Retumba
en la piel moribunda,
sobre el paisaje de la patria,
los misiles,
el ruido de la muerte,
la silenciada, arrinconada,
doblegada, sumisa paz
Voces sin palabras,
en la boca los cañones,
el poder de fuego,
hace surgir el miedo,
el temor a la muerte,
se olvida de dónde venimos,
la derrota de la superior corona,
la ruptura de 300 años de esclavitud,
el recorrido de la espada libertaria,
la campaña admirable,
la lumbre de Ayacucho,
el terror se apodera,
es amnesia,
es la cobardía a la noche,
al nuevo amanecer,
a la presencia
de la memoria histórica,
a la identidad heróica.
El grito pierde significado,
cambian los colores,
se esconden
en arruinados baúles,
el rojo ya no es intenso escarlata,
ya no pintan labios,
no atrae, ni enamora,
no seducen,
espanta,
es color del diablo,
es lengua del infierno,
se rechaza,
se va a nuevo encuentro,
la ceguera blanca,
dispersa en el color infinito del cielo,
del mar,
que tantas cosas revela,
en la soledad,
en el alma del poeta de Manicuare.
se incendian las proclamas,
se reniega del pasado,
desaparecida las boinas,
roto los escritos,
es aceptación “gloriosa”
del actuar de manos enemigas.
Los sueños ya no lo son,
la utopía es herida a muerte,
vil,
despreciable agresión al territorio,
a la soberanía de la patria,
traición en el silencio,
es complicidad con el agresor.
renacerán las ilusiones,
la perdida libertad,
el gigante despertará,
mañana el sol alumbrará,
cabalgará
sobre ruina imperial,
el dormido pueblo,
convertido en volcán,
en llamarada purificadora,
al lado de Simón Bolívar,
Martí, Chávez, Zamora,
Simón Rodríguez.
Por:
Eduardo Orta Hernández
Junio de 2026
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