Mi palabra
“¿Dónde hay un premio mejor
que el saber que lo mereces?”.
Adelardo López de Ayala
Por: Narciso Torrealba
Una señora, a quien no le he conocido otra afiliación política: adeca de nacimiento y corazón, siguiendo la tradición de sus padres y de ese hogar de personas muy humildes y tratables no salía uno, que pensara distinto, porque veneraban a Rómulo Betancourt, como un dios. El lunes muy temprano me la conseguí en la calle, como paseando los años para no oxidarse, como carro viejo arrumado, y apenas me vio soltó una expresión, como si la estaba ahogando, pero de una verdad irrevocable: ¡Le dieron ese premio Nobel a la María Corina, para que siguiera jodiendo, porque no tenía otra después de la cagada de pedir una invasión para Venezuela!
A esta mujer muy poco la veo, a pesar, que andamos rondando la misma edad y la conozco, cuando apenas ingresé al PCV y empecé a divulgar el semanario ideológico (Tribuna Popular) totalmente antiimperialista, en una organización, como decían en aquel entonces de manera despectiva ¡Cuatro gatos!; la militancia sigue igual, pero ideológicamente se ha degradado, y el correr del tiempo, ha traído cambios importantísimos en medio del acoso del imperialismo, como el de esta matrona, quien reconoce el daño, que le viene haciendo al país la María Corina, y ahora, aprovechando el Nobel de la paz, más su arrastrada a los pies de Trump, ha terminado por creerse la propia centella capaz de propagar el incendio y destruir el proceso bolivariano.
Por el otro lado, el impulso a través de las redes, lo viene acompañando con el cambio de indumentaria, producto de los dólares del premio, a pesar que viene de una cuna de oro. El conocido blue jeans y la camisa blanca, uniforme que la identificó en su etapa de guarimbera, en la campaña electoral y en todas sus andanzas en contra del proceso bolivariano, desaparecieron del escenario político. Ahora, son trajes muy elegantes y costosos de las mejores tiendas de ropa de Europa, muy lejos de una tira piedra, con rostro de guapa, soberbia, hasta llegar al disparate de pedir la invasión gringa, como solución a los problemas, que la misma derecha fascista de la oposición con los desechos de AD y COPEY, impulsaron dejando un verdadero lastre.
Por eso, a raíz de la expresión de la señora, me hago la pregunta ¿Qué sería de María Corina, sin el Nobel de la paz y el apoyo del imperialismo? Simplemente una velita en un rincón del país, en total extinción y por mucho soplar difícilmente significaría algún peligro, como ha sucedido con conocidos e incontables dirigentes, que envalentonados se lanzaron por la calle del medio, pensando, que era cuestión de echarle un pequeño empujón al proceso bolivariano para que se derrumbara, pero han terminado desaparecidos, frustrados con su llorona en otro lado y algunos de ellos ni siquiera han podido aprovechar el zarpazo del 3 de enero de la mente criminal de Trump. No sé si por vergüenza o simplemente no consiguen las caretas para volver con sus andanzas.
Por su parte, María Corina, la inhabilitada por vendepatria, carga un show novelesco propio de una villana, siendo utilizada y exaltada por la derecha fascista en suelo español, una muestra de cómo el imperialismo va creando estos monstruos políticos para poder mantener una hegemonía, que por razones históricas se va debilitando, ya que, las propias contradicciones internas en los Estados Unidos, parecen imposible de subsanar, porque a pesar de su poder económico y militar, ha sido a través del tiempo un país parasito. Ahora, la lista de personajes ansiosos por destacar, como fieles defensores del capitalismo salvaje es muy peligroso, no por la cantidad, sino por la enfermedad mental de un dúo totalmente desquiciado con sangre en las manos: Trump y Netanyahu, y de estos reciben órdenes Javier Milei, Daniel Noboa y la última muestra de una verdadera farsante María Corina Machado, quien se pasea, como en un desfile de moda en cuanto país, la derecha le prepara el teatro, como sucedió recientemente en España, pero no se atreve a nombrar parte de la invasión, que pedía a gritos, como son los hechos del 3 de enero. ¡A bichita pa´ cínica!