ES LA VIDA O LA MUERTE (…cerca la guerra nuclear)…

Por: Eduardo Orta Hernández 

Estamos viendo con horror la cercanía de una guerra nuclear, en 1960, la humanidad la tuvo cerca, a punto de que estallara. 

No existe prohibición en la ONU sobre la militarización del espacio aéreo, ni la prohibición de fabricar armas de destrucción masiva. A la orden del día armas químicas, bacteriológicas, avanzados sistemas tecnológicos, miles de miles de misiles y drones surcan los cielos con su carga de muerte, es la mayor carrera armamentista de la humanidad, invenciones que paralizan los combatientes militares, armas secretas jamás imaginadas. 

Proliferan por todo el globo terrestre las armas de destrucción masivas, basta que un desenfrenado desquiciado de la orden y el accionar de un botón nos borra de la faz de la tierra. Las potencias imperialistas se creen con el derecho de usarlas, principalmente los EEUU, únicamente por considerar eliminar lo que ellos consideren cualquier “peligro” a su supremacía o hegemonía mundial. 

En sus despropósitos imperiales, la máquina militar no sólo asesinan hombres, mujeres y niños, sino que destruye escuelas y hospitales, se alteran las condiciones climáticas, se niegan y coartan o desaparecen instituciones democráticas, se intervienen y destruyen países y a la vez, se “reconstruyen” a sus medidas y necesidades, se modifican y adecuan leyes, se apoderan de los recursos energéticos y minerales, se declaran guerras, bloqueos, se establece los más avanzados sistemas de espionajes y control, se adueñan de mares, escoltados  o intervenidos por la más poderosa fuerza naval alguna, secuestra buques y se destruyen y bombardean lanchas de pescadores, el enemigo es todo ser viviente que aparezca y se ponga en su camino de dominación y poder. La vida no les vale absolutamente nada. 

Es el terror y la imposición de la superioridad militar y tecnológica, el desenfrenado delirio bélico, que impone metas, planes y proyectos a gobiernos formalmente “independientes”, se obliga a los gobernantes de los pueblos del mundo a bajar la cerviz y arrodillarse  en total subordinación al coloso del norte, por su superioridad y fuerza militar o por la tiranía del dólar. 

También es omnipresente su difusión ideológica, penetra y se impone en el pensamiento colectivo, crean toda una teoría y una cultura que justifican las causas de la miseria económica y social de los pueblos, hace creer que el origen está en la incapacidad y limitaciones personales, por ser parte de los países subdesarrollados, o por el color de piel o por “ser animales con figura humana”, dejando posesionado en las mentes, en el saber, en el mundo de las ideas que lo mejor, lo superior, lo bueno,  es el “sueño americano”, la vida norteamericana, que hay imitar y reproducir olvidándose y renegando de la propia identidad, para ello se valen de la propaganda intensiva, sistemática, estudiada, planificada y difundida en redes sociales, en la televisión, prensa escrita y en adelantados sistemas de comunicación social con fundamento en el previo estudio del perfil psicológico de la población. 

Es dominación absoluta, alienación total, imposición de un estilo de vida, de una manera de pensar y de una cultura uniforme, acompañado por un régimen de terror y violencia, de muerte, tortura y persecuciones, que cae en la categoría de crimenes y de terrorismo internacional. Es la más inhumana crueldad, impuesta por la cultura de miedo y la barbarie, un retorno a la época de la inquisición medieval, de las cruzadas y de la conquista, es transitar un gigantesco genocidio, es el holocausto presente en nuestras narices. Todo ello apoyado, planificado y ejecutado por el gobierno de los EEUU que ha desatado por el mundo entero su locura asesina. 

De los gringos nada bueno se puede esperar, “ni un tantito así”. Su política exterior representa la destrucción de la esperanza de vivir en un mundo mejor, de convivencia, solidaridad y respeto por la naturaleza.

Es la imposición del odio, el racismo, el desprecio por el ser humano, la superioridad arrogante de su fuerza militar, es la persecución y el quebrantar la paz de lo pueblos, todo ello, la ruina de la humanidad  por mantener su preeminencia, pisoteando el derecho internacional.

Su presencia destructora coloca la soga sobre el cuello de la civilización, en su afán hegemónico, a punto de estar la humanidad -por la amenaza actual de una guerra nuclear- en el contradictorio paradigma de vida o muerte como la grave disyuntiva del mundo actual. 

El sistema capitalista -llegado el momento del fin de la globalización- en su afán hegemónico, coloca a la humanidad al borde de su desaparición, destrucción. 

Es la hora por la lucha de conservar la vida, de sobrevivir es la tarea, la lucha diaria, en cada país, en cada continente. La defensa a la vida debe ser tarea diaria de todos los sectores explotados ante la ruina del sistema capitalista. Es la hora de la supervivencia que solo se logrará en la medida que diseñemos y construyamos alternativas transformadoras, civilizadoras de realidades, conforme a las particularidades de cada lugar. 

Es el emplazamiento por la superación del capitalismo, con la participación protagónica del pueblo explotado por el capital. Es la necesaria descolonización, la construcción de una nueva cultura, una nueva enseñanza aprendizaje y de una nueva izquierda, que las instituciones estatales y gubernamentales -en países con ideas y proclamas progresistas- no sea un obstáculo para el impulso de la democracia participativa y protagónica y que definitivamente se entienda que pueblo no es los afines a los partidos, ni a las siglas, que pueblo es todos los sectores explotados y que la lucha es por la derrota del sistema capitalista, por la supervivencia, por la vida y por la conservación del planeta, por el respeto a la soberanía de los pueblos, de los países, por la autodeterminación, por el derechos a vivir en libertad, lejos de yugo, de imposiciones del imperio,  de colonialismo, protectorados o asociaciones forzadas, indignas y denigrantes, devoradora de recursos, de la naturaleza y de poblaciones.

Polvorín. Explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida. Somos historia y poesía insurgente.

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