Irán se niega a ceder en sus capacidades nucleares y militares

Ni la ‘teoría del loco’ le funciona a Trump

Carlos Fazio / rebelion.org

El martes 21 de abril, firme en su posición de no ceder ante los chantajes de Donald Trump en una segunda ronda de conversaciones en Islamabad, Pakistán, el gobierno de Irán declinó enviar emisarios al encuentro. Fue, sin duda, una decisión meditada que envió a su contraparte un mensaje inequívoco: Irán, que había venido librando hasta ahora una guerra existencial defensiva, negociará únicamente desde una posición de fuerza. No realizará concesiones al enemigo. Se siente el vencedor en el campo de batalla, y el vencedor dicta las condiciones.

Como parte de un claro encuadre estratégico para terminar la guerra de manera permanente, esa posición iraní se fue consolidando a medida que el alto el fuego de dos semanas se acercaba a su fin, y obligó al siempre arrogante y marrullero Trump a conceder una nueva tregua para ganar tiempo. Coloquialmente, de manera involuntaria, el magnate se vio obligado a reproducir la tendencia que tanto lo enfurece: TACO (“Trump always chickens out” o “Trump siempre se acobarda”), acrónimo que le endilgara un periodista del Financial Times en agosto de 2025 y que desde entonces ha sido jocosa tendencia en las redes sociales.

Como han reconocido políticos, académicos y medios estadunidenses y europeos, el 28 de febrero Trump desató por segunda vez a traición una guerra de agresión contra Irán con objetivos declarados muy ambiciosos: desde el cambio de régimen hasta la destrucción de la infraestructura militar y nuclear de Irán. No logró ninguno de ellos. Ahora, busca desesperadamente negociaciones, no por buena voluntad, sino por necesidad. Por el contrario, Irán no solo sobrevivió a 40 días de agresión sin restricciones, sino que emergió más fuerte, más unido y más capaz de infligir daño a sus adversarios.

Además, Irán introdujo una distinción crítica a la mesa de negociaciones: según su marco analítico, no se trata de ceder activos estratégicos en la mesa sino de acordar el fin permanente de la guerra de manera digna. Su lógica es clara y sencilla y no debe ser malinterpretada como un rechazo a la diplomacia: Irán no comenzó esta guerra. Le fue impuesta por Estados Unidos e Israel en medio de las conversaciones nucleares en Ginebra.

Teherán ha acordado solo un alto el fuego, un silencio en el campo de batalla. Pero la guerra no ha terminado formalmente. Por lo tanto, cualquier negociación debe referirse a los términos para terminar la conflagración, y no, como pretenden EU e Israel, para desmantelar las capacidades nucleares o misilísticas defensivas de Irán. Ambos temas, están, para Irán, fuera de la mesa.

Como señala un análisis del sitio web del canal de televisión iraní Press TV, con sede en Teherán, después de décadas de sanciones ilegales, presión militar y campañas de asesinato, los programas de misiles y nucleares de Irán siguen no solo intactos, sino que han experimentado un crecimiento exponencial. Si el enemigo no pudo tomar esos activos en el campo de batalla, ¿por qué Irán habría de entregarlos en la mesa de negociaciones?

Además, negociar sobre estos activos legitimaría la agresión del enemigo. Si Irán se sentara a discutir sus niveles de enriquecimiento, existencias de uranio o alcances de misiles, aceptaría implícitamente que estos son temas legítimos de intervención extranjera. El enriquecimiento, la propiedad del uranio, la dilución o no son asuntos internos del país en los cuales ninguna entidad extranjera tiene derecho a interferir.

Parafraseando al secretario de Guerra de EE.UU., Peter Hegseth, la “diplomacia” de Washington y Tel Aviv son las bombas. Irán ya ha aprendido la lección histórica. Por eso, ahora, desde una posición de fuerza, su lógica es meridiana: si el gobierno iraní hace concesiones ahora, se atraparía a sí mismo en un ciclo destructivo: guerra, alto el fuego, negociaciones (simuladas y dolosas por parte de EU e Israel), concesiones, perfidia, luego otra guerra. El enemigo aprendería que la agresión paga: que al lanzar guerras ilegales e injustificadas e imponer lo que llama “máxima presión”, puede obtener concesiones de Irán. Por eso, no quiere repetir esa secuencia.

Otro ultimátum…

Al amanecer del martes 21 de abril, el “día D” postrero de una larga serie de ultimátums fallidos de Donald Trump a las autoridades iraníes para que aceptaran la capitulación en una guerra impuesta, las narrativas de ambas partes eran francamente contradictorias. Mientras por enésima vez Trump amenazaba desde la Casa Blanca con hacer uso de una fuerza militar abrumadora e indiscriminada sobre Irán, si al expirar el alto al fuego la noche de ese día sus autoridades no aceptaban la rendición incondicional en Islamabad, desde la nación persa llegaba la advertencia de que no aceptarían negociaciones “bajo la amenaza de la violencia” y que sus fuerzas armadas estaban preparadas para “mostrar nuevas cartas en el campo de batalla”.

A su vez, Pakistán, en su papel de mediador, realizaba activas gestiones para lograr un reconocimiento no oficial por parte de Estados Unidos del levantamiento del bloqueo naval impuesto a los puertos iraníes. En ese contexto, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, tenía previsto llegar a Islamabad para encabezar la delegación de su país en una nueva ronda de negociaciones. De acuerdo con expertos, el anuncio de su visita podría indicar que Washington  había recibido “señales positivas” del mediador pakistaní, aunque no existía confirmación oficial sobre una segunda ronda de conversaciones.

Según informaciones difundidas por la agencia panárabe Al Mayadeen, EU estaría dispuesto a aceptar un “levantamiento no declarado” del bloqueo, permitir la libre circulación de buques y petroleros iraníes sin interceptación, mientras mantuviera su presencia naval cerca del golfo de Omán. En contraste, Teherán exigía un anuncio público y explícito del levantamiento del bloqueo como condición indispensable para avanzar en el proceso diplomático, debido a la desconfianza hacia la administración Trump. Irán rechazó negociar “bajo amenaza” y denunció la toma de control del buque iraní Tosca por EU como una violación de la tregua.

Por la mañana, mediante un comunicado, el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Islámica había condenado en términos enérgicos el ataque al buque comercial Touska (Tosca) ocurrido la noche del domingo 19 de abril cerca de sus aguas territoriales en el mar de Omán, y denunció la captura de la tripulación y sus familias. El texto calificó el ataque como un “acto ilegal y salvaje”, y sostuvo que se trató de un “acto de piratería marítima y terrorismo” que violó el  acuerdo de alto el fuego del 8 de abril. Según el comunicado, la tripulación y sus familiares fueron intimidados y tomados como rehenes durante el ataque, en un episodio que Teherán consideró una grave escalada.

A su vez, en Nueva York, el representante permanente de Irán ante las Naciones Unidas, embajador Amir Said Iravani, declaró en conferencia de prensa que el bloqueo naval por parte de EE.UU. “es una violación del alto el fuego, cuya anulación es condición para el reinicio de las negociaciones”. Afirmó, también, que “tan pronto como Washington ponga fin al bloqueo naval, creo que la próxima ronda de negociaciones se llevará a cabo en Islamabad”.

Según declaró un funcionario estadunidense a Axios, Trump quiere que la guerra termine ya, pero bajo sus condiciones. Dijo: “(Trump) está harto. Quiere que esto termine. No le gusta que Irán mantenga el control (del estrecho de Ormuz) en Medio Oriente. No le gusta que lo tengan como arma de coacción. No quiere seguir luchando. Pero lo hará si siente que tiene que hacerlo”.

Sin embargo, por la noche del 21 de abril, en un claro retroceso de sus posiciones previas de que no prorrogaría el alto el fuego, y a pesar de que Irán no envió ninguna delegación para participar en las conversaciones de Islamabad, Trump anunció de manera unilateral otra “pausa” en las hostilidades bélicas,

En la cuenta de su plataforma Truth Social, Trump, escribió: “Prolongaremos el alto el fuego hasta que Irán presente su propuesta y concluyan las negociaciones, sea cual sea su forma”. En un nuevo intento por ganar tiempo y a manera de control de daños, el magnate justificó la prórroga diciendo que se produjo “a petición del mariscal de campo Asim Munir y del primer ministro Shehbaz Sharif de Pakistán”, y que el cese de la agresión de EU continuaría hasta que susadversarios(los líderes y representantes de Irán) “puedan presentar una propuesta unificada”.

No obstante, afirmó que continuaría el ilegal bloqueo sobre los puertos y embarcaciones de la República Islámica, a pesar de la insistencia inequívoca de Teherán en que el bloqueo naval debe ser levantado para que las conversaciones bilaterales continúen.

El miércoles 22, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) advirtió que está preparado para lograr “avances y sorpresas aún mayores, más allá de la comprensión y los cálculos del enemigo en el campo de batalla”, y aseguró que, “en una posible nueva fase de la guerra” contra EU e Israel, “infligirá golpes devastadores e inimaginables contra los recursos restantes del enemigo en la región”.

El organismo afirmó que “la mayor parte de las infraestructuras militares” de EU e Israel en la zona del Golfo fueron destruidas tras “sufrir un duro golpe”, y que “está listo para enfrentar de manera decisiva, definitiva e inmediata cualquier amenaza o repetición de la agresión enemiga”.

El CGRI dijo que las 100 oleadas de operaciones combinadas con misiles y drones lanzadas por Irán desde el comienzo de las hostilidades, “paralizó y cegó la capacidad de discernimiento militar del enemigo”, asestando golpes devastadores a sus infraestructuras, centros estratégicos y capacidad de apoyo. “Ello condujo a un ‘vacío cognitivo’ del frente agresor e invasor en el campo de batalla y, posteriormente, a errores de cálculo y a súplicas de alto el fuego a Irán”. Tras “el derrumbe de la hueca hegemonía del poder militar de EU e Israel”, la región se encamina hacia un “nuevo orden en Asia Occidental”, sin potencias extranjeras y con un entorno más estable y seguro, concluyó el comunicado del CGRI.

Por su parte, el asesor del presidente del Parlamento iraní, Mahdi Mohammadi, criticó duramente la nueva moratoria trumpista. Manifestó que “la prórroga del alto el fuego por parte de Trump no significa nada. La parte perdedora (refiriéndose a EU) no puede imponer condiciones”. Y argumentó que “la continuación del asedio no difiere del bombardeo y debe responderse con una acción militar.” Además, la prórroga ciertamente significa ganar tiempo para un golpe sorpresa. El momento de tomar la iniciativa es de Irán”, sentenció.

De acuerdo con los pronunciamientos públicos de varios integrantes del gobierno iraní, puede deducirse que la República Islámica se considera vencedora indiscutible de la guerra de agresión de 40 días, y Teherán es ahora quien fija las condiciones, y no a la inversa. Según las autoridades persas, la parte que solicitó el alto el fuego en esta ocasión no fue Irán, sino Estados Unidos.

Después de agotar su arsenal de opciones políticas y militares acumulado durante 47 años, Washington no ha logrado alcanzar ninguno de sus objetivos declarados. De hecho, ha sufrido pérdidas tanto en el plano militar como en el diplomático, y también ha perdido la batalla de la narrativa. Asimismo, ha perdido el derecho de tránsito por el estrecho de Ormuz —un derecho del que gozaban antes de su más reciente aventura militar contra Irán—, influencia sobre los mercados energéticos globales y sus bases militares en Medio Oriente.

Critican en EE.UU. las posiciones maximalistas de Trump

Fiel a su estilo de diseminar paparruchas (fake news o embustes) con fines diversionistas, Trump aseguró que el gobierno iraní se encuentra en graves problemas financieros y exige la apertura del estrecho de Ormuz debido a su desesperación económica. “¡Irán se está derrumbando financieramente! Exigen la apertura inmediata del estrecho de Ormuz. ¡Están desesperados por dinero! Pierden 500 millones de dólares al día. Militares y policías se quejan de que no les pagan. ¡SOS!”, escribió el mandatario a través de su cuenta de Truth Social.

Sin embargo, su decisión desató una ola de críticas en Washington. En particular, el congresista republicano, Mike Quigley, cuestionó la capacidad mental del presidente para ejercer sus funciones. En su red social X, el legislador escribió que el juicio político o la aplicación de la 25.ª enmienda (que permitiría destituir a Trump) “no se trata ya de una disyuntiva. Trump es incapaz de cumplir con sus funciones y ha cometido delitos graves. El presidente necesita una evaluación cognitiva independiente de inmediato. No podemos esperar a que se enfade con Irán u otro país y decida cometer crímenes de guerra en plena noche.

En relación con los señalamientos de Mike Quigley, cabe apuntar que por estos días medios como The Guardian han comentado que Trump estaría aplicando la llamada “teoría del loco”, estrategia que consiste en llevar a los adversarios a dudar de la cordura y estabilidad mental del presidente para intimidarlos hasta tal punto que acaben haciendo concesiones que de otro modo no harían. Fue la estrategia diplomática practicada por Richard Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger, para sacar a EE.UU. de la Guerra de Vietnam. De ahí las promesas de Trump sobre acabar con la civilización persa y reenviar al país a la Edad de Piedra antes de llegar a una tregua.

Por su parte, el exnegociador estadounidense Aaron David Miller señaló que la crisis actual es consecuencia de la “insensatez de una guerra de elección”. Expresó que EE.UU. se enfrenta ahora a un largo periodo sin posibilidad de negociación; sin garantías de que no habrá escalada; sin tránsito por el estrecho de Ormuz, y con la economía global sufriendo. “Estados Unidos no tiene salidaˮ, escribió Miller en X.

A su vez, Daniel DePetris interpretó la extensión de la tregua como un intento de ganar tiempo por parte de Washington para evitar una reanudación del conflicto. Sin embargo, advirtió que esta decisión podría ser percibida como una victoria por Teherán. Añadió que el bloqueo naval impuesto por Trump no constituye un activo estratégico, sino más bien un obstáculo para entablar negociaciones serias con Irán. A su juicio, el magnate neoyorquino consideraba que esa medida serviría como un instrumento de presión para forzar a Teherán a negociar bajo sus propios términos, pero el resultado ha sido exactamente el contrario.

¿Por qué EE.UU. necesita negociar desesperadamente?

En síntesis, la agresiva campaña mediática de Trump y sus propagandistas en torno a las conversaciones en Islamabad revela una profunda desesperación. Washington no tiene nada que mostrar por su guerra impuesta al pueblo iraní. Lo único que puede hacer es fabricar narrativas, difundir bulos e intentar engañar a la opinión pública. Ese no es el comportamiento de una superpotencia militar, sino el de una parte derrotada que intenta escapar de un atolladero en el que se encuentra atrapada.

Esa desesperación le otorga a Irán una palanca extraordinaria. Y esa palanca debe ser utilizada, no desperdiciada. Las líneas rojas iraníes están claras. Y sus negociadores lo saben muy bien. Se trata de una posición estratégica calculada, basada en una evaluación del campo de batalla, la desesperación del enemigo y el valor de sus propios activos estratégicos. Irán está dispuesto a negociar los términos del fin de la guerra. Pero no negociará sus capacidades defensivas, su programa nuclear, su legítimo control sobre el estrecho de Ormuz y el derecho de su pueblo a reparaciones.

Desde el punto de vista de Irán, Estados Unidos perdió. Y hasta que Washington internalice esa realidad, cualquier negociación, ya sea en Islamabad, Ginebra o en cualquier otro lugar, seguirá siendo un ejercicio fútil. La pelota está en el campo de Trump. Pero por más que le pida ayuda al obsecuente presidente de FIFA, Gianni Infantino, las reglas del juego las escribe Irán.

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