El pasado martes 28 de abril tuvo lugar en Bilbao (Euskal Herria) una charla con la participación de Albanys Montilla, Viceministra para las Comunas y Militante de la Unión Comunera, así como Glenna del Valle Cabello, Cónsul General de Venezuela en Bilbao; para hablar sobre las comunas como herramienta de resistencia en Venezuela.
Tras las presentaciones de rigor y agradecimientos por parte de los anfitriones (Rondabide) y la propia cónsul, Albanys, como primera “ponente”, comenzó su exposición desgranando el sentido estratégico de lo comunal en Venezuela y la forma en que se quiere responder a las necesidades de la gente. Y cómo esto representa un ejercicio de resistencia.
Albanys sitúa enseguida lo comunal como un proyecto de independencia y soberanía: “lo que se viene buscando es cómo se cambia esa estructura existente desde el sistema de producción capitalista […] a un sistema administrativo, político, económico en el cual sean las mayorías las que eligen desde lo local”.
Sentido estratégico: superar el estado burgués desde la vida cotidiana
Para Albanys, el estado que heredamos “viene a partir de la instauración de las propias colonias, luego las repúblicas, luego los estados modernos”, y es un estado con “muchos vacíos y muchos huecos porque no contemplan la totalidad de las necesidades de la vida, mucho menos contemplan esa reproducción de la vida, sino que solamente se contempla el desarrollo del capitalismo”.
Frente a eso, la comuna pone sobre la mesa lo que el sistema ignora: “Hay muchos temas como, por ejemplo, mujeres e igualdad de género, que es uno de los comités que contemplan con fuerza la administración comunal”. Ella misma asume el feminismo comunal como un eje transversal fundamental: “yo soy vocera de la Unión Comunera”.
Responder a las necesidades de la gente: el mapeo casa por casa
Albanys explica con un ejemplo muy concreto cómo funciona la planificación desde el territorio. En su comuna, El Arañero de Sabaneta del siglo XXI en Caracas, se hace una cartografía social donde “no solamente se sabe el número de casas que tiene la comuna, sino el número de habitantes, el número de habitantes también con las edades”. Con esos datos, “sabemos cuántos niños y cuántas niñas hay. Y de esos niños y esas niñas, entonces la comuna en su planificación se debe preocupar si esos niños y esas niñas están yendo a la escuela, si tienen comida en sus casas, si tienen un desarrollo óptimo”.
Ese conocimiento minucioso permite que cuando el Ministerio de Salud llegue al territorio, “pueda hacer un trabajo realmente exitoso porque ya sabe cuántas personas con cuántas enfermedades, con cuántas patologías hay dentro del territorio”. Esa es la diferencia: el territorio ya tiene el diagnóstico y la solución, no hay que esperar años.
Resistencia: la guerra económica golpeó a la mujer, y la comuna respondió
Albanys relata con crudeza cómo las sanciones y el bloqueo se ensañaron con las mujeres: “desaparecieron los productos básicos, no habían toallas sanitarias […] no había métodos anticonceptivos, entonces no podías planificar ni siquiera la reproducción”. Ir a dar a luz era en “condiciones inhumanas”, y muchas madres no podían alimentarse bien. Ella afirma rotundamente: “todo esto trajo consigo para nosotros una guerra sistemática contra la mujer, entendiendo que la mujer sostiene el proyecto revolucionario en Venezuela”.
La respuesta desde lo comunal fue organizarse aún más. Y un hito de esa resistencia fue la consulta popular del 8 de marzo, orientada a “ciudades humanas y economía comunal”. Por primera vez, Albanys celebra que se pudieron votar y financiar proyectos con perspectiva de género, como las casas de cuidado o “casitas moradas”: “es donde nos podemos encontrar, donde hay atención psicológica, donde también muchas compañeras que vienen de afuera nos llevan métodos anticonceptivos y lo ponemos a disposición de las compañeras, donde hay una planificación, una discusión también desde la adolescencia”.
La comuna como refugio incluyente y la declaración final de resistencia
Albanys cuenta un hecho revelador: con el bloqueo económico, “la gente de oposición o que no apoyaba el gobierno que se quedó en Venezuela […] los de la derecha son los primeros que están en la reunión” de la comuna, porque si no participaban se quedaban sin recursos. La necesidad material los integró.
Cierra con una afirmación contundente sobre el sentido profundo de lo comunal: “así como nosotros y nosotras desde allá seguimos construyendo un modelo desde lo comunal que no tiene todo resuelto […] estamos intentando en realidad descifrar un modelo distinto, un modelo alternativo al sistema capitalista”. Y advierte que por eso han asesinado y secuestrado a sus líderes, pero sentencia: “seguiremos nosotros y nosotras empeñados aunque la vida nos cueste y aunque con la vida no podamos ver nunca eso distinto […] porque esa alternativa de eso distinto siempre va a ser un hogar para el pueblo del país vasco”. Finaliza con el grito que resume todo: “Viviremos y venceremos. Internacionalicemos la lucha, internacionalicemos la esperanza”.
En su intervención, la cónsul de Bilbao, Glenna Del Valle, reafirma a Albanys: las comunas como muralla de acero frente al bloqueo
Tras escuchar a Albanys, la cónsul toma la palabra para reforzar su mensaje, partiendo de una realidad brutal: más de mil sanciones o medidas coercitivas unilaterales impuestas a Venezuela. Su objetivo no era un “cambio de régimen” –dice– sino “una apropiación de los recursos, de nuestros recursos”.
Reafirmación del proyecto comunal como eje estratégico
La cónsul conecta directamente con lo dicho por Albanys al recordar que el 10 de enero de 2025, cuando el presidente Nicolás Maduro se juramentó, presentó un proyecto de país con “las siete transformaciones”. Y subraya: “el quinto punto se refiere a las comunas, a la consulta popular, al reforzamiento de las comunas en búsqueda más adelante de un estado comunal”, que es “el fin último de la revolución bolivariana”. Esa transformación, afirma, ha sido “la muralla de acero que ha tenido Venezuela en los últimos años”.
Respuesta a la guerra económica: más organización, más poder popular
Coincidiendo con el relato de Albanys sobre la guerra sistemática contra la mujer y el desabastecimiento, la cónsul detalla la magnitud del ataque: el bloqueo a la empresa petrolera causó una pérdida de producción de “más del 200%” del PIB petrolero. Llegó la pandemia y “Venezuela no tiene derecho al uso del sistema financiero internacional”. Pero a pesar de ello, el país ha tenido 21 trimestres seguidos de crecimiento económico (más del 6%), no por concesiones extranjeras, sino por “el ingenio del trabajador venezolano que ha tenido que reparar cada tornillo”.
Y ahí la cónsul refuerza la tesis central de Albanys: “su base principal ha sido la organización de base, y en esa organización de base las comunas juegan un papel primordial”. Añade que, a su juicio, las comunas “sustentan el gobierno en estos momentos” porque Estados Unidos sabe que “Venezuela en sus bases, en sus pueblos, en sus comunas, en sus calles está debidamente organizado”.
La consulta del 8 de marzo: reafirmación del liderazgo femenino
La cónsul retoma el ejemplo estrella de Albanys –la consulta popular del 8 de marzo– para darle cifras contundentes: se aprobaron más de 4.500 proyectos presentados por los circuitos comunales, y más de 41.000 proyectos estaban en manos de mujeres. Así valida lo que Albanys llamó “guerra sistemática contra la mujer” y la respuesta desde el feminismo comunal.
Soberanía alimentaria y resistencia cotidiana
Para cerrar el círculo con los ejemplos de Albanys sobre la economía de la complementariedad (Andes, Llanos, ciudades), la cónsul afirma: “gracias a las comunas, en este momento nosotros podemos decir que más del 96% de lo que se come en el plato de comida diario en Venezuela es producido en Venezuela. Hay una soberanía alimentaria absoluta”. Esa es la prueba de que “la resistencia que estamos llevando no es de ahorita, se ha ido perfeccionando”.
Desmentido de la narrativa hegemónica y defensa del proyecto
La cónsul refuta directamente la acusación de que “el régimen tiene al pueblo pasando hambre”: “nadie dice que la gente ha pasado hambre en Venezuela porque las sanciones impedían que llegaran los alimentos […] se murió mucha gente por falta de medicamentos”. Y denuncia que los recursos incautados por Juan Guaidó (avalado por Estados Unidos) se usaron para “beneficio y enriquecimiento propios”.
Finalmente, al igual que Albanys cerró con un mensaje de esperanza y lucha, la cónsul aclara que el presidente Nicolás Maduro sigue siendo el presidente (hay una presidenta encargada, Delcy Rodríguez, porque Maduro fue secuestrado junto a Cilia Flores el 3 de enero). Y una de las luchas más grandes es “tratar de recuperar la vuelta de Nicolás y de Cilia”.
En conclusión, la cónsul no añade una línea nueva, sino que apuntala con algún dato más cada uno de los hilos que Albanys tejió: lo comunal como proyecto estratégico, su capacidad para resolver necesidades de la gente (salud, alimentación, cuidados), y su carácter de resistencia activa frente al bloqueo y la guerra híbrida. Ambas coinciden en que sin comunas organizadas, la revolución bolivariana no se habría sostenido.
El acto concluyó con algunas aportaciones y preguntas de los presentes en las sala.