José Sant Roz
Me fui al centro, en mis habituales caminatas para despejar la mente y fortalecer los huesos. Tomé en la Pedregosa Sur, la buseta del sector F y me apeé en el Edificio Alba, cerca de la Plaza El Llano. De allí me fui andando hasta la Plaza de Milla. En el camino me topé con el doctor y adeco, don Aurelio Fernández quien venía de hacer unos trabajitos en La Esquina Caliente (los tribunales). En cuanto me vio me dijo a boca de jarro:
- Mira Sant Roz, ¿qué te parece esa vaina del Estado 51?
Aurelio es del ala adeca de Bernabé Gutiérrez, pero todavía pesan sobre él las escabrosas enseñanzas, las estrategias y lógicas del viejo Rómulo Betancourt. Lo salva un poco el venir siendo de la juventud retardada y desacelerada de los años noventa.
- A mí no me parece ninguna vaina sino más bien una desgracia, amigo Aurelio. ¿Quieres pertenecer tú a una especie de Puerto Rico de tercera categoría, tomando en cuenta que Trump llamó a los venezolanos basuras?
Entonces el simpático y buen amigo Aurelio, como todo adeco me hace el siguiente esplendoroso y catatónico razonamiento:
- Pero Sant Roz, toma en cuenta que, si pasamos a ser el estado 51 de la Unión, de esa manera podemos recuperar El Esequibo. ¿Va así, Guyana, a decirles NO a los gringos? De inmediato nos lo devuelven, y se acaba ese peo que ya va para casi dos siglos.
Solté la carcajada, le di la mano por tan brillante idea y me despedí de Aurelio, aunque él jamás entenderá por qué me reí tanto.