Pedro Julian Borges Ramírez
Lo ocurrido la madrugada del pasado 3 de enero cuando el genocida imperio norteamericano secuestró nada más y nada menos que al presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro, a su esposa y diputada Cilia Flores, asesinó a más de 120 personas, destruyó instalaciones vitales para el país y dejó mutilados a muchos venezolanos, no fue más que la culminación de una guerra a muerte en contra de nuestra Patria por parte de los Estados Unidos de Norteamérica que inició el 2 de febrero de 1999. No fue un hecho aislado. Cabe recordar algunos de estos episodios a lo que nos hemos enfrentado desde ese entonces: paro petrolero, golpe de Estado del 2002, sucesos de Plaza Altamira, intento de magnicidio de la finca «Daktari», «guarimbas», extraña «muerte» del Comandante Chávez, criminales sanciones y bloqueo iniciado por el indigno afrodescendiente Barack Obama que se tradujo en estrangulamiento económico, intento de magnicidio contra el presidente Maduro en la avenida Bolívar de Caracas, apagón nacional, desaparición de la moneda, estampida forzada de todas las empresas extranjeras del país, son sólo algunos episodios de ésta guerra.
Como ya se ha dicho, llegó el imperio el 3 de enero de madrugada. Lo hizo, como lo explicó un General venezolano de 4 soles, con «armas alienígenas». Curiosamente y casi de inmediato esas «armas alienígenas», incluido el portaaviones más sofisticado, según ellos, jamás conocido como lo es el Gerald Ford, se las llevaron a Irán. Allá las utilizaron igual que aquí y pretendían que iban hacer lo mismo que en Venezuela. ¡Tremenda respuesta del pueblo iraní!. En 4 meses no han podido (ni podrán) con el valeroso país persa, y por ello el sofisticado barco va todo maltrecho y destartalado, producto de los «bombazos», rumbo a su base en Estados Unidos.
Cabe destacar que ese mismo imperio norteamericano junto a Israel, asesinaron el 28 de febrero a toda la cúpula religiosa y militar del país persa. Pero inmediatamente fueron reemplazados y el país todo se unió en torno a las nuevas autoridades. La ira y el dolor quedaron a un lado y antepusieron los intereses del país a lo que supuso esa miserable y cobarde acción criminal.
Afortunadamente el 5 de enero ocurrió lo mismo en Venezuela, Aún con los drones sobrevolando por toda Caracas, todavía humeantes las instalaciones bombardeadas, con el dolor y la ira por las víctimas, se juramentó la Dra. Delcy Rodríguez como presidente encargada. Ya imaginamos las terribles condiciones que suponen gobernar al país en estos momentos anteponiendo ante todo la paz, ya que se llevaron secuestrado al presidente, pero a su vez se quedaron.
Serenamente, la acción de gobierno de la Dra. Delcy Rodriguez debe ser respaldada por todos los venezolanos que amamos la Patria. Ya lo que pasó, pasó. No hay vuelta atrás. Nos hirieron, nos humillaron y no podemos sentarnos a llorar. Seamos proactivos. No creamos que los beneficios económicos, laborales, sociales, culturales y de toda índole que están por venir son gracias al innombrable gobernante del norte y a su equipo de lunáticos. Los norteamericanos jamás han traído progreso a ningún país al cual invade. Jamás. Y es allí uno de los retos de la presidenta encargada que obligatoriamente debe tener una vocería política y comunicacional que le explique al pueblo que todo beneficio obtenido es producto del forcejeo diplomático con el invasor. Hay que explicar que la paz va de la mano con la dignidad. Es sorprendente el grado de indignidad que un grupo de pseudos dirigentes sindicales fueran a la embajada del país del norte a pedir aumento salarial. ¡Por Dios!.
Ya es bastante con lo sufrido a principios del año en curso. Por ello no podemos permitir que la Patria caiga en manos de quienes han pedido a gritos que nos invadan, que se mantengan y aumenten las criminales sanciones económicas que han producido un descomunal daño económico a la Nación. Hoy, igual que ayer, andan los mismos personajes capitaneados por la entreguista Premio Nóbel de la Paz, los antipatria, buscando tomar el poder haciendo una campaña nacional e internacional que los lleve a su objetivo que no es otro que entregar de manera descarada la Patria de Bolívar.
Toda sociedad debe ser dirigida por un líder. El liderazgo es garantía de éxito y más en momentos tan turbulentos como los que vive Venezuela. Por primera vez en nuestra historia está al frente del Estado venezolano una dama, una auténtica lideresa con un gran equipo y ello nos trae a la memoria a la Vicealmirante Tsuru, quien fue reconocida como la «Gran Estratega». Una de las premisas que delineaba ésta maestra del arte de la guerra para ganar la batalla era la inteligencia y el conocimiento sobre la fuerza, ya que consideraba que la victoria se logra mediante la sabiduría, la planificación meticulosa y el conocimiento profundo del enemigo, más que por la fuerza bruta. Debemos darle el mayor respaldo a la Dra. Delcy. Ha demostrado a lo largo de su trayectoria política ser una mujer competente, preparada. Somos de los que confiamos en su inteligencia y en el conocimiento que tiene del enemigo con el cual está tratando, que se caracteriza por el uso de la fuerza. Unámonos todos bajo su Bastón de Mando y como Almiranta en Jefe, para llevar a buen puerto este extraordinario y majestuoso navío llamado Venezuela. ¡Lo lograremos!