Por: Eduardo Orta Hernández
El 9 de diciembre de 1902 se inicia el bloqueo de las costas venezolanas y finaliza el mes de febrero de 1903. Los puertos son acosados, bombardeados, mancillados y violada la soberanía nacional por las potencias imperialistas. Fueron 22 naves de guerra, la mayor flota naval Alemania con 7, Inglaterra con 10 e Italia con 5, el aparente motivo fue el cobro de una exagerada e ilegal deuda que encubría conflictos entre los imperios.
Las verdaderas razones del bloqueo a nuestras costas y la resolución del mismo mediante el arbitraje estadounidense, se evidencia en el relato de Theodore Roosevelt, que cita Manuel Carrero en su libro, *Cipriano Castro. Soberanía nacional e imperialismo (1).
“…Alemania era la parte dirigente y se proponía apoderarse de algún puerto venezolano y convertirlo en una fortaleza fuertemente fortificada…”
EE.UU no se iba a quedar con los brazos cruzados, tampoco sería un espectador indiferente, en pleno auge de la doctrina Monroe, no permitiría la presencia europea en su “patio trasero”, en sus dominios “naturales”, de allí que propusiera el arbitraje como medio de resolver la controversia. (La verdad era la de imponer su soberana voluntad sobre el territorio venezolano, e impedir la presencia y dominio europeo.
Theodore Roosevelt, continua relatando: “…le pedí al embajador alemán que informará a su gobierno que aceptará el arbitraje (de EE UU.), si la notificación de la aceptación del arbitraje no llegaba dentro de cierto número de días…me vería obligado a ordenar a Dewey (Comandante de la armada) que llevase su flota a las costas venezolanas y procurara que las fuerzas alemanas no se apoderaran de territorio alguno… le pedí que examinase el mapa, pues una mirada de demostraría que no había en el mundo un lugar donde Alemanía, en caso de un conflicto con los EE.UU estaría en desventaja que en el Mar Caribe.”
Esa realidad geopolítica y militar es lo que hace desistir a Alemania en su propósito de adueñarse de una parte del territorio venezolano (la isla de Margarita), el cual le resolvía el tan necesario apostadero naval del cual carecía en América Latina. Queda las garras del águila del norte ensangrentando el suelo latinoamericano, y específicamente el tres de enero de 2026 al espacio venezolano, apoderándose de la riqueza petrolera, minera y siendo dueño y señor de las finanzas y del comercio internacional venezolano, con absoluta injerencia en las decisiones políticas y económicas, internas y externa en la patria de Simón Bolívar, vulnerando, violando la soberanía nacional y la independencia de la república. En lo adelante, ya los países Europeos no eran rivales, sino socios sometidos.
Venezuela se convirtió en un hervidero de la resistencia y del combate contra las fuerzas imperialistas, masivos y públicos, estimulados y organizados por parte del gobierno, así como expresiones espontánea de respaldo, época de discursos antiimperialista en plazas públicas, manifestaciones populares, adherencias y expresiones de compromiso y activismo de dar la lucha hasta morir por la patria, propaganda a favor de la defensa de territorio agredido, en hojas sueltas, en los periódicos, multitudes en las calles frente a las instituciones públicas, también de representaciones de otros países, de escritores y poetas, todos en unión coherente protestando y rechazando el bloqueo imperialista. Hasta José Gregorio Hernández se alistó para combatir en armas.
La actitud nacionalista y antiimperialista de Cipriano Castro frente a los europeos y los intereses de las compañías trasnacionales norteamericanas, “la altivez de una pequeña nación que se atrevió a objetar decisiones imperiales”, así como las ansias del control y explotación petrolera, así como la necesidad de imponer un gobierno dócil y sumiso a los intereses económicos norteamericanos, constituyeron los elementos para la conjura internacional y el golpe de Estado en 1908, lo que puso fin a un gobierno que no le tembló el pulso, ni se acobardó ante las mayores potencias imperiales a comienzo del siglo XX, a la hora de defender la soberanía nacional, la integridad de la República y la libertad de sujeción o encadenamiento extranjero.
No habían pasado treinta días del golpe de Estado, cuando Washington envió “tres naves de guerra para dar apoyo a Juan Vicente Gómez: una cañonera, un crucero y un acorazado que portaban cerca de cinco mil tropas”, se concretaba así, en control, el sometimiento y la pérdida de la soberanía y la independencia de la República de Venezuela. Así se inicia el pleno control del gobierno norteamericano sobre la nación que derrotó al imperio español, se impuso el imperialismo norteamericano con su “doctrina de pillaje, de robo y de conquista…que ahoga el derecho a tener patria, a la sagrada aspiración a ser libres” ( José M. Vargas Vila).
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Manuel Carrero. Cipriano Castro. Soberanía nacional e imperialismo. Biblioteca Ayacucho. Noviembre de 2016. Pgs 249.
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Cagua, 12 de julio de 2026.