Manuel Gragirena
Leí el Manifiesto de Panamá. Tuve que hacerlo, no quería. Estoy en una onda de desintoxicación política, pero no me quedó más remedio: soy amante de la historia. Y aunque es posible que este documento pase sin pena ni gloria, tiene un puesto en la historia de Venezuela; por supuesto, jamás al nivel del Manifiesto de Cartagena, el de Carúpano, la Carta de Jamaica ni mucho menos el «por ahora» del 4 de febrero. Pero sí debemos reconocer que tiene su valor histórico, pues a todas luces es una imposición de quienes hoy conducen el gobierno federal de los EE. UU.
Son dos cuartillas escritas a doble espacio: 741 palabras en 24 párrafos cortos. Con un lenguaje extraordinariamente cotidiano, plagado de lugares comunes y con tres o cuatro problemas de estilo que obligan a releer para comprender la idea; como ya sabemos lo que quiere decir, al leerlo nos choca. Es como quien se sabe una canción y escucha un cambio de letra o de melodía. Es la misma cantaleta.
Bueno, gracias a lo corto y simple del mensaje, no perdí mucho tiempo ni energía de mi vida, cumpliendo así con la patria. Porque, como ya dije, es un deber leer lo que pudiese afectarla.
Lo primero que asoma el documento es lo de siempre: la soberbia y petulancia de MCM. Ella convoca, ella decide, ella manda… Edmundo es su monigote; él no ganó las elecciones, las ganó ella, por lo tanto, lo nombra porque de alguna manera debe justificar todo este peo.
Siguen sin superar la «Guaidiotada». Se refieren a la «presidenta encargada» como «régimen interino». Dos temas: «régimen» por gobierno, «encargado» por interino. Lo primero es para satanizar y lo segundo para limitar en el tiempo.
Al leer el comunicado —pues para manifiesto le falta sazón—, salta a la vista la contradicción lógica: en el primer párrafo afirma categóricamente que el 28 de julio de 2024 se eligió a Edmundo González, y luego exigen una negociación para «una elección presidencial». Bondadosamente, otorgándoles el beneficio de la duda y por la paz que necesitamos, prepárense para las elecciones presidenciales de 2030, u organícense para solicitar el referéndum revocatorio de 2027; es decir, para el próximo año.
Todo lo anterior es el 95% de lo que intentaron decir pomposamente y por escrito, pues alguien debió ser el escribidor. Nada nuevo, todo muy de la casa, como quien encuentra ropa interior sucia y olvidada de lavar.
El 5% restante tampoco es novedad, ni siquiera es confirmatorio, pero no deja de ser indignante. Hablo con cifras porque de las 741 palabras en 38 excretan lo mas perturbador del panfleto, pongan cuidado: «Por eso reconocemos el Plan de Tres Fases propuesto por el Gobierno de los Estados Unidos, y anunciado por el Secretario de Estado Marco Rubio, como un marco estratégico esencial para la recuperación de la democracia en Venezuela».
Han insertado, cochinamente, en un documento de venezolanos para los venezolanos, un plan intervencionista, imperialista y colonizador. Un plan que no es de tres fases sino de cuatro, pues la primera fase, ya ejecutada, fue la invasión militar en la cual asesinaron a civiles y militares para secuestrar al Presidente de la República y a su esposa.
La Fase 1, a la cual denominan «Estabilización Inmediata y Gobernabilidad», es la coerción, el amedrentamiento y la conminación a la obediencia.
La Fase 2, llamada «Recuperación Económica y Apertura de Mercados», no es otra cosa que volver a llevarse el petróleo al precio que ellos decidan —posiblemente cero— y aflojar un poquito, como el gánster que cobra vacuna a negocios y vecinos para que sus malandros roben solo a los que no paguen.
La Fase 3, que pomposamente llaman «Transición Democrática y Reinstitucionalización», no es más que montar en el gobierno a quienes ellos decidan.
La guinda del pastel son precisamente los párrafos de cierre, contados dentro del 95%, pues a pesar que hoy existe la IA para pulir cualquier cosa que se nos ocurra escribir, no les da el coco para más, así que en un ejercicio limitado de visibilizar entre líneas, coloco entre paréntesis lo que piensan, cuando hablan o escriben:
«La emergencia humanitaria que padecen los venezolanos (y que provocamos) no admite dilaciones (queremos volver a ser gobierno), ya que sólo en libertad (para hacer lo que nos plazca) podrán atenderse sus más urgentes necesidades (y las nuestras también). Por esa razón, la recuperación de Venezuela (como nuestra propiedad privada) es y será una obra colectiva (ósea, de este grupo que yo convoqué), fundamentada en la confianza inquebrantable (que tenemos en Trump) que nos une en (sí, así está escrito en el Manifiesto: «que nos une en») el pueblo venezolano.
«Con fe en Dios (no puede faltar), con respeto al mandato ciudadano (ciudadano, pues mandato del pueblo suena a chusma) y con la determinación de abrir el camino hacia la democracia plena (donde mandemos nosotros), proclamamos este Manifiesto de Panamá como el comienzo de una nueva y definitiva recuperación de la República libre y democrática».
Ojo: en la plana escribieron 8 veces libertad o libre, 10 veces democracia o democrático, 4 veces ciudadano, tres veces nombran a los EEUU, 2 veces al pueblo y para nada, cero, independencia.