Mi palabra
“El hombre absurdo es el que no cambia nunca”
Georges Clemenceau
Por: Narciso Torrealba
El comportamiento de Donald Trump, es relativamente comparable al de una artista de la farándula en plena decadencia, porque farandulea más de la cuenta para mantenerse en los titulares de los grandes diarios estadounidenses y poco le importa hacer el ridículo, ya que, esa es su manera de actuar y le permite engrosar su currículo y carta de presentación en una sociedad, que vive en medio de la violencia y los escándalos faranduleros y poco les importa ver más allá de sus propias narices y por momentos aplauden cualquier ridiculez inventada para entretener.
Trump, en medio de sus delirios de grandeza y pieza principal del imperialismo para frenar su caída lenta, pero indetenible, ha venido recurriendo a increíbles decisiones, que no cambian nada, pero demuestran sus paranoicos momentos mentales, hasta elevar su narcisismo a las alturas, el cual parece que ni siquiera la vejez –80 años– lo calma y a medida que se acerca un nuevo proceso electoral, es factor principal en crear la agitación al querer colocarle su nombre a cuanta institución se le antoja y lo dejan.
Su última ociosidad mental, fue el cambio de nombre del Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas, por el de Donald Trump, en letras grandes y muy visibles, lo que se conoce, como el culto a la personalidad, pero Trump, con ese currículo de inmoralidad, el cual supera a cualquier personaje de los Estados Unidos involucrado en escándalos e incluso a reos muy “famosos” que lograron notoriedad y renombre para terminar con cadena perpetua o en la abolida silla eléctrica, se quedan en pañales, al conocerse últimamente una cadena de videos y fotografías, en el cual acusan al mandatario estadounidense, como un vulgar inmoral.
No, es una casualidad, que uno de los millonarios, como Elon Musk, quien lo acompañó en la última campaña electoral, que lo llevó a la Casa Blanca para su segundo mandato, se haya apartado, a pesar, que no es ningún angelito llegado del cielo, pero, se necesita ser un verdadero caradura y un abierto defensor de los intereses imperialistas, como Marco Rubio, secretario de estado de los Estados Unidos, quien mantiene una obsesión destructora contra Cuba, o el nuevo secretario de defensa Pete Hegseth, quien últimamente ha venido apareciendo, como emulando a rambo, hasta terminar haciendo el papel de un histrión, al cambiarle el nombre al ministerio por el de la guerra.
En definitiva, Trump, es el payaso principal del show mediático del imperialismo para mantener la presión sobre algunos países, que no tienen la capacidad defensiva de Irán, el cual le está demostrando al mundo, que, para pasar por encima de la soberanía y la dignidad de ese valiente y aguerrido pueblo, van a tener, que convertirlo en un cementerio. Todas las bravuconadas del mandatario estadounidense se las devuelven de la misma manera, porque hasta los momentos ni las bombas, ni los misiles han podido minar la resistencia y en estos momentos se encuentran en un punto de negociación, pero para creerle a este empleado de las grandes corporaciones del imperialismo, se necesita verlo con la soga en el cuello, y es precisamente lo que está ocurriendo, ya que, la inflación está golpeando severamente al pueblo estadounidense, por la parálisis comercial producto de la guerra, el cual ha creado serias dificultades para mover en el estrecho de Ormuz. Por lo pronto, están rechazando el abuso de poder al querer ponerle su nombre a muchas instituciones y no es raro, que salga con la locura de reemplazar el nombre de Estados Unidos por el de Donald Trump.