JUSTICIA DIVINA

En el límite del fin de la guerra

Gabriel Jiménez Emán

Es verdaderamente lamentable observar cuanto ocurre hoy en los países que actualmente aspiran involucrarse en una guerra total. Se trata, en principio, de una serie de eventos perpetrados por mandatarios que conciben la política no como acto de gestión social o herramienta civilizatoria, sino como un mecanismo de transacciones, negocios y ganancias inmediatas; no para construir una economía sana y bien administrada, sino para que se tomen ventajas sobre potenciales socios hasta casi aplastarlos. Vista de este modo, la política se reduce a una transacción económico-ideológica, y su fin último se reduciría a una prosperidad meramente material. La experiencia nos dice que la bonanza económica no sólo se consigue con inversiones dentro o fuera del territorio de cada país, sino con relaciones normadas por leyes y acuerdos responsables; todo ello protegido por el Derecho Internacional. Al romperse una significativa parte de estas reglas y leyes, el tablero mundial comienza a resquebrajarse; en el momento actual ya se encuentra en estado de colapso.

A partir de la Pandemia del Coronavirus en 2020-21, la situación mundial cambió radicalmente para mal; todas las debilidades de la humanidad parecían recrudecerse y nos volvimos todos más vulnerables; la cantidad de personas fallecidas en el planeta fue abrumadora y la calidad de vida disminuyó sustancialmente; en paralelo, las instituciones se debilitaron y el equilibrio ambiental se vulneró más de lo esperado; los líderes y mandatarios mundiales fueron decayendo desde un punto de vista ético; fueron apareciendo nuevas castas de presidentes ineficaces o magnates pragmáticos, mientras asambleas y tribunales internacionales fueron perdiendo en su talante moral, para dar paso a intereses económicos que, a la postre, dieron lugar a nuevos liderazgos sionistas, supremacistas o fascistas en buena parte del mundo occidental, encarnadas en las distintas versiones presidenciales: Trump, Biden, Fujimori, Macron, Bukele, Macri, Bolsonaro, Novoa, Santos, Uribe o líderes intermedios disfrazados de izquierdistas como Boric en Chile que, en cuanto resultan ganadores en elecciones, dan el giro completo hacia la derecha, aun cuando durante sus campañas hayan prometido mejoras sociales para todos, lo cual es quizá el principal error de las izquierdas: hacer promesas imposibles de cumplir en el corto plazo, lo cual genera luego un rechazo automático de los votantes, derivando así en tibiezas e indefiniciones y, sobre todo, en una incapacidad abismal para acometer retos sociales concretos.

Lo que vino después ya lo conocemos: la reaparición de un sionismo duro, de espaldas a las necesidades reales de una posible nueva sociedad que pudiera emerger, optando entonces por el uso de viejos manuales revolucionarios imposibles de ser aplicados a las realidades que enfrentan; en estos casos los votantes son inducidos paulatinamente a tomar partido por candidatos de una rancia (y reaccionaria) derecha, que solo es diestra para conformar campañas electorales e implementar esquemas populistas; a la par, los liderazgos de derecha comienzan a referirse a éstos como “el régimen”, “la dictadura” o “los narcos”, enarbolando nociones genéricas y vacuas de sentido como “libertad”, o “democracia” siendo este último el más socorrido de los conceptos esgrimidos por las derechas elementales. Se impone entonces la ley del más fuerte, de líderes prefabricados por campañas publicitarias que envenenan los nuevos espacios informativos creados por “redes sociales” las cuales a su vez reemplazan a reuniones presenciales y a los actos de calle; pasando a ser elementos constitutivos de la actual jungla “social” del siglo XXI, mutada en la actual guerra donde nos hallamos inmersos, y cuya siniestra antesala fue el genocidio perpetrado en la franja de Gaza por el gobierno del actual Estado de Israel liderado por Netanyahu, el cual, a su vez, ha tenido como aliado al pésimo gobierno de Donald Trump que durante años consecutivos se ha entregado a masacrar personas inocentes, niños, mujeres, ancianos y enfermos, llegando al extremo de bombardear hospitales. En Venezuela se aplicó el esquema del Secuestro Express llamándolo “operación quirúrgica” para secuestrar al presidente Nicolás Maduro en calidad de prisionero de guerra para seguirle en Nueva York un juicio ilegal que ha sido denunciado por varios mandatarios mundiales, mientras se mantiene en vilo al gobierno venezolano valiéndose de una política ambigua.

Mientras, Rusia continúa una guerra contra Ucrania inducida por Estados Unidos que afecta a una Unión Europea actualmente en desbandada, pues algunos de sus líderes se han percatado a tiempo de este error, como Pedro Sánchez en España y Meloni en Italia. China y otras naciones se encuentran a la expectativa de ingresar a esta guerra que ahora Estados Unidos libra contra Irán, recibiendo una lección de táctica bélica por parte del gobierno y pueblo iraníes, que ya venía perfeccionando hace tiempo su arsenal nuclear para usarlo en el momento justo, sin tolerar ningún tipo de presiones internacionales, dando así una lección de táctica y estrategia a los gobiernos de Estados Unidos e Israel. Al parecer -y como se dice en lenguaje coloquial- “el tiro les salió por la culata” y están pagando con creces las canalladas y crímenes cometidos en varias partes del mundo en nombre de una falsa libertad.

Ya veremos cómo se desarrolla esta absurda guerra que, hasta ahora, va ganando Irán -si en verdad alguien es ganador en una absurda contienda como ésta-; país que había venido tolerando una serie de amenazas, insultos y asesinatos de sus líderes, derramando el vaso al inicio con el crimen de más de cien niñas en una escuela iraní. Las señales y condiciones de “paz” que está exigiendo Trump no son en absoluto confiables, dadas las características de este personaje, cuya hoja de vida está ampliamente fraguada en un siniestro juego de amenazas, escándalos de pedofilia, sanciones. desvaríos seniles y discursos delirantes ya conocidos, que han encontrado repulsas y manifestaciones públicas con marchas multitudinarias en numerosas naciones del mundo.

La ofensiva de ambos bandos ha sido durísima, con amplios despliegues de material bélico de última generación que ha creado verdaderos infiernos en numerosas ciudades del Medio Oriente y en el Estrecho de Ormuz, por donde circulan los barcos petroleros. Nos hallamos en el umbral de un nuevo tiempo de definiciones políticas. Necesitamos, ahora más que nunca, valernos de una sólida conciencia histórica y reforzar nuestra espiritualidad y nuestra ética.

Y que los Dioses se apiaden de nosotros.

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