élites
criminalizan a quienes empuñan la resistencia y se
niegan a someterse al orden establecido: transformar a
los combatientes por la liberación en «enemigos
públicos» para justificar su persecución y
aniquilamiento. Pensaban que habían acabado con un
hombre. En cambio, la historia ha demostrado que
solo habían sembrado un principio.

Hoy, recordar a Jorge Rodríguez, como la revolución
bolivariana ha hecho cada año, no es un ejercicio
nostálgico ni un rito conmemorativo momificado. Es,
al contrario, una exigencia política impelente y viva.
En un momento en que la Venezuela bolivariana
atraviesa una de las fases más complejas de su historia
reciente, amenazada por asedios económicos,
chantajes imperiales e intentos de desnaturalizar la
trayectoria de emancipación trazada por el pueblo, la
figura de Jorge Rodríguez padre vuelve a hablar con
una lucidez desarmante.

«El socialismo se conquista luchando», solía repetir. Y
en ese verbo —luchar— no había lugar para los atajos
de la rendición, ni para las ilusiones de una
adquisición pacífica y burguesa de los derechos de la
clase trabajadora. Para Jorge Rodríguez, la coherencia
política era una cuestión de ética militante: la defensa
del territorio, el rechazo a la injerencia extranjera y la
fe inquebrantable en el papel histórico de los obreros,
de los campesinos y de los estudiantes.

Hoy, esa misma coherencia está llamada a medirse
con el presente. En el cuerpo colectivo de la clase
obrera venezolana que resiste en las fábricas, en los
CPTT y en las comunas, la memoria de Jorge padre no
es un recuerdo estático, sino una trinchera ideológica.
Nos recuerda de dónde viene este proceso: no de
concesiones de palacio, sino de la sangre derramada
por la militancia antifascista, guerrillera y
antimperialista que resistió a las décadas de la
represión negociada.

Mirar la figura de Jorge Rodríguez hoy significa
hacerse preguntas incómodas y necesarias: ¿cómo
preservar esa herencia de clase frente a las sirenas del
liberalismo y a las presiones geopolíticas? ¿Cómo
garantizar que el «rojo» de la convicción socialista no
se diluya en las nieblas del compromiso táctico?

La respuesta reside en el ejemplo de aquel 25 de julio.
El cadáver entregado a la familia llevaba las marcas
de una barbarie que quería romper una idea; pero esa
idea atravesó décadas, alimentó la llamarada de la
Revolución Bolivariana y se convirtió en patrimonio
del internacionalismo de todo el continente.

Jorge Rodríguez padre sigue caminando al lado de
quien no cede, de quien rechaza la arrogancia del
imperio y de quien sabe que la dignidad de un pueblo
no se vende ni se negocia. Su nombre no pertenece al
pasado: es un imperativo del presente.

Un comentario

  1. CDA VEZ QUE ME ENCUENTRO CON ESTA GERALDINA. ME PARECE QUE ESTOY FRENTE A NOAM CHOMSKY. TU SABES ESOS ANTOCOMUNISTAS DE IZQUIERDA. ¿ HOY SE RECUERDA A JORGE RODRIGUEZ COMO LO RECORDABA JOSE VICENTE RANGEL ?……NO ME VENGAN CON EL CUENTO DEL TERMOTO. POR FAVOR.

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