Impresionantes antecedentes a la invasión de EE UU a Venezuela el pasado 3 de enero. Un vil negocio de los criminales gringos…

José Sant Roz

  • Todas las invasiones de EE UU en el mundo son por negocios, de carácter meramente mercantilista, por eso el cerdo Trump de la manera más descarada llegó a decir que la invasión del pasado 3 de enero a Venezuela fue por petróleo. Por eso el agente gringo Juan Bautista Irvine en 1817, metió tres buques por el Orinoco diciendo que estaban “HACIENDO NEGOCIOS” por lo que Bolívar al conocer sus verdaderas intenciones que eran las de proveerles refuerzos a los realistas, los confiscó en el acto. A finales de 1825, nuestro Libertador llamaba a los yanquis regatones americanos. Regatón, como se sabe, significa vendedor al por menor, persona que regatea mucho. Por supuesto que no hay ninguna grandeza en ser regatón, pero esta es la única razón que mueve al imperio en sus agresiones a los pueblos del mundo. No es por humanismos, ni por derechos humanos ni democracia sino por vulgares y viles NEGOCIOS. Esto es el mejor título que le cuadra al imperio gringo el de REGATONES, a ese país de los muñecos Disney, de las hamburguesas y comida chatarra, de los best sellers, al país que le pone precio al amor, a la belleza y a los sueños, cuyos presidentes son todos magnates que trafica con el arte y lo más puro del espíritu humano, y en el que los partidos no pueden existir sin grandes financiamientos de las empresas privadas; la nación forjada por las mafias de las transnacionales y por los tiranos y lacayos que ellos imponen en América Latina para mercadear sus productos y cuyas todopoderosas compañías en el planeta son protegidas por la CIA. Dijo Bolívar: “Aborrezco a esa canalla de tal modo que no quisiera que se dijera que un colombiano[1] hacía nada como ellos”.
  • Veamos cómo estaban las relaciones diplomáticas entre Venezuela y EE UU a comienzos de enero de 1905. Al igual que en diciembre de 2025 (120 años después), los gringos mostraban en el horizonte una extraña calma chicha. Una aparente quietud para luego dar el zarpazo mientras aquí nosotros nos mostrábamos confiados. Por lo que la referida invasión resultó un paseo que asombró al mundo. ¿Cómo fue posible? Nuestras Fuerzas Armadas el 3-E mostraron que no tenían nada de bolivariana ni de chavista. Más corajudas fueron las de Cipriano Castro las cuales contaban con unos dos barcos de guerra desvencijados y unos cuantos chopos podridos y el resto machetes. Pero dieron la pelea, y se mantuvieron decididos a enfrentar a los gringos. quienes se mostraban en el Caribe en posición amenazante.
  • El 10 de marzo de 1905, el Secretario de Estado de Estados Unidos John Hay le dirigió una nota al diplomático gringo en Caracas, Herbert Bowen (un super racista). Estaba desatada toda una guerra contra Venezuela, porque compañías estadounidenses estaban robándose descaradamente el asfalto de la isla de Guanoco, y el presidente Cipriano Castro lo consideró una escandalosa humillación para la patria, un saqueo, un abuso inaceptable. Leemos en la obra de Nikita Harwich Vallenilla[2] que después de repasar todos los argumentos esgrimidos en las anteriores correspondencias diplomáticas, el secretario de Estado norteamericano afirmaba perentoriamente que: “La actitud del Gobierno Venezolano para con el Gobierno de los Estados Unidos y para con los intereses de sus ciudadanos que han sufrido tan graves y FRECUENTES INJUSTICIAS ARBITRARIAMENTE COMETIDAS por el Gobierno de Venezuela requiere que ahora se haga plenamente justicia una vez por todas… . Y concluía con estas tajantes palabras: Si el Gobierno de Venezuela se niega finalmente a consentir en un arbitraje imparcial que asegure el impartimiento de completa justicia a estas partes perjudicadas, EL GOBIERNO DE LOS ESTADOS UNIDOS PUEDE LAMENTABLEMENTE VERSE OBLIGADO A TOMAR LAS MEDIDAS QUE JUZGUE NECESARIAS PARA LOGRAR LA COMPLETA REPARACIÓN SIN ACUDIR AL ARBITRAJE… y se hallará en libertad de considerar, en caso de ser obligado a recurrir a medidas más vigorosas, si esas medidas han de incluir completa indemnización no sólo con respecto a los ciudadanos agraviados, sino con respecto a cualesquiera gastos del Gobierno de los Estados Unidos que puedan originarse de la ejecución de ellas”[3].
  • Se trataba, pues, de un virtual ultimátum de la pérfida, degenerada y abusa diplomacia del «Gran Garrote», la cual nos volvieron aplicar el pasado 3 de enero. Observen los siguiente con mucha atención. Agrega Nikita Harwich: “La perspectiva de una intervención por parte de los Estados Unidos en territorio venezolano no era ninguna hipótesis académica. Hacía más de dos años que los agregados militares de la Legación norteamericana HABÍAN ESTADO REUNIENDO DATOS ESTADÍSTICOS SOBRE EL EJÉRCITO RESTAURADOR, FOTOGRAFIANDO INSTALACIONES ESTRATÉGICAS Y ELABORANDO MAPAS SOBRE LAS VÍAS DE PENETRACIÓN ENTRE LA COSTA Y LAS CIUDADES DEL INTERIOR. En enero de 1905, el capitán Frank Parker, del 15º Regimiento de Caballería, le había enviado al Departamento de Guerra un informe detallado —y confidencial— en el cual explicaba que un destacamento de Marines lograría capturar a Caracas con pocas bajas y que una fuerza de 7.000 hombres sería suficiente para controlar militarmente a todo el país”. Por su parte, la Armada también tenía listos sus propios planes de invasión. Nada más faltaba la orden de ataque cuyo preludio bien podía ser la nota de John Hay del 10 de marzo. Transmitida el 19, fue contestada el día 23, en un tono que retaba abiertamente al «Coloso del Norte»[4].
  • Nuestros diplomáticos tuvieron el atrevimiento de comunicarle “al Excelentísimo Señor John Hay que el Gobierno [venezolano] para considerar su nota necesita saber si lo que se trata… es de la Soberanía e Independencia de la República, es decir si el Gobierno de los Estados Unidos respeta y acata la Legislación de la República y la honorabilidad de sus Tribunales o no, y si respeta acata igualmente los pactos y soluciones arbitrales que ella misma [sic] en representación de Venezuela pactó. Una respuesta que Bowen tildaría de «excepcionalmente impetuosa e insolente». Fíjense, que se repetía la misma historia que sufriríamos el pasado 3 de enero. Esto gringos no respetan leyes ni tratado en ninguna parte del mundo. Todos los acuerdos los tratan a las patadas. Pero Cipriano Castro no se amilanó y respondió con coraje y determinación, estaba decidido a enfrentar a los gringos, y entonces recularon un poco. Entonces teníamos un líder, como cuando tuvimos a Chávez y no se atrevieron…
  • Refiere Nikita Harwich: “Los estudios que, hasta ahora, se han hecho sobre todo este episodio han destacado la actitud de valiente desafío asumida por Cipriano Castro frente a una situación potencialmente peligrosa. Castro, sin embargo —y ello queda ampliamente demostrado a través de la correspondencia que se encuentra en el Archivo Histórico de Miraflores—, estaba muy al tanto de las presiones ocultas que motivaban el cuasi-ultimátum del secretario Hay. Sabía también que la opinión estadounidense, tanto en los círculos oficiales como en la calle, estaba dividida en relación con el caso venezolano. Existía, sin lugar a dudas, un gran riesgo —pero calculado. El mismo Teodoro Roosevelt admitía, a regañadientes, que la hora de repetir las hazañas de San Juan Hill no había llegado. Con tal motivo, le escribía a John Hay: …en este asunto venezolano, no podemos hacer otra cosa que aguantar. CASTRO NO ES MÁS QUE UN MONITO MALVADO Y EXECRABLE Y, POR MOTIVOS DE ÉTICA, ASÍ COMO PARA DARLE EJERCICIO AL EJÉRCITO DE LOS ESTADOS UNIDOS, ME GUSTARÍA DESPACHAR UNA EXPEDICIÓN EN SU CONTRA; pero, en estos momentos, ello no sería aconsejable en un mundo tan peregrino como el nuestro desde una perspectiva política, tanto interna como internacional[5]”.
  • La expresión textual utilizada por Roosevelt para referirse al Presidente venezolano era: «CASTRO IS AN UNSPEAKABLY VILLAINOUS LITTLE MONKEY». No olviden que Trump ha dicho que los venezolanos son bien feos, “pura basura”. Secuestraron a Maduro por parecerse a un gorila, pero lo cierto es que la razón principal ha sido porque se negó a regalarle a los gringos nuestro petróleo. “A los pocos días de haber escrito Roosevelt esta frase, quizás con la intención de aliviar sus frustraciones o «darse algo de ejercicio», el «Rey Teodoro» se fue de cacería por unas semanas a las montañas de Colorado. En efecto, una serie de factores se combinaban para impedir o, al menos, retrasar cualquier acción drástica por parte del gobierno norteamericano. En primer lugar, estaba el affaire de Santo Domingo. Después de varios años de desórdenes ocurridos a raíz del asesinato del presidente Ulises Heureaux en 1899, el gobierno dominicano se había declarado en banca rota. Debido a las fuertes deudas contraídas con el extranjero, existía la posibilidad de una intervención por parte de las potencias europeas acreedoras. Ante esta situación, los Estados Unidos resolvieron, a fines de 1904, proponer sus buenos oficios, respaldados por el envío de unas cuantas cañoneras. Pero ya que se intentaba arreglar un problema de deudas, se buscó la fórmula de un tratado que sancionara la SUPERVISIÓN NORTEAMERICANA DE LA HACIENDA PÚBLICA DOMINICANA (exactamente lo que están haciendo hoy con Venezuela). Preparado bajo la responsabilidad de Francis Loomis, el proyecto de tratado fue presentado en febrero de 1905 ante el Senado de los Estados Unidos que, por maniobras de la bancada demócrata, se negó a aprobarlo, desatándose una larga y encendida polémica. El Secretario Hay, según el New York Times, no se mostraba complacido con la manera en que Loomis se había desempeñado en todo este asunto y se rumoraba que estaría dispuesto a solicitar su destitución.
  • Debo aclarar que este Francis Loomis resultó ser un escabroso ladrón quien fue comprado por la New York & Bermudez Company con un cheque de 10.000 dólares para favorecer sus robos a Venezuela. Nuestro cónsul en Nueva York, Carlos Benito Figueredo, podía entonces escribirle a Cipriano Castro desde Nueva York: La mayor parte de la gente aquí dice que lo que Usted tiene es una fortuna loca, ciega, grandísima, porque lo de Santo Domingo se ha venido a atravesar para que a Roosevelt se le aten las manos y se le acorten los vuelos y no pueda proceder dictatorialmente contra Ud. y Venezuela como estaba preparado a hacerlo.
  • “Otro problema, ya de carácter más fortuito –sigue diciendo Nikita -, era el de la salud del propio secretario de Estado John Hay. Padecía de una afección en los bronquios que se había agravado en los últimos tiempos. Agotado por las tensiones y el exceso de trabajo, tenía proyectado tomar un descanso y viajar en un crucero por el Mediterráneo. Pero, al subir al barco en la mañana el 18 de marzo de 1905, sufrió un colapso y tuvo que ser llevado a bordo en silla de ruedas… Dadas las circunstancias, una decisión tan grave como la del ENVÍO DE UNA EXPEDICIÓN MILITAR PARA DERROCAR A CIPRIANO CASTRO TENDRÍA QUE ESPERAR. Finalmente, estaba la prensa. Durante todos estos meses, la «cuestión venezolana» compartió la primera plana de los principales diarios norteamericanos, junto con los reveses del ejército ruso en Manchuria y la crisis marroquí provocada a raíz de la espectacular visita del Kaiser Guillermo II al puerto de Tánger. Noticias y comentarios sobre Venezuela encontraban cabida no solamente en los periódicos de ciudades como Nueva York o Washington: desde St. Louis hasta Dallas, pasando por Rochester, Cedar Rapids, Buffalo o Indianapolis, se abrían las columnas de los respectivos Home News, News Tribunes, Chronicles o Gazettes. Aún hoy día, no deja de sorprender que a los problemas de una pequeña república sudamericana, tan marginal y lejana para el lector promedio llamara tanto la atención. Pues, la razón era el asfalto[6]”.
  • Añade Nikita: “En la Colección Pedro Manuel Arcaya de la Biblioteca Nacional, en Caracas, existe, bajo la cota nº 11099, un folleto de 68 páginas, sin lugar, pie o fecha de imprenta —aunque suponemos que fue editado en 1908—, titulado The American Press on the Venezuelan Situation, en el cual se encuentran reproducidos 140 artículos de distintos periódicos norteamericanos referidos a los litigios entre Venezuela y los Estados Unidos durante el período 1905-1908. Esta recopilación no incluye los artículos publicados en el New York Times, el New York Tribune o en las revistas y omite muchos de los artículos publicados en el New York Herald. No pasa, por lo tanto, de ser una simple muestra. Por su parte, El Constitucional de Caracas, como vocero oficioso del régimen de la Restauración Liberal, procuraba reproducir en sus columnas aquellos artículos de periódicos norteamericanos o europeos más favorables a la causa venezolana, que le eran enviados regularmente para tal propósito a su director, Gumersindo Rivas. En su edición del 10 de marzo de 1905, El Constitucional informaba tener a la vista más de 37 recortes publicados en la prensa norteamericana durante el anterior mes de febrero y se disculpaba ante sus lectores de no poder darle cabida a tanto material por falta de espacio. Página 410 Al informar ahora en sus columnas que grupos de exiliados venezolanos en los Estados Unidos andaban preparando nuevos movimientos subversivos, daba a entender que la selección de Filadelfia como centro de esta supuesta conspiración no era producto del azar. ¿No era Filadelfia la sede de la General Asphalt Company, de la cual la New York & Bermudez Company venía siendo una filial?90 Y fue precisamente el Herald quien, a fines de abril de ese mismo año, suministró con carácter de primicia la información que habría de enredar al Departamento de Estado en un sonado escándalo y convertir el desembarco de Marines por el puerto de La Guaira en una posibilidad aún más remota. «Watching moves of Venezuelans», The New York Herald (Nueva York, 14 de marzo de 1905). Entre estos conspiradores que acudían supuestamente a pedirle ayuda a la New York & Bermudez Company, se mencionaban los nombres de Antonio Paredes, del «Mocho» Hernández, de Nicanor Bolet Peraza, José Ladislao Andara y de antiguos líderes de la «Revolución Libertadora» como Zoilo Vidal (a) «El Caribe» o Gregorio Segundo Riera. Desde Nueva York, Carlos Benito Figueredo y Domingo B. Castillo, al igual que el Cónsul de Venezuela en Trinidad, Julio Paz Rodríguez, se hacían eco de todos estos rumores que, en gran parte, no eran más que elucubraciones altamente fantasiosas. Véase: A.H.M., sección Cartas, cajas nºs 116-C, 117-C y 118-C”.

[1] Los de la Gran Colombia.

[2] “Asfalto y revolución: la New York & Bermúdez Company” – Monte Ávila Editores FUNRES – Caracas 1991.

[3] Ut supra

[4] Ut supra

[5] Ut supra… A su vez, el texto del cuasiultimátum norteamericano del 10 de marzo fue también reproducido en la edición del New York Herald del 20 de junio, provocando un gran revuelo en la opinión pública. 75 Bowen a Hay, Caracas, 2 de abril de 1905, DS.DD.V., pieza nº 394. 76 Roosevelt a Hay, Washington, 2 de abril de 1905, en: Morrison, The Letters of Theodore Roosevelt, op. cit., Tomo 4, p. 156, Carta nº 3.503. Pie de página en el libro de Nikita.

[6] Ut supra.

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