Hay que dejar de señalar con el dedo a Venezuela

(Xinhua)

Marcos Salgado *

Desde las ruinas costeras de La Guaira y en el límite del tiempo para hallar sobrevivientes, la crónica urgente de un país que padece el doble y agobiante castigo de la furia de la naturaleza y el persistente asedio geopolítico de Occidente.

La situación sigue siendo crítica en La Guaira, en las zonas costeras del centro de Venezuela, muy cerca de la ciudad de Caracas. Allí las afectaciones por el doble terremoto del 24 de junio pasado son muy importantes. Hay decenas y decenas de edificios totalmente colapsados, algunas viviendas multifamiliares, edificios muy grandes de la Misión Vivienda y especialmente muchas residencias de playa, que en La Guaira -casi una ciudad dormitorio de la capital- son residencias permanentes.

Están desplegados desde el viernes grupos de rescate de varios países, especialmente de México, República Dominicana y El Salvador, que son especialistas en búsqueda y rescate bajo escombros. También trabajan equipos de EE.UU., España y muchos otros países.  En una cancha de fútbol justo en la zona cero, hacen base rescatistas de Argentina, Brasil, Francia y el Reino Unido.

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Se restringió el acceso a la zona, lógicamente. El viernes muchísima gente bajó a La Guaira. Aquí decimos bajar porque viniendo del centro, Caracas está más alta, en un valle en la montaña, entonces «bajamos» a la costa. Muchísima gente bajó a llevar lo que pudiera, la solidaridad que había juntado en su barrio, en sus zonas, todo con esfuerzo. Pero terminó colapsando la autopista e incluso hasta las mismas zonas de desastre.

Ya el sábado se restringió casi totalmente el acceso: solo pueden transitar vehículos autorizados para favorecer la búsqueda de personas aprisionadas bajo los escombros, según los códigos internacionales: más o menos tres días en los que puede haber esperanzas ciertas de vida, aunque puede extenderse. Algunas estructuras no colapsaron por completo y casi sobre la semana desde el terremoto todavía se rescata a personas con vida.

La reacción del gobierno

Se reacciona con lo que se tiene, que no es poco, como se pretende hacer ver afuera. Hay estructura de salvamento de rescate importante en los ministerios y  Protección Civil, pero todo será menos de lo que requiere la dimensión de la tragedia de dos terremotos devastadores. Es muy difícil reaccionar, por eso también es muy valorada la ayuda internacional.

Y hay cierta prensa que, como siempre, jamás va a dejar tranquila a Venezuela y se insiste con que el gobierno no tiene reacción, que Venezuela no estaba preparada. Yo preguntaría: ¿quién está preparado para un desastre de esta magnitud? Además, por supuesto que los efectos del bloqueo de los Estados Unidos influyen en la capacidad de respuesta. El bloqueo hizo que toda la estructura del Estado se resintiera mucho durante demasiado tiempo, casi una década. De esta forma, la reacción es importante si lo valoramos en términos de que es un Estado golpeado.

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Estamos a menos de seis meses del bombardeo de EE UU y del secuestro del presidente Maduro. Caracas es una ciudad que soportó un bombardeo de una potencia extranjera, una potencia nuclear. Algo que nunca había sucedido en América del Sur y la misma ciudad, la misma gente, las mismas personas que viven cerca de los urbanismos atacados son los que sufrieron ahora estos terribles terremotos.

Es una Venezuela doblemente castigada. En lo político por EE UU y ahora también con estos eventos naturales. Hay que dimensionarlo, porque desde Occidente central se dividen los dos temas cuando en verdad es un proceso único. Afuera se olvidaron de lo que pasó el 3 de enero pero en realidad hay que ponerlo en la misma línea de tiempo.

¿Qué más nos va a pasar?

Así, las sensaciones son fuertes. Lo charlamos con compañeros estos días: ¿qué más nos va a pasar? ¿Qué más le va a pasar a los venezolanos, a los que vivimos acá? Desde lo personal, puedo decir que he estado en tragedias, cubrí por ejemplo el terremoto de Haití, muchísimo peor, muchísimo más devastador. Puerto Príncipe 2010 era lo más parecido al infierno en la tierra. La Guaira 2026 no llega a esas dimensiones, aunque es trágico y terrible también.

Cuando el cronista está cubriendo eso en otro lado, sabe que siempre va a poder volver a tu casa. Es terrible, te solidarizas, puedes empatizar más o menos con la gente, pero en algún momento me voy a mi casa. Eso acá no es así. Nuestra casa está acá, mi casa está acá. Es la gente con la que vivo de hace 20 años, las víctimas hablan con un acento conocido. Entre los periodistas nos preguntámos “tu casa está bien, tu familia está bien”.

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No es saludo habitual de “¿cómo está la familia?». Porque la respuesta es mi hijos bien, pero no encontramos a fulano, a mengano, no encuentro a mi primo. «Yo estoy contento porque pude encontrar a mis hijas», me dijo otro colega cuando todavía no se disipaba el estupor inicial. Las dejó en lugar seguro, y se puso a buscar a compañeros de redacción que no aparecen. La tragedia es distinta, te pasa a vos cuando tu casa es acá.

Un poco de empatía

Necesitamos la una verdadera empatía internacional, más allá de estar impresionados, consternados por la tragedia. Necesitamos empatía con Venezuela. Hay que sacarle el pie de encima de la cabeza a Venezuela. Hay que dejar de juzgarla, de señalarla. Desde la derecha y desde la izquierda, desde donde también hubo mucho señalamiento: nos pedían que nos inmoláramos el 3 de enero, que resistiéramos contra EE UU. Lo siguen pidiendo.

Menos señalar con el dedo a Venezuela es indispensable en este momento.

*Periodista argentino del equipo fundacional de Telesur. Corresponsal de HispanTv en Venezuela, editor de Questiondigital.com. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)

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