Debate en el Infierno: haciendo una revolución sin revolucionarios. Lo que estamos pagando. No fuimos ejemplo para nadie…

José Sant Roz

Este trabajo, bien podría llamarse “Debate en el Infierno”, a semejanza del libro de Maurice Joly, “Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”. En este caso lo estamos haciendo a tres manos, junto con Mario Silva y Pepe Rodríguez. Debo decir que Pepe Rodríguez es un joven filósofo de 24 años, quien actualmente reside fuera de nuestro país, conocedor profundo de nuestra historia y de los grandes traumas por los que ha estado pasando recientemente Venezuela. Pepe Rodríguez domina varios idiomas (italiano, inglés y alemán,…) y en sus originales ha leído las obras de Marx, Gramsci y Maquiavelo, entre otros.

Con Chávez al frente de los últimos cambios sociales en Venezuela, desempolvamos los viejos ideales de Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, y creímos entonces que ìbamos a tomar el cielo por asalto. Eso sí, teníamos a un gran líder, el Comandante Chávez, pero no teníamos más nada, no podíamos decir que teníamos pueblo. El pueblo era una masa amorfa de sentimientos encontrados, buscando básicamente resolver sus problemas inmediatos, sin una vision de gran alcance humano y geopolítico. El pueblo no estaba preparado, se estaba cumpliendo aquello de Martí: “A veces contamos con el pueblo pero nos falta el líder, a veces tenemos al líder pero nos falta el pueblo”. En nuestro caso, en 1998, tuvimos al líder, pero otra vez, al igual que durante la Idepdencia, aquel pueblo estaba extremadamente desorientado, estafado, aterido de desolación y muerte, con 500 años de esclavitud todavía a cuestas. Todo eso lo narré en mi libro “Del forro de la boína en 1999”.

En cuanto Chávez tomó el poder, aparecieron farsantes de todos los calibres, apoderándose de los principales cargos del goiberno, empezando por aquel monstruo antidiluviano llamado Luis Miquilena. La lista de supuestos “revolucionarios” con puestos determinantes en el gobierno durante más de una década y que luego se pasarían a la derecha es realmente incuantificable.

 

Sostiene Pepe Rodríguez: el CAUDILLISMO MODERNO se impone por la incapacidad del proletariado de liderar una revolución por sí misma. Como no puede sostenerse en el poder por sus propios medios entonces se ve obligada a aliarse con la burguesía nacional (vacilante, traicionera o incapaz de cumplir su deber si no se encuentra bajo una dictadura del proletariado).

“Por lo tanto –sigue diciendo Pepe Rodríguez, el bolivarianismo y la ola socialdemócrata surgieron del proceso histórico de la resistencia contra el FMI y la debilidad de la izquierda partidista como de su incapacidad de mantener la línea de masas debido a errores como el foquismo[1] o el entreguismo reformista. De allí que las masas se rebelaron y sin liderazgo surgieron tendencias electoralistas, y, en el caso de Venezuela; Nasseristas (MBR-2000)”.

“Ahora que estamos en otro proceso histórico –sigue apuntando Pepe-, el carácter progresista del liderazgo se ha desgastado, pero al contrario de los años 90, tenemos un claro proyecto (COMUNA O NADA, descolonización y relaciones de producción adaptas a la cultura, todo un legado etc…)”.

En cuanto a lo inmediato, ¿QUÉ HACER?, enfatiza Pepe que es necesario acumular fuerzas, reforzar la teoría, estudiar los límites impuestos por la coyuntura del pasado y los errores cometidos, estudiar el difícil trance actual y rectificar: “el Rey –sostiene -ya está desnudo y en este punto lanzarse a un aventurismo comunicacional puede ser peligroso. Tal estudio no tiene que ser simplemente una cuestión escolástica, la investigación social y análisis de clase del pasado y el presente, también es una labor práctica que ayudará a formular estrategias para crear nuevas infraestructuras. Todos los revolucionarios tuvieron que hacer un análisis sobre las condiciones sociales de cada caso (Marx y Engels sobre el bonapartismo, Lenin sobre el CAPITALISMO E IMPERIALISMO en Rusia, Mao sobre la cuestión campesina y semi-feudal, Gramsci sobre el fascismo…”.

Nos sigue diciendo Pepe: “…lo que tenía de especial el proceso venezolano, al contrario del resto de la ola socialdemócrata es que el pueblo estaba suficientemente organizado para radicalizar el proceso, muchas veces en relación antagónica con el gobierno, una dialéctica de unidad-lucha-unidad que luego se perdió con el miedo del partido y la burguesía estatal embriónica que ahora ha acabado por ir cediéndole terreno a los enemigos de la patria. Además, Chávez supo comprender el rumbo del pueblo y rectificar y hacer autocrítica y transformó aquel inicial proyecto que asumió del Blairismo[2], aproximándose hacia una visión más cercana al Socialismo Científico”.

“En estos momentos se hace necesario estudiar LA GUERRA DE POSICIÓN GRAMSCIANA (o Gramsci en general). Ir preparándose para la lucha ante un régimen que puede evolucionar hacia el entreguismo al imperio de Estados Unidos e inevitablemente hacia la represión”.

“Ya no se puede seguir esperando a un líder mesiánico que despierte el pueblo, a sus compatriotas, que a la postre. Otra vez, acaben siendo casi todos unos sinvergüenzas. El problema del caudillo es que forma un sistema de dependencia cuyo liderazgo puede verse traicionado por el entorno, de modo que si es decapitado se derrumba de inmediato cuanto ha construido, o si muere entran los canallas y traidores, deformándolo todo, como ocurrió con Nasser, con Allende, con Gadafi. Hay también que tomar en cuenta que el mecanismo de las sanciones consiste también y sobre todo en fomentar la CORRUPCIÓN creando necesidades extremas y alimentando a una burguesía estatal parasitaria, dizque para evadir las sanciones. Eso fue lo que produjo a ese personaje nefasto como Alex Saab (si solo nos atenemos a la narrativa oficial) y lo que también alentó a límites espantoso a los corruptos en Siria”.

 

“Cuando Maduro descubrió –sigue diciendo Pepe- Maduro que los gringos estaban colaborando con esa burguesía estatal y nacional, después de 10 años de su mandato, dio un giro del 180 grado y se lanzó por el proyecto de COMUNA O NADA. En eso vio, era el único modo de salir adelanté, y entonces fue cuando los gringos actuaron. Maduro se negó a negociar como lo hizo Gadafi. Negociar es aceptar la derrota, es capitular, y es lo que se ve peligrosamente en este momento con los Rodríguez en el poder. EE UU sin duda busca la descomposición TOTAL de la superestructura. Ese es el proyecto de 3 fases. José Roberto Duque lo explicó muy bien, con los objetivos del terremoto en su entrevista en la Iguana. Lo positivo es que al contrario de lo que sufrimos durante la IV república es que ahora tenemos una idea más clara del proyecto nacional. Solo hay que adaptar la teoría y la práctica al nuevo proceso histórico, sin subjetivismo o idealismo pero teniendo siempre la estrella del norte en la mente…”

 

Veamos aquí la posición de Mario Silva en su trabajo “SOMOS EJEMPLO O VERGÜENZA”, publicado el 07 de julio de 2026:

Los abrazos que quiero, son cenizas”

En esta semana de forzoso retiro, dediqué tiempo a revisar mis archivos audiovisuales, sobre todo documentales, porque esa dinámica reactiva a la que nos han acostumbrado la mayor parte de estos casi 28 años de Revolución Bolivariana, nos han llevado a responder a la agresión con elementos que, lejos de favorecernos, facilitaron el plan neocolonizador imperialista que vertiginosamente hoy facilita el gobierno encargado desde la agresión criminal norteamericana el pasado 3 de enero.

Es decir -y no es de ahora-, jugamos en su terreno, bajo sus reglas, de acuerdo a su narrativa hegemónica, sin tener posibilidad alguna de romper la lógica del capital. De manera que se nos escapan elementos fundamentales del plan imperialista y las consecuentes repeticiones de errores que nos mantienen girando en un círculo vicioso cuyas consecuencias las están pagando los pueblos.

El primer elemento, quizás el más importante, fue creer que una Revolución se puede hacer desde el marco de la “democracia formal burguesa”. Si hacemos una revisión somera de todos los intentos que se han hecho en los últimos 100 años para construir una revolución al menos nacionalista en América Latina, a excepción de Cuba, han tenido los mismos resultados: Derrocamiento o Traición de los liderazgos que la llevaron a cabo o quienes se erigieron como herederos de esas revoluciones.

Creer que la soberanía y la independencia de un pueblo se decreta sin tomar las armas y defenderla, ha sido el error más grave y repetido por las clases políticas que emergen y se aprovechan de los procesos revolucionarios. Y no es un tema menor, porque el reformismo en el marco de las elecciones burguesas, sustituyó la “lucha de clases” por la “conciliación de clases”, favoreciendo a las burguesías del continente que nunca han dejado de conspirar de la mano de los EEUU y que, a su vez, permitió la creación de una nueva burguesía más depredadora, corrupta, surgida del seno de los gobiernos “revolucionarios”, pero que en realidad son de corta duración, porque al final la oligarquía las terminará fagocitando. Las burguesías tradicionales corrompen, incluso pueden invitarte a su baile de gala, pero no son tan estúpidas como para entregarse a esas burguesías emergentes.

En la primera década del Siglo XXI, el Comandante Chávez, lejos de ser una sorpresa para el imperialismo, se convirtió en objeto de estudio para replanificar “anticuerpos” en contra de las rebeliones populares que insurgieron en contra del Plan Cóndor y el neoliberalismo brutal que no lograron imponer en toda América Latina. Sin embargo, esa agenda quedó en reserva para ser aplicada posteriormente. Venezuela fue la cobaya favorita en los laboratorios de los tanques pensantes.

Chávez proporcionó la posibilidad de replicar procesos sociales en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay y otros procesos similares que, negando su existencia, se aprovecharon de la “Ola Bolivariana” para crear expectativas en las organizaciones revolucionarias. Pero, el germen de su destrucción iba por dentro. Las burguesías se mantuvieron intactas e impunes, unas conciliando e infiltrándose, otras intocables abiertamente enfrentadas con el apoyo norteamericano, convirtiéndose en “víctimas del comunismo” que resucitaba la vieja prédica macartista. Todos esos procesos sociales, incluyéndonos, uno a uno fueron cayendo, repito, por derrocamiento (asesinato en el caso de Chávez), o por traición a las clases populares.

Ninguno de esos procesos “revolucionarios” dejó de negociar con el poder económico de las burguesías tradicionales y sus interlocutores gringos. Algunos de ellos, como los casos de Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Uruguay ya tenían un plomo en el ala. Aprovechaban a los movimientos sociales para ser apoyados en el juego de las elecciones burguesas y luego, de manera repetida, los apartaban para seguir entregando sus países al capital nacional y extranjero.

En el caso nuestro fue peor, porque teniendo el pulmón popular suficiente como para responderle al imperialismo en el terreno cívico militar, aquellos que se pronunciaban abiertamente antiimperialistas, antifascistas y socialistas, desaparecieron del escenario en menos de seis meses. La claudicación fue vergonzosa y total. Han tratado de imponer la censura, ya no con descalificaciones que cada vez son más rechazadas por el pueblo, sino con el borrado sistemático de cualquier opinión que contraríe la entrega vertiginosa de nuestra soberanía e independencia a los EEUU y al sionismo genocida que fue invitado a venir a tomar control de nuestros aparatos de inteligencia.

Este plan necolonizador de los EEUU arrecia con la llegada al poder de Milei en Argentina, Noboa en Ecuador, la entrega de Arce y Evo en Bolivia, la traición consuetudinaria de Boric y la “izquierda” que introdujo la posibilidad de un Plan Cóndor 2.0 teniendo como vocero al fascista Kast en Chile. No había que ser un experto en geopolítica como para saber lo que ocurriría recientemente en Colombia. Los gobiernos reformistas de Brasil y México tienen sus propias urgencias con el poder económico y no pueden hacer gran cosa más allá de opinar para favorecerlo.

Lo cierto es que se nos viene encima un retroceso hacia esa agenda neoliberal de los años 80. La entrega de Venezuela a los intereses gringos no sólo es de recursos minerales y energéticos, también se tienen previstas las privatizaciones de los servicios públicos y esta vez EEUU va a atacar la médula de las organizaciones revolucionarias que se opongan a la violación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. El fenómeno Chávez no puede repetirse en el continente y, mucho me temo, que Cuba será la próxima víctima de esa agenda. Cuba no tiene riquezas que puedan ser de interés para EEUU, a excepción de ser el “mal ejemplo” a extirpar.

No podemos seguir achacándole a las medidas coercitivas criminales todos aquello que no hemos podido solucionar. La ineficacia en el tema de los servicios públicos, evidencian que existe una corriente interna -no es la primera vez que ocurre-, que está interesada en demostrar que el Estado es incapaz de resolverlo. En consecuencia la posibilidad de privatizar los servicios por eso que denominan “fracaso del sistema socialista” (socialismo inexistente, publicitado y ralentizado por el Estado Burgués que se instaló desde que la Revolución llegó al poder), está a la vuelta de la esquina. Igual ocurre con el tema de la gasolina, que se ha convertido en una caja chica reproductora del mercado negro y la corrupción a sectores que les conviene mantener en crisis a millones de usuarios en ese sistema dual de precios. Incluso que podría ser un mecanismo de control de masas y favorecer a quienes detentan el poder. Ni Giusti podría haber sido tan eficaz en la promoción de la privatización de los años 80. Lo cierto es que, aún entregándose a los intereses norteamericanos, cada una de esas medidas coercitivas siguen en vigencia.

El reformismo ha hecho estragos en América Latina y no entendimos que para romper con la lógica del capital, la lucha de clases es la única manera de erradicar cualquier mecanismo del capitalismo que se alimente de las negociaciones con el poder económico y las armas se convierten en la herramienta de disuasión o confrontación con el imperialismo. Pero, la lucha de clases fue siempre un tema tabú en aquellos sectores que lo escuchaban de boca de Chávez, pero que en la práctica atentaba contra los grupos que convirtieron el partido en terreno fértil para sus intereses.

Debemos empezar reconociendo que por comodidad le hicimos el juego a quienes traicionaron no sólo a Chávez, sino a todo un pueblo.

El chavismo no es una consigna, se hace cuerpo en las masas, en las comunas, en las organizaciones revolucionarias, en los colectivos, en el antiimperialismo, en cada uno de los barrios que hoy ven con estupor que están entregando nuestra soberanía e independencia.

Si nos quieren llamar subversivos, háganlo, pero para entender que sólo el pueblo tiene la posibilidad de desplazarlos del poder para construir una revolución, debemos precisar un hecho concreto: No hay ninguna estrategia que pueda justificar la entrega ominosa al imperialismo norteamericano. Somos ejemplo o terminaremos siendo vergüenza.

José Sant Roz:

He estado pensando que Chávez intentó hacer una revolución sin verdaderos revolucionarios. Fiasco total, primero que nada. Eso lo escribí en 1999 en mi libro “Del Forro de la Boina”, al ver ese mayúsculo despelote de farsantes que a empellones se apropiaron del Estado. Locura total, porque de ese enjambre de bandidos es difícil encontrar hoy uno que realmente pueda decirse que valió la pena. Al publicar ese libro, me cayó encima toda esa banda de farsantes que se apropiarían de los medios de comunicación (al principio controlados por ese guabinoso esperpento llamado Juan Barreto) los cuales me catalogaron de antichavista empezando por Luis Miquilena.  De resultas de tan bochornoso despelote en ministerios y gobernaciones, en las propias Fuerzas Armadas, con una inconcebible corrupción muy bien manejada por los gringos (como dice Pepe Rodríguez), se fue haciendo cada vez más evidente el golpe mortal que finalmente se ejecutó el pasado 3 de enero.  Esa voraz corrupción lo maleó todo, y no podía ser castigado ningún corrupto porque en eso también estaba comprometido una militancia coptada por los cargos y la adulación, y una impunidad alentada por el propio poder judicial. Los gringos sólo estaban esperando que toda esa mierda nos ahogara, y nos dejara indefensos. No pudimos o no tuvimos el coraje ni para denunciarla ni para atacarla con todas nuestra fuerzas, y a la final ha sido ella quien nos arrolló….

Mario Silva:

El otro día debatíamos sobre el escenario en el que Chávez insurge en febrero del 92. La caída de la URSS y el desplome del campo socialista por un acto de traición que se venía gestando desde la llegada de Nikita Jrushchov. Y llegamos a la conclusión de que Chávez logra, con todos los escenarios en contra, rescatar la posibilidad de construir una revolución con todo en contra. Eso constituyó un gran valor a su esfuerzo, porque en medio de condiciones adversas logra despertar la esperanza en los pueblos del continente. Sin embargo, las revoluciones no puede construirlas un hombre. El mesianismo y los caudillos pueden tener respaldo de las masas, pero si no existe a su alrededor la gente necesaria con conciencia revolucionaria, el futuro siempre será incierto, porque entran en juego los intereses personales. Chávez pudo tener toda la voluntad, pero el imperialismo supo desde siempre que su debilidad estaba en su entorno. Si hacemos un repaso de todos los gobiernos de finales del Siglo XIX, el Siglo XX y XXI, la burguesía siempre estuvo intacta, a ninguno se le ocurrió disputarle el poder y erradicarla, incluyendo Chávez, y allí radica el principal error, pues es desde el poder económico que ostentan la raíz de la corrupción. El corrupto es un subproducto del comportamiento que tiene la oligarquía. Para el capital no hay Patria, solo ganancia e invierten sobre los que debilitan las revoluciones desde el entorno del poder político, sean líderes, funcionarios o militares. En consecuencia, si no tenemos conciencia de quién es el enemigo o, por comodidad, permitimos que se propaguen como virus por todo el aparato del Estado, simplemente la cagamos. Yo acepto mi cuota de responsabilidad en este peo y creo que mi mayor error fue pensar que desde adentro se podía lograr algún avance. Pero, peor sería quedarme callado ….

Pepe Rodríguez: tratando de sintetizar un postmortem de la situación actual. Insiste exactamente en el problema del caudillismo que forma un sistema de dependencia y que a la postre vendrá siendo traicionado por el resto del liderazgo, y al decapitarse al líder se desmorona todo. Hay que tambien tomar en cuenta –agrega Pepe – que el mecanismo de las sanciones foment el alto grado la corrupcion, por la necesidad y crear una burguesia estatal parasitaria. Eso fue lo que creó a ese personaje llamdo Alex Saab (si creemos la narrativa oficial). Se erró al considerar que la corrupción es un fallo simplemente moral y no la forma embrionica del capitalismo estatal (cuyo el antidoto es la dictadura proletaria, la justicia popular y la revolucion cultural). Una corrupción que tiene alianzas amorfas, compradoras o nacionalistas dependiendo del que le convenga en el momento.

[1] El foquismo es una teoría revolucionaria de izquierda que propone que pequeños grupos guerrilleros armados (los «focos») pueden iniciar una insurrección popular, desencadenando una revolución. Popularizado por Ernesto «Che» Guevara y Régis Debray tras la Revolución Cubana, sostenía que no era necesario esperar a que se dieran todas las condiciones sociopolíticas previas

[2] Tercera Vía

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