Otra vez, un «hecho el pendejo» plantea el voto manual


Joaquín Ramos

El ultra derechista Noel Álvarez vuelve a plantear la falacia de la «bondad» del voto manual; presentando lo que muy bien el académico Miguel Posani denomina una burbuja semántica: «un ecosistema de argumentos cerrados, selectivos y emotivos que, al ignorar evidencias en contra, logra hacer parecer razonable cualquier postura falsa y extrema.».

https://www.eluniversal.com/el-universal/230145/el-voto-manual-frente-a-la-caja-negra-digital

Aunque bien redactada, la maniobra de Álvarez desconoce las innumerables trampas que se presentaban en Venezuela con el voto manual, y que se siguen presentando en la actualidad incluso en los Estados Unidos de América.

De manera manipuladora, Álvarez tampoco reconoce que el sistema de votación de Venezuela, aunque totalmente automatizado, sí tiene comprobante físico de cada voto, verificable por el o la votante; que sí existen actas físicas verificadas y firmadas por los miembros de cada mesa y por los testigos del público que deseen presenciar esa verificación; y que dichas actas son cotejadas contra la relación de votos registrada en cada máquina de votación, los comprobantes físicos y los cuadernos de votación con las firmas y huellas de cada votante, quienes, a su vez, han sido identificados tanto físicamente contra su cédula de identidad, como con la verificación digital barométrica y contra el listado físico emitido conforme al Registro Electoral Permanente (REP) auditado previamente por las organizaciones políticas participantes.

Luego, de manera centralizada, hay nuevas auditorías de los totales mecanizados contra las citadas actas físicas y lo comprobantes físicos de cada voto; es decir, que el sistema de votación venezolano NO es puramente digital, ni es mucho menos una «caja negra», concepto cibernético que Álvarez desconoce, ya que significa un dispositivo digital cuyo contenido no es accesible; lo que no es cierto, ya que todas las organizaciones políticas participantes acceden antes, durante y después de cada comicios al software de votación y verifican la integridad, funcionalidad y su invariabilidad.

Cualquier cambio, por mínimo que sea, en el software es detectado de inmediato por los algoritmos de verificación manejados por todas las organizaciones políticas participantes. En cuanto a las maniobras externas para intervenir el proceso automatizado, está probado que no han podido alterar ningún resultado, ni siquiera de una mesa en particular; sólo afectar temporalmente la transmisión de datos y la publicación de los mismos; afectaciones que NO han sido en el software de votación, sino en los medios externos de transmisión y totalización. Por lo demás, cualquier hipotética alteración de registros de votación sería detectada por las auditorías contra los comprobantes, cuadernos y actas físicas que sí existen, no hay que «inventarlas».

El sistema de votación venezolano es en realidad mixto, con registros y comprobaciones digitales; pero también con registros manuales redundantes, que se controlan entre sí; y quien quiera alegar alguna «alteración» de la parte automatizada sólo debe presentar ANTE LOS ÓRGANOS COMPETENTES SUS ACTAS ORIGINALES DEBIDAMENTE EMITIDAS Y FIRMADAS; lo demás es vulgar y burda manipulación, pura paja.

Y asumir una fantasiosa confabulación de TODAS LAS ORGANIZACIONES POLÍTICAS PARTICIPANTES, de todo el espectro político, adversarias entre sí, además de ser un argumento por lo demás pueril e irracional; no contempla que esa confabulación sería, caso extremo, menos inverosímil de manera parcial y en un proceso exclusivamente manual, como ocurría antes en Venezuela y suele ocurrir aún en el resto del mundo con procesos de votación sin controles digitales del voto ni de la identidad.

Que alguien vuelva a plantear el regreso al voto manual, no es mera pendejada ni brutalidad extrema, sino que revela la mala intención de propiciar la trampa electoral, disfrazando sus torpes «argumentos» como lo contrario; la propia falacia; es decir, la mentira intencional. Pero, creer lo que expone Álvarez o, peor aún, ceder a su pretensión, sí sería una soberana pendejada.

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