RECOMENDAMOS ESTE ARTÍCULO DE Marcos Roitman Rosenmann: «Venezuela: manipular la tragedia humana»…

Siempre hay palabras para expresar el dolor. También para denunciar la falta de escrúpulos de quienes buscan aprovecharse de un desastre natural para obtener réditos políticos. 

Un hecho tan poco previsible como son los terremotos, hace transparente la canalla humana.

No hace mucho la humanidad sufrió los efectos de una pandemia zoonótica como el covid-19. Y ahí, se desnudaron las vergüenzas. No sirvió para mostrar lo humano del ser humano. Por el contrario, destapó a políticos, intermediarios y empresarios cuyo objetivo fue enriquecerse con la muerte y la enfermedad. 

Cobraron porcentajes desorbitados, negociaron con las mascarillas, vacunas o certificados de antígenos. Y por si fuera poco, políticos sin escrúpulos se saltaron las reglas. Boris Johnson, José María Aznar, Jair Bolsonaro, Donald Trump, celebraron fiestas, no respetaron la cuarentena y en algún caso llamaron a consumir lejía para contrarrestar el virus.

Hoy, la tragedia sacude a Venezuela, país que sufre la intervención del imperialismo estadunidense, a lo cual se agregan décadas de sanciones económicas, sabotaje, procesos desestabilizadores y una guerra no convencional con diferentes gamas de intensidad, desarrollada durante dos décadas. Se han confiscado sus reservas en oro, cuando no entregadas a opositores. Y se ha desarrollado una campaña mediática a nivel mundial señalando a Venezuela como un país terrorista. 

Un sismo sirve para seguir promoviendo una ayuda internacional destinada a favorecer a las políticas de la oposición. La Unión Europea, como en su momento hizo con Juan Guaidó, autoproclamado presidente interino, dona 3 millones de euros a María Corina Machado para las víctimas del terremoto.

Lo cual es significativo. Constituye un atentado contra el derecho internacional. Ursula von der Leyen y su ministra de Exteriores, Kaja Kallas, prefieren hablar con quienes han decidido conspirar. Para eso sirve el dinero. Los partidos de la oposición venezolana y sus delegaciones en el exterior se aprestan a recibir millones. Abren cuentas para recaudar fondos, solicitan medicamentos y productos no perecederos. Se inicia la campaña: nada para el gobierno ni sus autoridades legítimas. Aducen caos, desorganización, inoperancia y corrupción. Ellos harán llegar las ayudas a los damnificados. Mientras, los medios de comunicación social, redes e influencers sirven para propagar su discurso.

La televisión pública y privada en España emiten imágenes una y otra vez donde se ve un edificio colapsando. A continuación, otro donde se observa gente saliendo de los vagones del Metro de Caracas espantados. Todo presentado como si transcurriera en vivo. Sin embargo, el primer video corresponde al sismo del 6 de febrero de 2023, ocurrido en Turquía y la ciudad de Gaziantep. 

El segundo, donde se ve gente saliendo de los vagones del Metro de Caracas, corresponde al incendio en la línea 1 del Metro de Caracas ocurrido el 25 de septiembre de 2021. Cuando las redes descubren los bulos, televisión española en su noticiero 24 horas tiene que salir a la palestra. No pide disculpas, señala que circulan bulos, obviando haberlos utilizado en sus informativos. Lo han emitido todas las cadenas de televisión. 

Y el mensaje no puede ser más insidioso. Todo lo que ocurre es producto del chavismo. La radio y la prensa escrita no son menos. Sus corresponsales hablan de inoperancia de las autoridades, de indolencia, de una descoordinación y abandono. El pueblo venezolano está desamparado. No hay orden, ni se ve la ayuda por ninguna parte. 

El periódico ABC titula: “Las viviendas sociales de Hugo Chávez se desploman como un castillo de arena”. Pero el desmentido es singular. Exequiel Gallardo, bombero chileno desplazado a La Guaira, experto en recuperación de personas, declara: “las viviendas vacacionales quedaron más destruidas que las sociales”. Y la foto del ABC, para más INRI, la foto muestra las viviendas sociales construidas por el “chavismo” incólumes. Invisibilizan la ayuda internacional entre estados. 

Tampoco mencionan la gran coordinación entre las instituciones públicas desde el gobierno, pasando por los ayuntamientos, los servicios médicos, bomberos, fuerzas armadas, ingenieros, arquitectos, trabajadores desplazados de todos los estados de Venezuela. Y tampoco se habla de los cooperantes internacionales que se han puesto a las órdenes de las autoridades para coordinar los trabajos de rescate y búsqueda de sobrevivientes. 

Nada sobre los ministros en el terreno y las múltiples organizaciones que trabajan día y noche. Menos de los médicos cubanos desplazados en más 50 para las labores de apoyo en hospitales. 

Las noticias están centradas en mostrar el desacuerdo con las actuaciones del gobierno. El País, el Mundo, La Vanguardia, el Periódico, ABC, La Razón, tienen una línea editorial. El chavismo y su gobierno actual son un lastre. Represión, corrupción y abandono institucional. Venezuela, señalan, es un Estado fallido, sobrepasado por las circunstancias. Todos los males tienen un nombre y apellido, la presidenta encargada Delcy Rodríguez. En contraposición, la figura de María Corina Machado se presenta como la alternativa democrática.

Se puede estar más o menos a favor del gobierno de Delcy Rodríguez, hay más que discutir. Pero no se puede utilizar la catástrofe para emponzoñar una acción ejemplar. Venezuela es un Estado asediado desde dentro y fuera. El objetivo: acabar con el proyecto de cambio social, reconquistar el poder y controlar la producción de hidrocarburos. Sean extranjeros o criollos. Hablen inglés o castellano.

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