Una certera ilusionista

José Manuel Rodríguez

El pasado 28 de mayo conmemoramos 155 años de aquella semana sangrienta donde los ejércitos de Versalles y de Prusia entraron a París exterminando más de 30 mil comuneros. Con motivo de esta fecha «La Iguana.tv» publicó un largo artículo aclarando que era exclusividad de la «Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad». Estaba escrito por la doctora Ximena González Broquen, investigadora de CLACSOAunque describe, con mucho acierto, los horrores cometidos por esos ejércitos de la burguesía francesa y alemana para liquidar al Estado Comunal; no me gustó.

            La autora relata cómo el pueblo de París estaba construyendo, con tal voluntad y claridad de convicciones, que había sorprendido gratamente al propio Marx, observador a distancia de este proceso. Lo hace afirmando que no se trataba de una reforma cosmética sino de la construcción de un nuevo Estado conformado por las comunas. Y concluye en las primeras páginas del artículo con una muy buena afirmación: Esta idea sigue siendo tan radical hoy como lo fue entonces... Sin embargo, a partir de allí, la autora dedica la otra mitad de él, a hablarnos del legado que nos dejó, la Comuna de París, a los revolucionarios en Venezuela. Es ahí donde surgen los equívocos.

            Los trataré de sintetizar. Afirma de inicio que, el pueblo venezolano, a través del poder constituyente de 1999, decidió refundar la república Supongo que está hablando del hermoso Preámbulo que nos escribió el magnífico poeta Gustavo Pereira para la nueva Constitución. Lamentablemente -digo yo- el mundo de los políticos poco tiene que ver con la poesía. Lo real fue que, a Chávez, le costó siete años sortear ese ambiente donde el Partido asumió que el gobierno había sido electo para gobernar, no para proponer que otros lo hicieran.

            Chávez, siempre insurrecto, se sobrepuso y, en el 2007, lanzó su reforma constitucional para darle sustento legal a la construcción -esto es clave- del futuro Estado Comunal. Pero, el Partido no lo acompañó. No estoy especulando, basta con revisar las cifras electorales del 2006 y 2007. En este último año, 3 millones de votos chavistas desaparecieron, es decir no votaron, sin que la oposición obtuviera menos o más votos que lo obtenido en el 2006.

            Los intelectuales, al igual que los políticos, tienen la convicción de que sus palabras, lanzadas al aire o puestas en el papel, se convertirán, inevitablemente, en hechos. Para los políticos las palabras son su accionar y, para los intelectuales comprometidos, aceptarlas en silencio siempre será prudente. Imagino que es por eso que, la doctora González Broquen, nos dice: Para saber entender los silencios de nuestros líderes no como ausencias, sino como ingeniería de reelaboración política, espacios de maniobra para sostener nuestro horizonte revolucionario... Por eso afirma que la construcción cotidiana de un poder no se delega, sino que se ejerce... Y nos llama a hacer comunas y confederarse en ciudades comunales como si fueran cotufas.

            Doctora, permítame que le pregunte: luego de 19 años de aquella propuesta de Chávez ¿conoce alguna Ciudad Comunal con autogobierno? Ese era el tercer escalón chavista para subir al Estado Comunal. El «Comuna o nada» se convirtió en lo mismo del «Todo el poder a los soviets». No olvidemos el desplome de la URSS de 1991.

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