José Sant Roz
Y pensemos por un instante en todo aquel mundo que se decía revolucionario, que se encasquetaba boina, franela o gorra roja, que se colgaba insignias o fusiles, y gritaba hasta el delirio: “Patria, Socialismo o Muerte!”
Decía Picasso: «Se necesita mucho tiempo para llegar a ser joven y que cuando se es joven, se es joven para toda la vida». igualmente podemos decir parodiando esta sentencia: «Se necesita mucho tiempo para llegar a ser un revolucionario y que cuando se es revolucionario, se es revolucionario para toda la vida»
Y aquí, un día, de pronto, se dejó de marchar, se dejó de escuchar a Alí Primera. No se sabe de dónde llegó la orden, pero callaron las plazas y las calles. Entumecidos de asombro o de consternación, hemos callado.
Y pienso que vino un castigo del cielo.
No medió entre uno y otro evento ni seis meses.
Yo estoy ahora por creer que los castigos divinos sí ocurren.
Un revolucionario no es alguien que pueda retirarse de la política para dedicarse a otra cosa. Un revolucionario verdadero no es alguien que diga que se va a jubilar de sus proyectos y pensamientos. Un revolucionario tiene que morir con las botas puestas, listo para el combate hasta que le llegue su hora.
Un revolucionario nunca puede pensar en vacaciones, en tomarse un descanso, pedir que alguien lo releve en su trabajo, en su lucha, en su quehacer.
Un revolucionario no tiene horario ni para dormir ni para comer. Puede decirse también que su única familia es la patria, y que a ella debe dedicarle las 24 horas del día.
Revolucionarios fueron Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, José Martí, Pancho Villa y Emiliano Zapata, Augusto Calderón Nicolás Sandino, Fidel Castro, El Che Guevara, Patrice Lumumba, Salvador Allende, Hugo Chávez. Todos ellos murieron en su ley, y con las botas puestas. Casi todos traicionados. El único discípulo que estos revolucionarios tienen, auténtica y verdaderamente es el pueblo. Ese pueblo desarmado y pobre, eternamente traicionado y abandonado. Siempre llorando sus desdichas…
De las obras de estos héroes se aprovechan los tartufos. Mediocres y taimados especímenes: los que saben pactar, los que saben dorar la píldora para ganar tiempo y escabullirse…, los que saben sonreír y decir para todo: “Sí, como no…”.
“¡Hasta cuándo traidores!” – se preguntaba Hugo Chávez. Son inextinguibles los traidores.
¿Sobre qué construimos estos últimos 28 años? ¿Sobre tierra movediza?… todavía no entendemos lo que nos ha pasado, y al parecer nadie quiere asumir la tarea de explicarlo.
Un comentario
Estoy plenamente convencido de este análisis. El grave problema que confrontados es callar ante tanta atrocidad. No hemos avanzado en la formación teórica hacia nuestro pueblo y ahora nos entregamos al imperio y no podemos decir ni A. Es difícil entender lo que está aconteciendo, pero seguiremos nuestra lucha por construir el Socialismo.