‘Consejo de Paz’: de los hechos al relato, al margen del orden internacional

Por: Eduardo Mernies (*)

Fuente: mediomundo.uy

La circulación de un supuesto ‘Consejo de Paz’, sin base institucional ni reconocimiento jurídico, pone en evidencia nuevas formas de construcción de legitimidad en el sistema internacional. Su instalación en el discurso político y mediático no solo tensiona el papel de la ONU, sino que también refleja el avance de lógicas de poder que desafían el orden basado en normas.

La aparición de iniciativas sin base formal ni reconocimiento jurídico, como el llamado ‘Consejo de Paz’ de Donald Trump, lleva a analizar la construcción de mecanismos de legitimación en el sistema internacional y las tensiones que esto genera para la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el orden basado en normas y la amenaza que esto supone para la paz.

En los últimos años, el sistema internacional ha cambiado en sus estructuras formales, pero también en los modos en que se construye reconocimiento. En este contexto, circula en ciertos ámbitos políticos y mediáticos la idea de un supuesto ‘Consejo de Paz’. Incluso, voceros de la administración Trump le atribuyeron capacidad e impacto concreto en situaciones específicas (aunque parezca increíble, el ejemplo puesto fue Gaza). Esta dinámica opera para validar una instancia sin existencia institucional y así construir legitimidad.

La cuestión adquiere mayor relevancia si se considera que, en ocasiones, grandes potencias – como Estados Unidos – han operado mediante interpretaciones controvertidas o expansivas del derecho internacional, particularmente en lo relativo al uso de la fuerza, la soberanía estatal y la jurisdicción extraterritorial. En este escenario, la eventual consolidación —incluso simbólica— de instancias de este tipo podría reforzar dinámicas unilaterales y tensionar el papel de la ONU.

Este artículo analiza si asistimos a una transformación efectiva del orden internacional o a una estrategia discursiva sin materialidad institucional, que busca legitimar prácticas unilaterales y debilitar el orden basado en normas, así como los peligros que ello implica.

Institución o relato

La idea de este ‘Consejo de Paz’ pone en cuestión la naturaleza del poder y la legitimidad en el sistema internacional contemporáneo. En términos clásicos, las instituciones internacionales se definen por: su base jurídica, el reconocimiento de los Estados y su capacidad de operar dentro de marcos normativos compartidos. Desde esta perspectiva —más allá de visiones críticas— la ONU continúa siendo el principal espacio de articulación del multilateralismo, con funciones específicas en seguridad colectiva, mediación y derecho internacional, reafirmando su centralidad como referencia institucional vigente.

Sin embargo, el escenario global actual evidencia tensiones crecientes entre este orden institucional y las prácticas efectivas de algunas grandes potencias. En este punto, el enfoque de John Mearsheimer resulta ilustrativo: las instituciones no limitan de manera sustantiva el comportamiento estatal, sino que reflejan relaciones de poder preexistentes. Bajo esta lógica, la aparición —incluso en el plano discursivo— de instancias como un supuesto ‘Consejo de Paz’, no constituye una innovación institucional genuina, sino una extensión de estrategias de poder.

Poder y narrativa

Siguiendo a Noam Chomsky, las potencias tienden a aplicar el derecho internacional de manera selectiva, reforzando su legitimidad mediante discursos que justifican sus acciones. En este marco, la atribución anticipada de capacidades a una entidad difusa construye credibilidad y contribuye a instalar una narrativa que presenta determinadas intervenciones como necesarias o inevitables.

Más allá del poder material o institucional, Pierre Bourdieu introduce la noción de poder simbólico como la capacidad de imponer una visión del mundo percibida como legítima y natural. Este tipo de poder no opera mediante coerción directa, sino a través de la aceptación de determinados marcos interpretativos. Aplicado a este caso, el ‘Consejo de Paz’ constituiría un dispositivo simbólico que, aun sin existencia formal, incidiría en las percepciones y condicionaría la comprensión de los acontecimientos internacionales.

Enfoques orientados al multilateralismo, como el de Jeffrey Sachs, advierten sobre los riesgos de fragmentación del orden global cuando se debilitan las instituciones comunes. La proliferación de iniciativas paralelas —formales o informales— puede erosionar la capacidad de coordinación internacional y dar lugar a un sistema más inestable, donde las normas pierden fuerza frente a la lógica del poder.

Legitimidad sin institución

La emergencia —incluso discursiva— de una institucionalidad no formalizada puede acompañar prácticas unilaterales y reforzar su legitimación simbólica, debilitando a los organismos multilaterales. De instalarse como referencia válida en el discurso político y mediático, reforzaría una redefinición de los mecanismos de legitimidad internacional, desplazando —aunque sea parcialmente— el papel de las instituciones tradicionales.

En este contexto, la discusión sobre el denominado ‘Consejo de Paz’ muestra cómo se producen y perciben las condiciones de legitimidad en el sistema internacional. Siguiendo la lógica de Bourdieu, estas construcciones simbólicas funcionan como mecanismos que moldean percepciones, refuerzan la aceptación de ciertas acciones y legitiman intervenciones normalmente cuestionadas por contravenir el derecho internacional o la Carta de la ONU. Estas organizaciones informales actúan como dispositivos simbólicos que condicionan la comprensión de los acontecimientos, fortalecen intervenciones unilaterales y debilitan el papel de la ONU y del orden multilateral basado en normas compartidas.

Alineación con la política exterior de EEUU

Más allá del discurso simbólico, la iniciativa refleja una lógica de acción que se inscribe plenamente en los patrones de la política exterior estadounidense reciente.

Este mecanismo se alinea con los lineamientos de política exterior impulsados por Trump, visibles tanto en documentos recientes de estrategia nacional como en su práctica internacional. Prioriza el interés estadounidense sobre marcos multilaterales tradicionales, recurre a esquemas de acción flexibles o ad hoc y concibe la paz mediante presión unilateral, acciones armadas selectivas y medidas coercitivas ilegales que generan un desequilibrio evidente en la relación de poder. En este sentido, la iniciativa se presenta como una expresión coherente de dicha orientación, imperialista y neocolonialista.

El carácter coercitivo y unilateral de este enfoque no solo define su coherencia interna, sino que también explica las tensiones y críticas que suscita en el ámbito internacional.

Un orden que se vacía

El problema no radica únicamente en la aparición de nuevas formas de articulación política, sino en la progresiva normalización de mecanismos que desplazan —sin reemplazar formalmente— a las instituciones multilaterales, consensuadas por la comunidad de naciones como base del equilibrio del poder internacional. El riesgo no es la sustitución de la ONU, sino su vaciamiento práctico: un orden que persiste en las normas, pero ineficaz en los hechos y en su capacidad de regular el comportamiento de los Estados.

En ese contexto, la consolidación de lógicas de acción sin costos ni contrapesos efectivos incrementa los riesgos para la soberanía de los Estados y la solidez de sus sistemas democráticos, comprometiendo en última instancia la capacidad del sistema internacional para prevenir conflictos de escala mundial y preservar la paz.

(*) Secretario de Asuntos Internacionales del Frente Izquierda de Liberación. Asesor y miembro de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio

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