Dios!, cómo los gringos defecan a placer sobre las leyes de países débiles e indefensos… documentos verídicos!!!

José Sant Roz

Muy parecido al secuestro de Maduro fue lo mismo que le aplicaron los gringos a Cipriano Castro para hacerse con el lago de Guanoco, cuando terminaron pagándole al viejo sinvergüenza de Juan Vicente Gómez, 4 bolívares por extraer cada tonelada de asfalto…

POR TODOS los abusos y robos cometido por la empresa estadounidense New York Bermudez & Company en Venezuela, nuestras leyes, la Corte Federal y de Casación, en decisión del 27 de junio de 2008, le exigieron pagar a esta empresa, una multa de 5 millones de dólares. Los gringos al recibir la notificación, se murieron de la risa. ¡¿Un pobre paisito como Venezuela multando a uno de los imperios más poderosos del mundo, porque esté le estaba robando millones de toneladas de asfalto?! ¿Dónde se ha visto que EE UU haya sido obligado a pagar a algún país una multa por sus desafueros y crímenes? Ellos, los gringos, se retiraron de todos los tribunales internacionales y obligan al mismo tiempo que los países que “no cumplan con sus deberes” sean sancionados por estos mismos tribunales en los que ellos no creen so pena de ser castigados e invadidos por sus mariners. Increíble!!!!

Pues así siempre actúan: los gringos multan y sancionan, secuestran presidentes y los llevan ante sus tribunales y los condenan como les da la gana, y lo vienen haciendo desde hace más de un siglo con todo aquel que le da la gana, sin que paguen por ningún un abuso por explotación desmedida de sus empresas, como tampoco por la violación que cometan sus soldados con niñas de diez o doce años, por tantos crímenes cometidos por sus ciudadanos en Latinoamérica (como ocurre con frecuencia en Colombia, Haití, República Dominicana, Costa Rica y Ecuador), Asia o África.

A donde entran los gringos con sus negocios y empresas fructifica y se expande el alcohol, la droga y la prostitución. Eso lo apreciar pudimos muy bien en los campos petroleros de Venezuela, en el Oriente del país, en los Llanos (Roblecito) y sobre todo en Maracaibo. Los gringos permitían que los campos petroleros proliferaran bares, garitos y burdeles, y con ellos la sífilis y la gonorrea. Los viernes cuando los obreros se apersonaban para recibir su paga, ocurría, como por ejemplo en Guanoco, de modo inusitado, que los trabajadores encontraban un recorte de diez dólares, y no había a quién reclamarle, y por el temor a ser presos y aherrojados “como se ha hecho con cuántos han sido bastante audaces para cuestionar la inexactitud de sus cuentas…”. Recoge el libro de Nikita Harwich Vallenilla[1] que se responsabilizaba a dicha compañía por haber convertido la apacible aldea de Guanoco en un antro de perdición: “La administración, valiéndose de alcahuetes y otros medios, especula con garitos en que las cuchilladas y otros pasatiempos son de frecuente ocurrencia; con una casa de bailes donde baila el que quiere y donde se reúnen las mujeres perdidas que Vivas Pérez ha importado, recogiéndolas en la hez humana de La Guaira… Como consecuencia de este ambiente de vicio y de estupro: A los hombres se les ve trabajando desnudos completamente en los depósitos, a la vista de las mujeres y niños inocentes que pasan por la calle y la autoridad, aun a pesar de las quejas, no aplica la ley de común decencia para compelerlos a cubrir sus desnudeces”. Y estas cosas les eran totalmente indiferentes a los gringos que administraban ese negocio en Guanoco.

Y esto es lo que algunos opositores que aman a los gringos, lo que se llama progreso. En más de un siglo en que los gringos hicieron lo que les dio la gana con Venezuela aquí todo fue perdición, retraso y miseria. Decía el tal Vivas Pérez, en uno de sus relatos, que «esta clase de hombres que trae a Venezuela descrédito, por lo que mientras más temprano se libre de ella el Gobierno, tanto mejor será para el adelanto y la prosperidad de la nación». Es decir, que la maldición de Venezuela ya en aquellos tiempos eran los propios gringos…

Para la época en que se refieren estas notas las exportaciones de asfalto a EE UU se situaban, en unas 40.000

toneladas por año, oficialmente, y lo más probable es que fuesen mucho mayor.

 

[1] “Asfalto y revolución: la New York & Bermudez Company” – Monte Ávila Editores, Caracas, 1991.

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