Sobre amenazas que han dejado de serlo…

Por: Eduardo Orta Hernández

¿Cuándo estamos ante una amenaza?  

Estamos ante una amenaza cuando se nos anuncia, nos advierten, nos amedrentan con causarnos daños o un mal mayor, que pone en peligro nuestra persona, nuestros bienes, nuestros allegados, nuestros intereses, creencias, identidades, incluso nuestro patrimonio cultural o una entidad que nos resulte de importancia y que su posible afectación nos va a causar dolor, desasosiego, desespero e intranquilidad.

La amenaza es hacer saber, en contra del amenazado,  la intención de causarle un daño o un mal, es una acción futura que pende sobre el intimidado y cuya realización va a depender del hacer o no hacer, de complacer o no satisfacer la demanda del agente amenazante o sujeto agresor, entendiendo que en toda amenaza hay un agente de violencia, un agresor en potencia, que prepara su ejecución aún no realizada. Ejemplos: Cuando se amenaza de muerte a una persona para conseguir un fin ilícito, pero que aún no ha sido asesinada. También cuando un país colonizador e imperialista amenaza con invadir a otros, pero cuya invasión no se ha realizado. He ahí, la existencia de la amenaza, aún no ha habido la agresión asesina o invasora, no ha ocurrido, se ofrece, se da a conocer su posibilidad.  

¿Cuando el ofrecimiento o la futura acción deja de ser una amenaza?

La intimidación o el amedrentamiento deja de ser una amenaza cuando la acción agresora ofrecida se materializa y  ha causado el daño, en los ejemplos mencionados, cuando la persona amenazada de muerte es asesinada o cuando el país amenazado de la violencia invasora ha sido invadido

La República Bolivariana de Venezuela antes del tres de enero de 2026, sufrió el acoso y las agresiones imperiales mediante el bloqueo y en los meses finales de 2025, la más poderosa fuerza naval y militar del mundo se posesiona en el Mar Caribe, interrumpe el normal flujo comercial de Venezuela, roba nuestros bienes patrimoniales, asesina humildes e inocentes pescadores y mantiene una permanente y continuada amenaza de invadirnos, de bombardearnos, dominarnos y controlar la economía, la política y la vida social del venezolano de manera directa. Todo ello, hasta el día 2 de enero de 2026, en cuanto a la invasión y el bombardeo y secuestro del presidente de la República constituía una AMENAZA.

¿Cuando la amenaza de EE.UU dejó de ser una amenaza en contra de la soberanía de Venezuela?

Al ejecutarse la invasión, bombardeo, secuestro el día 3 de enero de 2026, afectando la integridad de nuestra soberanía, esta actuación invasora, el resultado, esa acción que era una amenaza, dejó de serla, ya no es una intimidación, pasó a hacer la realización del hecho material que era el motivo de la amenaza. Por lo tanto, realizada la ocurrencia de la amenaza, ya no estamos ante un peligro, ante una amenaza, sino que esta se ha consumado, se ha materializado, ya no es un hecho futuro, incierto y posible, sino un hecho presente y real, un hecho ocurrido y cierto con la presencia de bombas, muertes, secuestro, invasión por tropas militares extranjeras del sagrado suelo de la patria.

El 3 de enero de 2026 se materializa una acción invasora, que en principio fue una amenaza y a partir de ese día dejó de serlo, para convertirse en el hecho material, perseguido como objeto por el país COLONIALISTA.

En el presente caso y a partir del tercer día del año nuevo, sobre nuestra patria y su soberanía, ya no hay amenaza, no hay “la amenaza del revólver sobre nuestra cabeza», que sirva como coacción de un futuro daño y así mantenernos inmóvil, sin reacción ante ese inminente peligro del disparo, cuya verdadera pretensión, obtener por vía del despojo, en beneficio del ente amenazante, para su mano voraz y asesina, que nos amenazó con accionar el gatillo y disparar.

Obtenida la modificación de las leyes en petróleo y minería, la no solidaridad energética con Cuba, el permiso de sobrevuelo de naves norteamericanas, el secuestro del Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros y de la diputada Cilia Flores y etc. no estamos ante una amenaza a nuestra soberanía, sino ante hechos que la ha violado y vulnerado, tal ataque embestido por el monstruo imperialista de mil cabezas, se desarrolló en nuestro espacio territorial, aéreo y marítimo, transgrediendo leyes y acuerdos internacionales y normas jurídicas nacionales. 

En esta realidad, ya no hay amenaza, hay presencia ya no ofrecida, sino real, ahorita, en este momento, en el presente inmediato, hay control y dominio, hay absoluto ¡¡sometimiento!!, propósitos logrados que fueron los objetivos, causas y motivos de la amenaza. 

El lenguaje es un asunto de gran importancia, es instrumento para la dominación o para la liberación en el ejercicio del poder y la práctica política diaria. Se ha de diferenciar del lenguaje del opresor, el lenguaje del oprimido, es capital su importancia en esta menguada hora de la maltratada, vulnerada y violentada República Bolivariana de Venezuela.

He aquí la significación, en nuestra actual realidad el uso del lenguaje, como expresión del poder tiene una importancia capital para el restablecimiento de una colectiva consciencia soberana, no es lo mismo “ALIADO” ENERGÉTICO que “INVASOR” ENERGÉTICO, en tal sentido, la expresión en esta hora crucial de la república, no puede andar  con eufemismo, no es la palabra suave y “educada”, la que conviene, cumpliendo todas las formalidades diplomáticas (para que el autor de la arremetida, del atentado no se ofenda o se sienta mal) que repetida como loro en todo el país sobre que estamos amenazados, que tenemos una «pistola en la cabeza», palabras o lenguaje que solo sirve para expresar los propios temores, justificar la inamovilidad, la parálisis, la de no presentar resistencia, planes organizativos, consignas patriotas, y así evadir una realidad cruel, violenta, sangrienta, como lo es el hecho que el gatillo de la pistola fue accionado y tenemos la bala incrustada en el cerebro, debemos extraerla y fundirla, preguntarnos qué vamos a hacer, cómo lo vamos a hacer y para que lo vamos a hacer, si se requiere organizar, cómo organizar, para que organizar la restitución y restablecimiento de la soberanía y de la independencia nacional, comenzando por llamar las cosas por lo que son y no atribuyendo a las  cosas por lo que parecen ser, en ese sentido aparecen nuevas amenazas como convertir la patria de Simón Bolívar, de Guaicaipuro, de Zamora, de Chávez en una oficial colonia norteamericana, integrándola a ese territorio imperialista como el Estado número 51, o la aspiración gringa de imponer o establecer bases militares norteamericanas en nuestra patria. 

El revolver ya no nos amenaza, ¡¡NO!!, estamos bajo el dominio y control de los imperialistas yanquis, esto sí, con su pasada amenaza ya realizada y concretizada, con la detonada bala en nuestras cabezas y el olor de la pólvora en nuestra cara. 

Polvorín explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida. Somos historia y poesía insurgente.

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