NO EXISTE “REVOLUCIÓN”  NI “SOCIALISMO” PARA LA JUVENTUD TRABAJADORA…

A Leída Castro y a la suma de sueños larenses

Por: Eduardo Orta Hernández. 

Con sonrisa en la cara, excelente atención, desbordada amabilidad, con cumplidora  puntualidad, cada día, a pesar del cansancio, usted es excelentemente atendido por una ingente masa de jóvenes que prestan su servicio como trabajadores en el comercio urbano y rural, cuyos propietarios, en su gran mayoría inmigrantes, extranjeros venidos de otros continentes, sin excluir al nuestro y a los comerciantes nacionales, todos en su accionar mercantil hacen letra muerta o inexistente a la Ley Orgánica del Trabajo, a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la protección que brinda el Seguro Social, Inces y en general al ordenamiento jurídico que ampara derechos humanos fundamentales y la aplicación de la recta justicia, letras escritas en resguardo de la masa trabajadora, entre ella, la juventud (adolescentes), hombres y mujeres de muy tierna edad, que para subsistir se incorporan al mercado del trabajo como mano de obra en los distintos establecimientos comerciales a saber: supermercados, bazares, ventas de bisuterías, ferretería, tiendas, fruterías, bodegones, perfumerias y otros de las ciudades y del campo.

Trabajadores de 16 a 22 años y algo más o menos. Es la mejor edad para el aprendizaje, para terminar una sólida formación académica, interrumpida, abandonada por la necesidad de obtener el sustento (comida y ropa) diario, ahí se pierde en ese mundo de la total imposibilidad, de las prohibiciones, de las limitaciones y de la indiferencia de organismos e instituciones oficiales, encargadas de velar por el cumplimiento del orden legal, esto en la cuarta y en la quinta república. La insensibilidad y la indiferencia son voces campantes. 

Para esta gran masa de trabajadores no existe organismo que lo proteja, el silencio y la inopia de inspectorías del trabajo, del  Instituto Nacional de Prevención, Salud y Seguridad Laborales, las Alcaldías y Concejos Municipales, es lo diario, el cada día. 

¡Claro! que las Alcaldías tienen competencia, así como los Concejos Municipales, mediante decreto y ordenanza, bien puede velar por el cumplimiento del orden constitucional y legal, a lo cual están obligados, así como es vinculante el cobro de impuesto y sus respectivas tasas, pueden vigilar el cumplimiento de la jornada laboral en el municipio, so pena de multas y condicionamiento de patentes o licencias  para el ejercicio de la actividad mercantil, pero en el pasado y en el presente “revolucionario y socialista” no ha habido VOLUNTAD POLÍTICA de hacer cumplir las leyes y el respeto al mandato constitucional, de la supremacía de los derechos humanos, de la equidad y de la justicia. 

La sociedad entera, todas sus instituciones, Alcaldía, Concejo Municipal, Consejos Comunales, comunas, jueces de paz, todo organismo público tiene potestad para  condenar y protagonizar el rechazo y la oposición a que tan inhumana condición laboral continúe ocurriendo, en una sociedad republicana y de ciudadanos, se debe combatir, enfrentar tal vil, despreciable y moderna forma de esclavitud.

La realidad, hasta estos momentos, es que todos los gobiernos, sindicalistas, centrales y federaciones obreras, líderes políticos y gremialistas convertidos en diputados, supuestos “representantes” de la masa trabajadora, de   ayer y de hoy, son cómplices de la súper explotación, de la moderna servidumbre y esclavitud de la mano de obra juvenil y de su colateral e inmenso daño que se le causa al país, al estar condenado lo más preciado de la nación, su juventud, el futuro de la patria, se poseciona el oscurantismo y las tinieblas, la falta de luces y saberes con el permiso y consentimiento de los poderes públicos que permiten formas y relaciones de trabajo propia de dictaduras y absolutismo monárquicos. Es evidente que ellos, la realidad social, política y económica son la esencia del modelo capitalista de producción. 

VEAMOS LA REALIDAD DE LA JUVENTUD TRABAJADORA EN EL COMERCIO URBANO Y RURAL

Gran dolor causa ver como sobre la juventud trabajadora, está ausente las  posibilidades de estudio, de recreación, de vivir una vida normal y sin apremios o negaciones, por el régimen de jornada de trabajo de 12 horas diarias, de lunes a sábado y el domingo de siete horas, un horario cruel, inhumano donde se vulnera todo derecho humano, imposibilitado  recibir instrucción, educación, asistir a eventos culturales, recreativos, carentes de  asistencia médica y del más mínimo disfrute. Es trabajo y más trabajo y luego el inevitable dormir, así queda reducida la vida.

Repito un horario de trabajo para esclavos, si, ¡¡para esclavos!! sin ninguna satisfacción ni tiempo para disfrutar de la vida, como lo hacen los hijos de políticos y de los dueños de las entidades comerciales, el hijo de Petra, la lavandera o de Carmen, la obrera,   inicia la jornada a las 7:30 am hasta las 7:30 pm de lunes a sábado y el domingo de 7:30 am a 3:30 pm, son 76 horas de trabajo a la semana, en vez de 48, que acumulan 28 horas adicionales, representan 3,5 días a ocho horas diarias. Sin ningún tiempo para sí mismo o la familia, diría Josefa ni para “tirarse un peo”. El domingo por la tarde llegan corriendo a lavar y planchar la ropa de la semana. Ausente el cine, el teatro, el concierto de música, el liceo, la universidad, el compartir en familia, la fiesta con los amigos, sin días de ríos ni de playas, sin conocer otro paisaje que las paredes del negocio que los esclavizan, el negocio al detal y al mayor, el que surte el día a día, es una nueva cárcel, una prisión por 12 horas. AUSENTE, en una palabra,  ¡¡LA VIDA!! 

Cuando el tierno trabajador se enferma, el comerciante no le paga el reposo ni la medicina, el joven obrero no cobra los días de enfermedad, como tampoco disfruta sus vacaciones, debe trabajarlas, pues necesita ese salario, son 365 días del año trabajando durante 76 horas semanales, desde que alumbran los primeros rayos del sol hasta que oscurece, por un miserable salario de, cuando mucho, 5O dólares semanales, menos de 0,70 dólares por hora de vida, puesta a la orden y beneficio del explotador capitalista, para su acumulación, lujos y buen vivir, a cambio de la miseria, el atraso y el desvivir del joven dependiente. 

Es evidente que la juvenil mano de obra no tiene tiempo para estudiar, ni para ninguna otra actividad que no sea trabajar, ni para atender al pequeño hijo (de tenerlo). Madres y padres que ven y acarician a sus hijos después de una prolongada ausencia de 12 horas, niños sin el debido cariño de los progenitores, rendidos por el sueño al terminar la jornada laboral, que con puntualidad y necesidad de sobrevivencia ha cumplido el padre en favor, provecho y acumulación capitalista del propietario del negocio o entidad mercantil y en evidente perjuicio de la juventud trabajadora y también del país por carecer de una población suficientemente preparada en el ámbito educativo y cultural. 

No obstante la existencia de normas constitucionales y legales, el desamparo y la violación de derechos humanos básicos, en contra este joven contingente de trabajadores es total y absoluta. 

Un gobierno declarado “socialista”, que en los últimos 12 años, nada ha hecho por hacer respetar la conquista de la jornada de ocho horas de trabajo, que fue motivo y causa de las luchas obreras durante todo el siglo XIX, XX y que hoy día siguiente siendo una bandera que debe concretarse más allá de la declaratoria legal y de los falsos golpes de pechos, los gritos de sindicalistas investidos de inmunidad, que en el curul olvidan consignas y proclamas, guardan silencio, se muerden la boca, se cosen la lengua en los comité ejecutivos de sus “patrióticos” y “socialista” partidos, que en nada se diferencia de los movimientos y agrupaciones de la derecha política. Se olvidan que las ocho horas de trabajo significó cárcel, un mar de sangre, luchas y confrontaciones en las calles, huelgas, con sus numerosos muertos, heridos, encarcelados y condenados a la silla eléctrica y a la hora donde mueren ejecutados la dirigencia sindical que peleaba por la jornada de las ocho horas de trabajo. ¡¡Que barbaridad!! que a los ojos de todos se retraiga una condición de trabajo, la pérdida de una conquista y se vuelva a la no regulación de la jornada de trabajo a siglos pasados.

La ley del Trabajo establece como máximo una jornada laboral de 48 horas, ¡¡pero no!! Estos jóvenes  trabajadores viven en la Venezuela del siglo XIX y principios del siglo XX, aún cuando están en el año 2026. En la patria de Bolívar y otros países del mundo fueron abundantes, sangrientas, combativas las luchas obreras por conquistar la jornada laboral de ocho horas diarias.

Es letra muerta la Ley Orgánica del Trabajo, y la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, constituyendo un retroceso y la negación de las conquistas obreras de siglos, sin que haya autoridad que ponga orden y haga cumplir los derechos del débil jurídico, como lo es esa jóven masa de trabajadores que son explotados en cada comercio de todos los municipios a lo ancho y largo del país.

es letra formal, moribunda el artículo 90 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, es un cadáver lo referido a lo establecido que “La jornada de trabajo diurna no excederá de ocho horas diarias ni de cuarenta y ocho horas semanales”, da risa, ante la realidad que “ ningún patrono o patrona podrá obligar a los trabajadores y trabajadoras a laborar horas extraordinarias”. Los jóvenes no solo son obligados, sino que no se les remunera. Es una burla lo expresado en dicho artículo sobre que “ Los trabajadores y trabajadoras tienen el derecho al descanso semanal y vacaciones remuneradas”. ¡Si, descanso semana! es durante las horas de sueño. Son siete días de trabajo sin que nadie ponga orden a esa injusta condición laboral. No hay tiempo libre para el desarrollo físico, espiritual y cultural de los jóvenes trabajadores como establece nuestra máxima norma. 

De igual manera sin el legal periodo de una hora de descanso y alimentación fuera del lugar de trabajo, y mucho menos el cumplimiento de una jornada de trabajo de cinco días a la semana y a los dos días de descanso, continuos y remunerados durante cada semana de labor, conforme a los artículos 168 y 173 de la Ley Orgánica del Trabajo. Nadie vigila su cumplimiento.

¿No tienen dolientes los muchachos y muchachas que trabajan? 

¿Merecen nuestra juventud trabajadora la atención, protección y cuido por parte de los organismos oficiales, del gobierno, de las autoridades? 

¿Por qué tanta impunidad ante las violaciones legales de los comerciantes? ¿Por qué tanto silencio ante la sobreexplotación de los trabajadores de entidades mercantiles del comercio?

Ser socialista no es una proclama, no es una autodefinición, es ante todo, una práctica de vida, de gobernanza, donde se privilegia la condición humana, el respeto a los derechos humanos, declararse socialista sin serlo, es matar la ilusión de la esperanza futura, es un crimen contra el avance ideológico de la sociedad, contra la propuesta de una nueva forma de vida, una nueva civilización, es un asunto muy serio que a consecuencia de la práctica política, de la ejecutoria neoliberal, capitalista y explotadora, la juventud rechace la propuesta futura socialista, pensando que el supuesto gobierno socialista y revolucionario nada ha hecho por mejorar las condiciones de trabajo referidas. Harían un gran favor si dejarán de llamarse socialista tanto los gobiernos que no lo son como los partidos disfrazados de encendidos colores y de práctica negadora del socialismo. 

La sociedad socialista es la esperanza futura ante el caos, la explotación y la destrucción del planeta por parte del agotado modelo capitalista imperialista. 

Cagua, 16 de junio 2026

Polvorín. Explosión insumisa de ideas.

Un combate por la vida. Somos historia y poesía insurgente.  

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