El Gran Pedófilo Trump, no podrá jamás contra Cuba…

Firmó otra orden ejecutiva. Más sanciones. Más amenazas. Más bloqueo. Pero nada funciona. Trump está desconcertado. Su guerra contra Irán resultó un desastre, su popularidad se hunde y las marchas del 1ro de mayo en Cuba le demostraron que el pueblo no se rinde. Ahora amenaza con acercar un portaaviones a 100 metros de la costa cubana. No conoce a los cubanos. Si lo hace, será otro Girón. La desesperación del imperio es directamente proporcional a la dignidad de la resistencia.

Ante la derrota sufrida en su guerra contra Irán —la que supuestamente sería un paseo que no duraría más de tres semanas—, unido a su caída de popularidad dentro de Estados Unidos por el alza del coste de vida y el conflicto bélico, el presidente Donald Trump firmó el 1ro de mayo de 2026 otra orden ejecutiva.

¿El objetivo? Endurecer aún más las medidas de guerra económica, comercial y financiera contra el gobierno cubano. En la práctica, asfixiar todavía más al pueblo.

La orden ejecutiva afirma textualmente:

«Estados Unidos bloqueará, entre otras personas, a quienes operen o hayan operado en los sectores de energía, minería, defensa o seguridad de Cuba o brindado apoyo material, financiero o tecnológico al gobierno de Cuba, o a otros individuos sancionados anteriormente por Washington».

Es decir, más sanciones secundarias, más persecución a bancos y empresas extranjeras, más cerco. Todo para poder decir después que en Cuba hay un “estado fallido”. Lo que omite es que desde 1960 Estados Unidos mantiene una guerra económica cruel y despiadada para matar de hambre y enfermedades a los cubanos. Las leyes están ahí. La historia, también.

El fracaso de las presiones: marchas, firmas y un pueblo de pie

Esta nueva orden ejecutiva no salió de la nada. Fue una respuesta directa a dos hechos que Trump no pudo digerir:

  1. Las marchas del pueblo de Cuba el 1ro de mayo, donde cientos de miles de personas demostraron su apoyo mayoritario a la Revolución.
  2. Los seis millones y medio de firmas por la defensa de la soberanía, recogidas en el movimiento “Mi firma por la Patria”.

Estos dos eventos son la prueba más visible de que las presiones yanquis y su guerra mediática —pagada con miles de millones de dólares— han fracasado estrepitosamente. No importa cuántos algoritmos compren, cuántos influencers paguen o cuántas sanciones impongan. El pueblo cubano sigue en la calle, con la frente en alto, defendiendo su independencia.

Trump ya no sabe qué inventar. Y su desesperación se nota.

La popularidad en caída libre y la desesperación electoral

El propio 2 de mayo de 2026, sabiendo que su popularidad está en picada —según una encuesta del Pew Research Center, su índice de aprobación es solo del 34% —, Trump hizo un llamado a los votantes de la tercera edad durante un mitin en The Villages, Florida:

«Tienen que salir a votar en las elecciones de medio mandato del próximo noviembre. Hagan que la diferencia sea tan grande que resulte innegable. No den nada por sentado».

Esto prueba su desesperación por no perder ni un solo asiento en el Congreso. Sabe lo que eso representa para su futuro en la Casa Blanca. Y sabe que la guerra contra Irán y el aumento del costo de vida le han pasado factura.

En ese mismo mitin, volvió a amenazar a Cuba:

«Tomaré el control sobre Cuba y al terminar el trabajo en Irán podría hacer que el portaaviones USS Abraham Lincoln, el más grande del mundo, se detenga a unos 100 metros de las costas cubanas, hasta que ellos nos digan: muchas gracias, nos rendimos».

Qué poco conoce este señor a los cubanos. Si ubica un portaaviones a 100 metros de la costa, será el blanco ideal para los artilleros. Y sufrirán otra derrota, igual que en Bahía de Cochinos en 1961. La historia es tozuda.

Marco Rubio: el mal consejero

Con Cuba, a Trump todo le ha salido mal. Y eso tiene un nombre y un apellido: Marco Rubio.

El secretario de Estado, profundamente comprometido con la mafia terrorista anticubana de Miami y con aspiraciones presidenciales propias, ha sido el principal impulsor de esta política de máxima presión. Pero sus consejos no han traído más que fracasos.

Desde enero de 2026, Trump ha incrementado sus acciones contra la Revolución. Llegó a proclamar a Cuba como una “amenaza para la seguridad nacional estadounidense” —algo para reírse si no tuviera graves implicaciones para la seguridad del pueblo cubano. Ha declarado en múltiples ocasiones que después de Venezuela e Irán, atacaría a la Isla.

En la campaña mediática fabricada y financiada por el Departamento de Estado, se acusa a Cuba de “facilitar la presencia de servicios de inteligencia de Rusia y China” . No hay una sola prueba. Incluso el Pentágono lo ha desmentido. Pero la mentira se repite, como parte del guion.

El cerco petrolero y la respuesta cubana

El pasado 29 de enero de 2026, Trump firmó una orden ejecutiva para imponer un cerco petrolero a Cuba. Anunció aranceles elevados para los países que le vendan petróleo, al considerar que la Isla representa “una amenaza extraordinaria e inusual”.

Esta acción implica al Departamento del Tesoro en coordinación con el Departamento de Estado, que pueden prohibir la apertura de cuentas bancarias, imponer restricciones o congelar propiedades e intereses.

Su sueño trasnochado era ver al pueblo en las calles exigiendo la caída del gobierno. Pero la respuesta fueron las marchas populares en toda la Isla en apoyo a la Revolución. Y aunque sus laboratorios de subversión afirman que la gente fue “obligada y amenazada”, las imágenes en la televisión y las redes muestran el entusiasmo y la alegría de los participantes. La dignidad no se falsifica.

La constitución lo dice claro: no se negocia bajo coerción

Trump insiste en que haya cambios de fondo en la Isla —entiéndase, el fin del sistema socialista— y asegura que “el régimen comunista está próximo a caer”. Pero Cuba no es la fruta madura que soñaron en el siglo XIX.

Bajo esas presiones y amenazas, Cuba no puede sentarse a negociar nada con Estados Unidos. Porque en la Constitución de la República, aprobada por el pueblo, se recoge en el Capítulo II, artículo 16:

«La República de Cuba basa las relaciones internacionales en el ejercicio de su soberanía y los principios antiimperialistas e internacionalistas, en función de los intereses del pueblo y, en consecuencia, reafirma que las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con cualquier otro Estado, no podrán ser jamás negociadas bajo agresión, amenaza o coerción».

De los yanquis no puede esperarse nada positivo. No son respetuosos ni profesionales en sus conversaciones. Son irreverentes, prepotentes y solo sueñan con volver a ser los dueños de la economía de Cuba y dirigir su política exterior, como lo impusieron en la Enmienda Platt y en el Tratado de reciprocidad comercial de 1902.

La frase de Martí que lo resume todo

Por esas realidades alertó José Martí:

«Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas. Es la hora del recuento y la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes».

Fuente: Razones de Cuba

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