A continuación, colocamos una nota publicada hoy en el diario “El País”, de España, cuyo autor es Alonso Moliero y la cual se refiere al enorme control financiero que existe sobre Venezuela, de todos nuestros ingresos, por parte de los gringos, de modo que incluso la propia oposición de la ultra-derecha se queja porque no les están pasando casi nada o nada…
Trump dice que nosotros estamos viviendo de maravilla, con mucho dinero, lo cual es totalmente falso, incluso estamos peor en muchos aspectos desde que secuestraron al presidente Maduro y a su esposa Cilia Flores…
Dice la nota lo siguiente:
La Orden Ejecutiva 14373 —dictada por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, luego del ataque militar al país del pasado 3 de enero— estipula que los ingresos venezolanos producto de la renta petrolera serían depositados en cuentas del Departamento del Tesoro de aquel país. Se trata de una escandalosa decisión política que tiene las características de un hito histórico: la superpotencia del norte ha tomado los ingresos nacionales y le asigna al Estado venezolano los recursos que va a gastar. Ese dinero va a terminar en el denominado Fondo de Depósitos del Gobierno Extranjero. Se supone que se harían compras masivas de alimentos, medicinas, maquinarias, equipos y repuestos estadounidenses. La Casa Blanca argumenta que lo hace para proteger ese dinero de la corrupción oficial, y de cualquier sentencia judicial que tenga pendiente el Estado con compañías internacionales víctimas de las expropiaciones que adelantó Hugo Chávez años atrás.
El título de la orden de Trump se denomina: “Salvaguardando los ingresos petroleros venezolanos, para el bien del pueblo estadounidense y del pueblo venezolano”. Trump delega en el Secretario de Estado y el Secretario del Tesoro la facultad de decidir cómo se gastarán estos ingresos. El Fondo de Trump es el que finalmente le asigna los dólares al Banco Central de Venezuela (instancia a la cual le acaban de levantar las sanciones internacionales que limitaban sus movimientos), que finalmente los coloca en bolívares en la Tesorería Nacional. De acuerdo con los cálculos del economista Asdrúbal Oliveros, el 83% de los ingresos del país son administrados por esta cuenta en Washington, fruto de una decisión militar. Se trata, sobre todo, del dinero que es producido por empresas internacionales, mixtas o contratistas petroleras en esta nueva realidad política. La comercialización y transporte de este crudo está a cargo de empresas estadounidenses.
“La Orden Ejecutiva 14373, las nuevas licencias generales de la OFAC y el manejo discrecional de la política arancelaria forman parte de la arquitectura de control sobre el comercio exterior de Venezuela”, afirma Víctor Álvarez, economista de la Universidad Central de Venezuela. “Se trata de un modelo de intercambio comercial selectivo, que favorece a los exportadores estadounidenses. Los ingresos petroleros de la nación están siendo destinados a financiar de manera prioritaria las exportaciones de los Estados Unidos”, explica.
Venezuela lleva décadas haciendo planes para diversificar su economía y depender menos del turbión de los ingresos petroleros, que tradicionalmente se llevan más del 85% del valor de las exportaciones totales del país. Terminados los años de la desastrosa administración del gobierno de Nicolás Maduro, la dependencia del país del petróleo es acaso más alta que nunca. La producción se va recuperando lentamente, arriba ya del 1,2 millones de barriles diarios, luego de la histórica caída que conoció su pico en 2020, y que los colocó en apenas 300 mil.
Algunos expertos opinan que, a finales de este año, la producción total puede pasar los 1,5 millones de barriles diarios. El crecimiento está estimulado, en buena medida, por las licencias ampliadas concedidas por Washington a empresas como Chevron, Repsol, Maurel & Prom —y ahora a Shell y BP—, que han permitido la reactivación de varios campos petroleros importantes. También se debe a la recuperación parcial en la gestión de la estatal Petróleos de Venezuela. El regreso de contratistas relevantes del negocio energético, como Schlumberger, ha fortalecido las expectativas positivas.
Brecha monetaria y descontento social
El dinero producto de los excedentes en la producción, sin embargo, no termina de llegar a la economía y sentirse en las calles. El tipo de cambio se precipita, y la brecha cambiaria entre el dólar oficial y el paralelo sigue siendo muy alta, promediando un 30%. La inflación sigue siendo un monstruo de mil cabezas que sobrepasa el 600% anualizado. Las mejoras salariales al sector público y privado son totalmente insuficientes. La economía sigue creciendo, pero a un ritmo exiguo y en sectores específicos. Sectores clave del PIB local, como la construcción, siguen presentando un enorme rezago, y apenas ahora salen de la zona del hielo. Entre la población se expande una leyenda en torno a la posibilidad de que el dinero administrado por los Estados Unidos no está ingresando al país.
“Claro que está entrando dinero a la economía, muchísimo”, afirma un ejecutivo bancario que ha preferido mantener su nombre en reserva. “También ha aumentado la venta de dólares. En diciembre, en Venezuela no entró un solo dólar. En todo el año pasado se vendió un promedio de 400 millones de dólares mensuales. De 400 millones se pasó a 500, luego a 800, y en junio vamos por los 1.700 millones de dólares ingresando a la economía. Eso lo apreciamos en la banca. Si las cosas no terminan de salir es porque estamos frente a una administración del Estado muy deficiente”, explica.
Los cálculos de Asdrúbal Oliveros estipulan un crecimiento hasta los 15.800 millones de dólares producto de la venta de crudo y derivados a fines de 2026. La liquidación de dólares a la economía aumentó un 6% en el primer semestre. La recaudación tributaria también se ha recuperado en un 5%. Las ventas comerciales crecieron un 4%. “La reactivación se irá dando por olas”, explica. “Los sectores de la economía irán entrando en una fase más expansiva del ciclo en el segundo semestre de 2026”. Oliveros, que calcula un crecimiento de 13% del PIB nacional en 2026, estima que las presiones inflacionarias deben ir cediendo y estabilizándose hacia una zona más tolerable, pero aún no resuelta, en el primer trimestre del año que viene.
“El sistema de licencias de la OFAC impide que la mayoría del ingreso petrolero llegue directamente a las cuentas del Gobierno”, insiste Álvarez, quien sostiene que, en las actuales condiciones, el Ejecutivo de Venezuela está impedido para desarrollar estrategias económicas que optimicen el impacto positivo de estos ingresos excedentarios, como, por ejemplo, un programa nacional de compras al sector privado. “Este proceso se ha convertido en un mecanismo de tutela externa. Venezuela puede y debe reivindicar ahora mismo la administración independiente de su ingreso petrolero. Es necesario convertir las actuales Cuentas Tuteladas en Fondos Soberanos y preparar al país para la mejora que se aproxima”, explica.
“Hay algún interés de los inversionistas con el proceso que comenzó en Venezuela”, reconoce el economista Omar Zambrano, de la Universidad Católica Andrés Bello y director de la firma Anova. “Gente en Caracas explorando, preguntando sobre condiciones para la inversión. Lo que no se ve es que se concreten. La mayoría de estos viajes de negocios se topan con la incertidumbre. Este es un Gobierno sin base institucional sólida, débil, sin mandato popular, condicionado por el tutor externo. Nadie sabe qué va a ocurrir, pero todo el mundo se imagina que algo ocurrirá”, afirma.