Por: Miguel Jaimes Niño
La guerra que ha sido tan antigua en manos de Napoleón Bonaparte afirmaba que las estrategias geográficas en lugares potenciales deberían contar con sus consideraciones claves: espacios naturales, condiciones geográficas, distancias entre fuerzas y orientaciones marítimas. También debería tomarse en cuenta cada medio ofrecido en la ofensiva: planos, estrategias, esquemas y respuestas a situaciones confusas.
Cada punto variaría según el tipo de decisiones. Las condiciones serían distintas en terrenos montañosos y en estribaciones planas. Desde entonces las costas al mar representan escenarios distintos a la tierra: en el mar no existía el mismo esparcimiento de desastres que en la tierra; las pruebas se hunden y se lavan. En tierra todo es más trágico. En el mar, el campo de batalla es inexistente; nada impide a un almirante dar órdenes.
En el agua todo es abierto y las estrategias se guardan. Mientras que en tierra, las llanuras, con sus habitantes, ciudades, campos, caminos y carreteras donde las hay, amplían las rutas de la guerra. Pero en los océanos, ningún obstáculo impide que un barco de guerra tome las rutas que deseen.
Cuando las rutas se juntan por el cruce constante de navíos, adquieren importancia suprema y se convierten en puntos de estrangulamiento. Los países que los rodean capturan su importancia. Por eso los estrechos o puntos de estrangulamiento toman especial importancia: Estrecho de Ormuz, paso de Bab el-Mandeb, Cuerno de África, Mar Rojo, Canal de Suez, Mediterráneo y Canal de Panamá. Siete en total.
Si estudiamos un antecedente actual como el conflicto desarrollado el 28 de febrero del 2026 por Estados Unidos junto a Israel en contra Irán, allí se destaca la amenaza de cierre del estrecho de Bab el-Mandeb, también conocido como el Paso de las Lágrimas o Puerta de las Lamentaciones, este enlaza el Mar Rojo con el Golfo de Adén y el Océano Índico.
Su paralización significa la inmovilización casi total del flujo energético y del comercio internacional. Allí transita una quinta parte del petróleo mundial y una cantidad mayor de gas. Grupos en lucha como los hutíes y Ansarolá en Yemen, apoyados por Irán, serían los primeros en generar su interrupción.
Allí se desató una gran explosión de movimientos militares por la cercanía con Israel. La situación comprometería al Océano Índico, al Canal de Suez y al Mediterráneo. Bab el-Mandeb es la ruta más importante en conexión, y un serio cuello de botella por el enorme tránsito de navieras; en condiciones normales, transita el 12% del comercio mundial de petróleo.
En la historia antigua, los antepasados de los anglosajones consolidaron el imperio persa a través del Gran Rey Darío I, quien impulsó proyectos para conectar el Mediterráneo con el Mar Rojo mediante canales de navegación.
Cuando varias rutas se cruzan en los pasos marinos, su influencia es más grande. Lo mismo pasó con Hawái: su posición representa el control y la presencia de EE. UU. en toda la extensión del Pacífico. Al mirar las extensiones territoriales, las Islas Sándwich estaban solas, separadas por toda interpretación humana y comercial, alejadas por un gran mar de por medio.
Su geografía delataba una gran circunferencia entre Honolulú y San Francisco. En el occidente y el sur, circundando los archipiélagos de Australia y Nueva Zelanda, desde entonces se expresa claramente hacia el continente americano. Algunas isletas cercanas a Hawái, como Navidad y Fanning, fueron tomadas por los británicos. Las distancias entre San Francisco y Honolulú alcanzan 2100 millas fácilmente navegables.
Los grupos de las islas Gilbert, Marshall, Sociedad y Marquesas estaban bajo el mando británico; Samoa bajo control norteamericano. Por eso Samoa fue disputada en 1898 entre varias potencias; en 1900 terminó repartiéndose entre Estados Unidos de Norteamérica más Alemania; pero en 1918 quedó definitivamente en manos de EE. UU., tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial.
Su posición fue catalogada de central, sola, sin rival, no extraía la intención de ninguna estratagema, pero su oportunidad de riquezas plantaba la combinación de los magnates del comercio. Igual historia sigue aplicándose hoy al Caribe con su estratégica geopolítica, más sus asuntos de seguridad y defensa en las malogradas relaciones internacionales.
Hasta más pronto…