José Sant Roz
Jorge Arreaza, admiramos tu compasión y sabiduría, no sé si también debamos amar con igual fruición a Enzo Franchini, quien quemó vivo a Orlando Figuera…
Ahora es cuando venimos a caer en la cuenta de que el señor diputado Jorge Arreaza es un hombre profundamente humano, sensitivo a extremos más allá de las prácticas sublimes de Nuestro Jesús, El Crucificado. Se yergue don Jorge en su bondad infinita, y no sólo pide darle la mano a Yon Goicochea sino también abrazarlo con fruición. ¡Qué gran alegría, Dios mío! Debieron haber dialogado largamente sobre “aquellos años locos”, antes de estos anuncios, ventilados con harta festividad por los medios, por las redes, concertando un encuentro tan grandioso como el que se dio entre Simón Bolívar y don Pablo Morillo en Santa Ana, Trujillo. Bolívar lo hizo para que el Pacificador se fuera para siempre, pero don Jorge Arreaza busca el referido encuentro para que don Yon con su desplante y sus proyectos vuelva para siempre…
Don Jorge lo expone como un acto de amplísima bondad y comprensión política, en el plano de la unidad más profunda y sublime por todo lo que estamos buscando en este momento: confundirnos todos en un gran abrazo, hacer tabla rasa del pasado, que aquí EN VERDAD no ha pasado nada. De que aquí en el fondo no hubo maldad de parte de los opositores de la talla de don Yon Goicochea (sino, que se dejaron llevar por la emoción),… que aquí no existieron terroristas que diabólicamente salieron a derrocar “al régimen”, de los que planificaron atentados ¡VÉNGANSE TODOS! ¡Preparen sus maletas Franklin Virguez, Carlos Baute, Julio Borges José Antonio Colina…! Porque, para qué ponernos a discriminar en esta hora que nos reclama una hermandad tan amplia, milagrosa y hasta sagrada. Que se venga sobre todo José Antonio Colina y Enzo Franchini Oliveros, quien calcinó a Orlando Figuera por parecer chavista, pero sobre todo por “mono” (en lo que Baute está totalmente de acuerdo) ¡dejándose llevar todos ellos por la emoción homicida! Si éste, Enzo Franchini , quemó vivo a uno, aquel, don Yon Goicochea, asesino a miles promoviendo guarimbas y pidiendo sanciones, al punto que los gringos lo consideraron (digno del Premio Milton Friedman por la Libertad en 2008) un héroe, pues, de la categoría civilista de don Luis Posada Carriles.
Pues bien, don Jorge, que aquí, al parecer, nadie entonces murió por escasez de medicina, por falta de equipos médicos, por paros petroleros, por la más grande y pavorosa migración forzada por asedios bloqueos o sanciones. La posición de don Jorge refuta de manera frontal a William Castillo, quien sostiene que por lo menos unos 400 mil seres humanos perecieron de una u otra manera por las malditas sanciones. ¿Qué pensará William Castillo de lo que propone don Jorge, eso de abrazar con fruición a don Yo Goicochea? Yo pido perdón por lo de “maldito” porque andamos en una onda de paz y reconciliación, de amor y unidad partidista total y absoluta, de la cual el odio debe ser excluido, exterminado. Amemos todos por efecto del síndrome de Estocolmo porque nos sentimos identificados profundamente con el agresor, con el secuestrador y pavoroso pedófilo Donald Trump (¡y perdonen de nuevo lo de pedófilo!, lo cual a la postre podría llevarnos a otra invasión a otra debacle). Arrodillémonos, imploremos perdón como buenos cristianos y evangélicos que somos, pongamos la otra mejilla como manda el Dios Supremo que todo lo perdona. Antes, Trump era un asco mofletudo y anaranjado, redundante y asqueroso, pero ahora estamos pendientes de su seguridad, de su salud y de todo lo que piensa sobre nosotros, al punto que también pedimos a Dios, nos conmovemos a punto de lágrimas porque no le pase nada y hacemos comunicados para que se proyecten a nivel mundial, algo que no hicimos cuando el ayatolá Alí Jamene fue asesinado en Irán por los gringos (ayatolá Alí Jamene quien nos prestó grandes servicios humanitarios en situaciones terribles y hasta extinción de toda una población). Y ahora resulta que casi se puede decir que existimos gracias a Trump y gracias a que él asesinó el 3 de enero a 120 compatriotas y secuestró a nuestro Presidente y a su esposa. Por esa masacre, entonces, ahora venimos a descubrir lo grandioso, amable y dulce que es Trump. Yo creo que a nivel de ingratos y pérfidos no llegamos, porque cada cual ha de pagar sencillamente por lo que es. Y eso es lo que estamos pagando. Somos lo que somos… ¡Ave, César!