Necesitamos ayudar. Cuando la tormenta pase, nos tocará construir una vida con menos riesgos

Luchemos ahora por el bienestar compartido en nuestra comunidad.

Ruth Cueto*

Hoy tenemos la experiencia de vivir en Venezuela inmersos en una profunda sensibilidad social, dados los hechos socionaturales acaecidos desde el 24 de junio. En milésimas de segundo nos cambió la vida y la manera en que pensábamos y actuábamos. Unos más, por estar directamente involucrados; otros en menor grado, dependiendo de lo cercanos que estuviésemos geográfica e interpersonalmente. Todos estamos en duelo.

Nos toca aprovechar esta sensibilidad para no olvidarnos de lo que tenemos que corregir: no construir ni comprar moradas donde el subsuelo no lo recomienda, sin retar neciamente a la naturaleza. ¿Cuándo vamos a aprender? Nos toca ser más prudentes.

Revisando el cúmulo de informaciones que nos llegan, rescato una en la que considero debemos focalizarnos: la ubicación geográfica. Debemos definir sobre qué terreno construir y en cuáles no se debe permitir construir, ni comprar. La contraloría social, junto con la individual, debe asumir el poder requerido para detener cualquier construcción que reste valor a la vida, sobre todo pensando en los niños, quienes no tienen el poder de decidir en el momento de la adquisición.

Hace ya veintiséis años estuvimos en un escenario parecido: ¡muerte, soledad y destrucción! Quizás en la tragedia de hoy, muchas de las víctimas adultas sean los niños de ayer. ¡Qué memoria tan corta tenemos, es evidente! Cómo nos exponemos y exponemos a nuestros niños y mascotas, cuando supuestamente somos los adultos pensantes.

Lo bueno, si así lo podemos apreciar, es que esta sensibilidad social que ha brotado ha provocado lo que el historiador Samuel Moncada expresó en La Iguana TV el pasado 1 de julio: «Yo he visto un ánimo y un ansia por ayudar» y «todo el mundo tiene una necesidad de aportar». ¡Qué bueno! Una necesidad que nos está removiendo; muchos han abandonado su zona de confort para prestar asistencia a otros. Ha surgido la esencia buena de los seres humanos, mostrando el proceso de ser mejores personas del cual habla Walter Peñaloza (2005):

«La educación debe despertar en los humanos la percepción de los valores. Hasta donde sabemos, sólo los hombres somos capaces de aprehender la belleza, el bien, la justicia, la verdad, Dios, la utilidad, la legalidad, etc. Sin una adecuada orientación de la educación, los hombres pueden quedar ciegos para los valores y resultar de espaldas a estos principios axiológicos. En este caso, faltos de la real capacidad para captar los valores, la vida resulta para estos seres humanos —aunque no se dan cuenta de ello— chata y plana. Este modo de vida, sin conciencia de los valores movido sólo por impulsos, pone a los hombres muy lejos de su condición humana».

La necesidad de ayudar ha brotado por todos lados y los orientadores no nos quedamos atrás; nos estamos agrupando por sectores en el estado Zulia para colaborar. En el municipio San Francisco estamos conformando un Grupo de Orientadores para la Emergencia (GOE). Este equipo estará integrado por orientadores, psicólogos que atenderán el área cognitivo-emocional y otros profesionales necesarios para lograr el objetivo de promover en las víctimas reubicadas una sensación de confianza y bienestar, a pesar de la vulnerabilidad sobrevenida.

Proporcionar acompañamiento a la víctima mediante la escucha activa, la contención emocional y la atención interdisciplinaria, promoviendo el autocuidado y la resiliencia.

Ojalá nos organicemos como lo ha logrado el Grupo de Rescate Metropolitano, quienes rescataron a Fabiana, la niña que se grabó bajo los escombros en un complejo operativo que duró 10 horas. El doctor rescatista Denis Castro resaltó en Noticias Caracol la inmensa solidaridad de la población y la participación de gente de todos los estados movilizada para ayudar, señalando que han recibido una respuesta masiva.

Ojalá nos formemos como rescatistas y existan grupos en cada parroquia, en cada comuna y en los consejos comunales. Comprometamos a nuestras universidades y liceos para que sean centros de formación donde estos programas sean parte del currículo, de la educación continua o de las asignaturas optativas.

Ojalá formemos perros rescatistas siguiendo el ejemplo de Tsunami, un can de nueve años, y su maestro Jorge Beens, quienes han logrado localizar con vida a 26 personas. Ayudémoslos a crear centros de formación canina para su entrenamiento en búsqueda y rescate, tal como se reseñó en Univisión.

Ojalá en cada comuna o parroquia existan maquinarias básicas de remoción de escombros, y en cada municipio, maquinarias más especializadas debidamente mantenidas para la atención inmediata a emergencias, en especial en las zonas calificadas de alto riesgo.

Como bien nos dice Samuel Moncada:

«Necesitamos salir de esto juntos, con un plan de muchos años. A todos nos toca reflexionar sobre el tamaño de la tarea que tenemos por delante; nosotros necesitamos repararnos, sanarnos, reconstruirnos y ser mejores de lo que éramos antes del 24 de junio. (…) Cuando se vayan los rescatistas y se vayan los aviones, nosotros nos quedaremos con nosotros. Los venezolanos nos juntamos y nos acompañamos entre nosotros, nos apoyamos entre nosotros…»

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Peñaloza, W. (2005) El currículo integral. Lima, UNMSM.

*Orientadora

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