Por Sergio Rodríguez Gelfenstein
Ha transcurrido un mes desde el secuestro del presidente Maduro y la designación de
Delcy Rodríguez –según mandato constitucional- como presidenta encargada aunque
Estados Unidos se obstine en llamarla “presidenta interina”.
La gestión ha transcurrido en el marco de una guerra cognitiva caracterizada por
posiciones encontradas en torno a lo que sucede y en la que, en mi caso, parto de la
base de que el gobierno estadounidense falsea la información con el objetivo de
debilitar la conciencia nacional y patriótica, fracturar la sociedad y crear grietas en la
defensa del país y en el apoyo del pueblo a su gobierno legal y legítimo. Como si fuera
una religión, del lado del gobierno han llamado a “creer y confiar” que es lo que yo
hago, aun sin ser creyente.
Me parece que, considerando que la presidenta encargada está “negociando” con un
misil en la cabeza, aun con la aprobación “flash” de la reforma a la ley de
hidrocarburos, la creación del Fondo de Catar, las prohibiciones de vender petróleo
libremente a quien Venezuela lo considere y la “visita” del jefe de la CIA( que por
cierto considero mucho mejor que si hubiera venido Marco Rubio), ha tenido un
extraordinario mes de gestión, habida cuenta que somos un país intervenido con un
presidente secuestrado.
Lo que está en juego es la sobrevivencia del Estado y la república que en caso de
perderse, haría banal la discusión sobre cualquier otro tema. Treinta y tres años se
demoró Cuba en desprenderse de la enmienda Platt de su Constitución y otros 25 en
hacer su revolución. Los tiempos de los países y los pueblos son distintos a los tiempos
de los humanos. Un amigo, casi un hermano nicaragüense de muchos años me dijo que
nosotros habíamos “Comprado paz a cambio de soberanía” y yo le dije que los
sandinistas sabiamente habían entregado el gobierno en elecciones en 1990 a fin de
detener la sangrienta guerra impuesta por el imperialismo que había causado decenas
de miles de muertos y una devastación total del país, para regresar en mejor forma 17
años después y recuperar el poder. Los tiempos de los países y los pueblos son
distintos a los tiempos de los humanos.
Todo lo que está ocurriendo es comprensible. Estamos en el Hemisferio Occidental, el
que la mayor potencia militar del planeta declaró como su propiedad sin que haya
fuerza en el planeta que pueda oponerse a ello. No obstante, lo que nunca podemos
abandonar es la defensa irrestricta de la dignidad de Venezuela porque eso es lo que
heredamos de Bolívar y de Chávez y no puede estar en juego en ninguna negociación.
Suscribo plenamente lo que dijo el maestro Luis Britto García: “Somos víctimas de una
agresión alevosa, sanguinaria y no provocada, Sin previa declaratoria de hostilidades,
con armamento tecnológicamente superior, masacraron a centenares de compatriotas
en su mayoría no combatientes, Mientras no se firme un Tratado de paz digno,
estamos en guerra: ejército y autoridades de Estados Unidos son enemigos, y como
tales deben ser tratados”.
En ese marco y reconociendo el gran esfuerzo que está haciendo el gobierno por
mejorar las condiciones de vida de la población, debe entenderse que ese trabajo no
se hará al costo de la entrega de la soberanía y la seguridad del Estado. Hay que
recordar la diferencia entre lo ocurrido casi al mismo tiempo en China y la Unión
Soviética. Los soviéticos pensaron que era posible realizar cambios simultáneos en la
economía y la política y el resultado fue su desaparición. China, por el contrario,
consideró necesario hacer profundos cambios económicos, incluso reformando su
constitución para permitir la inversión extranjera, pero sin hacer el más mínimo
cambio político. Cuando en 1989, fuerzas terroristas internas apoyadas desde el
extranjero lo intentaron a través de la violencia, cayó sobre ellos todo el peso del
Estado a fin de salvaguardar el sistema político y hacer que China sea hoy una
potencia mundial de primer nivel.
En este marco, espero que nuestra Fuerza Armada no acuda a la reunión de jefes de
ejército de América convocada para realizarse en Washington el próximo 11 de
febrero por el general estadounidense Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de
las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Sería muy “extraño” por decirlo
elegantemente que un general de nuestra fuerza armada asista al llamado de quien
bajo órdenes de Trump y Rubio es el asesino directo de nuestros compatriotas y
perpetrador del secuestro de nuestro presidente.
Estados Unidos no puede tener injerencia en nuestra Fuerza Armada y en nuestros
órganos de seguridad. Eso seria violentar el pensamiento del Comandante Chávez que
hizo que nuestra fuerza armada fuera realmente bolivariana y anti monroista. Llama la
atención que nuestros principales aliados, Cuba y Nicaragua no hayan sido convocados
a dicha reunión.
Por otro parte, siguiendo la ancestral tradición venezolana de conceder indultos, la
presidenta encargada Delcy Rodríguez también ha decidido hacerlo, concediéndole la
libertad a una gran cantidad de terroristas, incluyendo a 5 estadounidenses. Eso no
puede detener nuestra exigencia de libertad para el presidente Maduro y su esposa
que es la primera responsabilidad ética y moral del gobierno.
Debemos entender que Estados Unidos no ha modificado un ápice la voluntad de
cambio de régimen que signa su política hacia Venezuela. Hay que tener claro que ese
era el objetivo principal de la incursión militar del 3 de enero, el secuestro del
presidente Maduro era solo una parte de ello. Pero no lo lograron ese día y ahora lo
van a intentar de otra forma, con otros métodos y otros instrumentos.
Trump es ante todo un empresario pragmático y en ese sentido se dio cuenta que un
cambio de régimen por la fuerza y la imposición de un gobierno de la extrema derecha
no le iba a garantizar lo que desea que es apoderarse de la riqueza energética de
Venezuela. Sus altos jefes militares lo alertaron de que en caso de no lograr una
victoria inmediata, la permanencia en Venezuela por mucho tiempo le iba a causar
muchos dolores de cabeza. Por eso no desembarcaron las tropas que tenían en los
navíos de guerra (más de 15.000 soldados) que debían llegar al país por La Carlota,
Maiquetía e Higuerote. Supo Trump, porque sus generales se lo dijeron que ello
significaría el inicio de una lucha armada que tendría como primer objetivo para los
venezolanos, detonar todos los oleoductos, los pozos petroleros y las terminales de
carga de crudo. No se llevarían una sola gota de petróleo. Y para eso no se necesita un
ejército, solo un cuerpo de 720 combatientes especializados y organizados en
pequeños grupos de acción que ya el país posee.
Pero como Trump es pragmático, también ha entendido que la oposición terrorista no
tiene capacidad de dirigir el país. Lo dijo él mismo con contundencia refiriéndose a
Machado: “Creo que sería muy difícil para ella ser la líder. No cuenta con el apoyo ni el
respeto dentro del país. Es una mujer muy amable, pero no goza del respeto
necesario”. Por eso la hizo entrar a la Casa Blanca por la cocina.
Durante 26 años, el terrorismo de extrema derecha le ha informado a los gobiernos
estadounidenses acerca de la inminente caída de Chávez y Maduro, la inminente
fractura de la fuerza armada, el inminente reclutamiento de decenas de generales, la
inminente deserción de unidades completas de la fuerza armada, las inminentes
contradicciones fratricidas al interior del liderazgo chavista y muchas patrañas más
que trajeron como respuesta jugosas transferencias en dólares y euros a los líderes
de la oposición terrorista, sin que Estados Unidos y Europa pudieran obtener éxito
alguno.
Con Trump, las cosas son diferentes. Si puede negociar con el chavismo, ¿Por qué no
hacerlo? Si son ellos, los únicos que garantizan paz y gobernabilidad y con ello el envío
del tan ansiado petróleo que pueda alimentar el alma consumista de los
estadounidenses y transformarlo a él en el adalid de la sostenibilidad de la
tambaleante economía de Estados Unidos, ¿por qué no hacerlo? Lo hizo, pero claro, al
estilo Trump: una retórica fuerte, muchas amenazas, el chantaje, la presión, la
agresión armada y el secuestro del presidente, pero no es solo él: es la natural actitud
imperialista. Hay que recordar que todo esto (en su fase actual), lo comenzó Obama.
Una vez hecho todo esto, ahora se imponen otras circunstancias y otros métodos. Para
eso ha venido Laura Dogu a Venezuela. Su objetivo como ella misma lo ha dicho es
trabajar para el derrocamiento del gobierno chavista, por supuesto lo disfraza
hablando del “regreso de figuras opositoras exiliadas y la celebración de elecciones
libres”, es decir impunidad para quienes ordenaron el asesinato de venezolanos,
clamaron por un ataque armado contra el país, aplaudieron el asesinato de 83
venezolanos y cubanos que defendían al presidente y celebraron su secuestro.
“Elecciones libres” que además interrumpirían el período presidencial del presidente
Maduro y violentaría la Constitución Nacional.
Olvídense de cooperación y amistad. Habido cuenta de su trayectoria y su currículo es
muy claro que ella ha venido a hacer lo que María Corina Machado y todos los líderes
terroristas no han podido. Ella es ahora, la jefa de la oposición de Venezuela.
Laura Dogu fue la gestora de la impensada unidad de la oposición mexicana. Logró unir
al PAN, al PRI y hasta al “izquierdista” PRD para evitar que Andrés Manuel López
Obrador llegara a la presidencia. Su “éxito” la llevó a ser nombrada embajadora en
Nicaragua, donde ante la ausencia de liderazgo opositor, financió, instruyó y organizó
el fracasado golpe de Estado contra el gobierno sandinista en 2018. Posteriormente
fue nombrada en Honduras en 2022, donde fue la artífice del fraude electoral de las
pasadas elecciones cuando desde Washington se impuso –como lo dijo Trump
abiertamente- el presidente que él había decidido que debía gobernar ese país.
Un amigo mexicano que la frecuentó durante su estadía en ese país me dijo que “es una
mujer muy hábil e inteligente, pragmática, no confrontativa y diplomática que siempre
busca abrir puertas para introducirse… y que hasta es respetuosa”. Agregó que “con
ella se puede tener una relación sin problemas, sabiendo quien es, porque seguro que
ella sabe quien eres tú. Se acomoda, va extendiendo su red acorde sus intereses, es
gradual y ´digerible, no tiene nada que ver con la agresividad verbal de Trump y Rubio, es campechana, se ríe y en privado hasta se podría permitir decir que ´Trump es un loco”
Mi amigo opina que es la selección más inteligente que se haya podido hacer para
desestabilizar a Venezuela porque vende sus intereses “al suave”, buscando un
´aterrizaje blando` para que Venezuela caiga poco a poco en las manos de Estados
Unidos.
Hay que estar muy pendiente de sus movimientos desestabilizadores. Con ella Trump
pretende combinar su propia agresividad verbal, el chantaje, la presión y la amenaza
que le son propios, con la “suavidad” de su representante, a fin de lograr sus objetivos.
Estará en el pueblo de Venezuela, su gobierno, su fuerza armada y sus órganos de
seguridad decidir si el destino del país es el de Nicaragua 2018 o el de Honduras
- “Killing me softly” es la película preferida de Laura Dogu.
Venezuela debe responder con unidad y más unidad, apoyo a la administración de la
presidenta encargada que se deberá concretar en más poder popular, mejor gestión
económica y un mayor vínculo con gobernadores y alcaldes que son los que conocen su
territorio y que pueden servir de correa de transmisión entre el pueblo y la
presidenta y viceversa, para avanzar en la territorialización de la defensa y lograr el
objetivo de hacer de Venezuela un país inexpugnable.
















