Mi palabra
“Lo que trae la victoria
no es la potencia del ejército
ni la habilidad en el uso de las armas,
sino la fuerza del espíritu”
Johann Fichte
Por: Narciso Torrealba
Los laboratorios mediáticos del imperialismo, que todo lo hacen para penetrar en el subconsciente del ser humano de la manera más sofisticada posible y así someter pueblos enteros, ya que, por la vía de las armas a cada momento salen mal parados, aún, cuando no desperdician un segundo para presentarse, como los vencedores y caso contrario, cuando ven la derrota muy cerca, hacen todos los preparativos para presentar los resultados, como un empate de manera disimulada en un verdadero tira y encoje. A esa estrategia está recurriendo el desquiciado de Trump y, ni aún así ha despertado alguna muestra de credibilidad en su cada día más reducido grupo de partidarios y colaboradores.
Los últimos informes de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, no son nada halagadores para el dúo perverso de Netanyahu y Trump, y por eso han tenido que recurrir al recurso del manejo de los medios, que de por sí, no tienen nada que decir y esconder, porque los resultados están a la vista de todo el mundo, cuando aseguraban aplastar al noble pueblo iraní, en cuestiones de hora y hasta los momentos, lo que encontramos en la mayoría de los noticieros occidentales, es prácticamente un hermetismo total y apenas algunos avances relámpagos, sin ninguna muestra de haber salido airosos en el criminal ataque.
Trump, y todos los movimientos del imperialismo en el mundo, están dando demostraciones de un sistema en decadencia a un ritmo, que ni ellos mismos se lo imaginaban. El patio trasero en América Latina, se les ha venido reduciendo y por eso han implementado nuevas estrategias y todas van acompañadas del símbolo monetario: el dólar, hasta ponerle precio a lo de ellos, como les da la gana y a lo que no es de ellos y tampoco producen. Por eso la desesperación por conseguir el petróleo es una tarea de vida o muerte, porque es el principal sostén de una sociedad, el cual se encuentra embelesado por cuanto invento superfluo se les ocurre y muchos de ellos llevan, como principal atractivo la violencia.
Desde el mismo momento de llegar a la Casa Blanca, el Trump, demostró la sanguinaria mentalidad de un imperialista ansioso por destacar en defensa del capitalismo salvaje, y para esos macabros propósitos se ha apoyado en algunos países, con personas sin ningún escrúpulo. En el tiempo de la pandemia del Covid-19, lejos de prestar alguna colaboración para combatir esa terrible epidemia, lo que hizo fue implementar y arreciar medidas coercitivas contra Venezuela, buscando desatar una hambruna, ante un bloqueo iniciado por el Barack Obama, con sanciones sin ninguna justificación, quien de paso no se ha escapado de las burlas de Trump, en una muestra de racismo propio de un mandatario, el cual lo único que le faltaba era compararse con Jesucristo y hasta ahí ha llegado, al mandar hacerse una postal, como pidiendo alabanzas y honores algo propio de un dictador.
La guerra contra Irán, por parte de estos dos condenados a desaparecer en el basurero de la historia, se está extinguiendo, como pasó con el paro petrolero en Venezuela, comandado por el servil de Carlos Ortega, sin mucha bulla, pero todo indicaba, que el fracaso estaba a la vuelta de la esquina. Es tan así, que los más cercanos colaboradores de Trump, también están desapareciendo de la escena política y el mismo Marco Rubio, quien casi volaba muy poco da la cara y cuando aparece al lado de su jefe, es con el rostro marcado por la frustración, como el que ha vendido a crédito y no consigue a los deudores. Lo que les queda, es seguir con las amenazas y conseguir a quien asustar, porque el mismo Papa León XIV, se lo dijo: ¡No me asustan las amenazas de la Casa Blanca!