La violencia en el Cauca

Horacio Duque

Tenaz y tenebrosa la violencia en el Cauca, el Valle del Cauca, Nariño y Putumayo.

Los eventos sangrientos han ocurrido en una seguidilla que ha golpeado a Cali, Palmira y Mondomo; hoy a Piendamó y Cajibío. Me afecta con fuerza el atentado de esta tarde en que han muerto casi 14 personas, pues Piendamó es mi segunda patria chica, donde hace su vida, desde hace décadas, parte de mi familia. Toda mi solidaridad con las personas y familias afectadas por este aterrador acontecimiento.

De esta violencia nos hemos ocupado en distintas reflexiones para interpretarla en su actual contexto asociada con un «tercer ciclo» de la larga guerra civil que golpea a Colombia desde mediados desde el siglo XX, con un primer ciclo localizado en los años 50 de la pasada centuria en que fueron asesinados medio millón de personas de un país con 9 millones de habitantes; con un «segundo ciclo» gestado a mediados de los años 60, con un aparente cierre mediante los Acuerdos de paz del 2016, entre el gobierno liberal de Juan Manuel Santos y las guerrillas campesinas de las Farc lideradas por  Manuel Marulanda.

Sin embargo, las cosas no quedaron bien resueltas porque las fuentes sociales y políticas de la violencia se activaron con la determinación de hacer trizas los pactos de La Habana y la paquidermia estatal para implementar la reforma agraria integral, la democracia ampliada y la protección de los excombatientes masacrados de manera sistemática en los territorios y zonas veredales.

Así, presenciamos la recomposición de los actores de la violencia guerrillera y paramilitar y la sostenibilidad de aquellos que se marginaron de cualquier posibilidad de hacer pactos con el gobierno, como ha sido el caso del ELN.

La Paz total de la actual administración ha intentado salir del presente embrollo sin lograr mayores avances, al tiempo que se ha dado un evidente viraje en la organización y operación de los actores armados por el impacto de las guerras hibridas, las guerras cognitivas y el uso de los avances tecnológicos que han incorporado al conflicto el uso masivo de los teléfonos celulares, los drones, el ataque cibernético y la guerra electrónica.

Estamos delante de nuevas formas de violencia, como las registradas en estos días, y la mera reacción armada del gobierno con sus aparatos militares, seguramente no resolverá nada porque los usos de los sempiternos ataques contrainsurgentes ponen las bases de la réplica feraz y demencial de las organizaciones armadas realmente existentes, articuladas a la tradición de la guerrilla de las Farc; que es el caso de las columnas del EMC de Ivan Mordisco en el sur occidente: La Jaime Martínez, la Carlos Patiño, la Franco Benavides, la Urias Rondon, la Dagoberto Ramos y la Adán Izquierdo, que son las redes hegemónicas en los territorios aludidos.

Es muy probable que la respuesta del Estado y el actual gobierno coloquen más ingredientes a la violencia complicando las cosas por una inadecuada caracterización de este fenómeno. Los y las señoras (la Paloma uribista) de la violencia ultraderechista están impulsando la idea de militarizar, metro a metro, la via entre Cali y Pasto. Ellos, que son unos magos en armar grupos paramilitares y en falsos positivos, utilizaran tal invento para crear un infierno peor que el que estamos viendo.

Creo que la violencia caucana contemporánea hay que caracterizarla con la mayor objetividad para ofrecer soluciones eficaces; en tal caracterización es prioritario definir la incidencia de la degradación del Estado, del gobierno regional y del campo político penetrado por la más aguda corrupción en la que intervienen todas las facciones y sectores políticos de Popayán, desde la izquierda hasta la derecha; en el Cauca el robo y despojo de los dineros públicos es aberrante. Basta con mirar lo ocurre con las plazas de mercado del Plateado, Puerto Tejada, con los Puntos de Abastecimiento Solidario PAS y las inversiones de las Regalias en el Pdet del Alto Patía y sus 23 municipios, en que todos los proyectos son objeto de la voracidad de connotados dirigentes parlamentarios de la actual hegemonía; en ese sentido el gobernador Guzman, el alcalde de Popayán y otros burgomaestres tienen mucho por explicar a la comunidad.

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