Miren lo que los gringos le están preparando a los hermanos Delcy y Jorge… entrega del poder y… juicio…

José Sant Roz

Va a llegar un momento en que los gringos le dirán a Delcy y a Jorge: “Hasta aquí han llegado sus funciones, entreguen sus cargos. Gracias, porque ahora pasaremos a otra fase de la reconstrucción de la democracia venezolana. En cuanto al destino de ustedes, se les informará en su debida oportunidad, una vez que se realicen las evaluaciones ante los nuevos organismos judiciales, y los informes que presenten los entes internacionales que siguen sus casos…”.

Diosdado también tendrá que rendir cuenta ante estos organismos, para de allí en daelante proceder a una amplia, completa y formal reestructuración de las FANB. Y hasta ahí llegará increíblemente toda la historia del gran movimiento bolivariano iniciado por el Comandante Chávez, sin haber echado un tirito nadie…

A los gringos les encanta gobiernos dóciles y serviles que cumplan a cabalidad todas sus exigencias. Ellos nunca tuvieron problemas con los 27 años de dictadura de Juan Vicente Gómez, y de hecho lo defendieron a muerte, al punto que crearon en el Caribe una red de espionaje para impedir cualquier ataque desde Cuba, Trinidad o Curazao contra Gómez. El tirano Gómez proclamó que como los gringos eran los que sabían de petróleo que entonces ellos hicieran las leyes de Hidrocarburos, y cómo los gringos iban a pedir que esa dictadura cesara, acusaral de violar derechos humano y de ser profundamente antidemocrática…

Póngannos atención doctores Delcy y Jorge: Al Departamento de Estado le encanta, desde los tiempos de Cipriano Castro la frase: “RÉGIMEN DE CAMBIO ORDENADO”, que por cierto trataron de aplicársela la Junta Militar de Caracas, cuando escogieron al doctor Arnoldo Gabaldón como sucesor del asesinado Carlos Delgado Chalbaud. El doctor Gabaldón era socio y amigo de Nelson Rockefeller siendo ambos dueños del conocido negocio MINIMAX, situado en la Avenida Lincoln de Caracas.

A continuación presento un párrafo de la obra “Aves de rapiña sobre Venezuela”, del escritor Normand H. Dupray, publicada en Buenos Aires a mediados de la década de los cincuenta del siglo XX: Cuando la Junta Militar presentaba sus primeros movimientos, los líderes gubernamentales escogidos por Washington, quienes llevaban el curso de los acontecimientos venezolanos por “el cauce indicado”, quisieron dejar sentir con suficiente rudeza que estaban en capacidad de doblegar a los elementos del Ejército venezolano que quisieran resistir a sus planes e incluso hacer saltar a la Junta en el momento deseado por ellos.

“Para eso, después de la hostilización en la tardanza para darles reconocimiento diplomático, EMPEZARON POR SUSPENDER TODOS LOS EMPRÉSTITOS CONCERTADOS POR EL RÉGIMEN DERROCADO, A SABIENDAS DE QUE NO ERA UN GOLPE MORTAL PORQUE TODAVÍA EL PETRÓLEO SUMINISTRABA DIVISAS Y RECURSOS SUFICIENTES, PERO SI COMO UNA ALERTA DE QUE PODÍAN LLEVAR LAS COSAS HASTA EL CAOS ECONÓMICO PARA HACER SUCUMBIR A LA JUNTA. Por su parte, la Standard Oil Co. suspendió todas las inversiones que venía haciendo durante los años anteriores, redujo considerablemente su personal de trabajo en los campos petroleros y suprimió algunos servicios de investigación de las riquezas venezolanas de diverso orden. Por último, las empresas se negaron a cumplir la nueva Ley de Impuesto sobre las Rentas dictada bajo el gobierno del señor Gallegos, donde se les obligaba a dar una mayor participación al fisco venezolano y pretendieron regirse por las disposiciones anteriores. De esta manera mermaban las divisas, sobrevenía el desempleo y se reducían las entradas fiscales, amén de que ganaban algo más. La baja del precio del petróleo y del consumo en el mercado mundial para entonces, hacían todavía más grave la situación económica de Venezuela y ponía en un brete a la Junta, creando facilidades para su derrocamiento si así lo creían necesario. De esta manera los magnates de la Standard Oil y del gobierno de Mr. Truman, ayudaban decisiva y eficazmente al Presidente Chalbaud a imponerse sobre sus colegas y sobre el Ejército. Como dijimos antes, los norteamericanos confiaban en Delgado Chalbaud, pero temían a los elementos nacionalistas y progresistas del Ejército”.

 

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