UN TAL SANT… el padre Santiago López Palacios, don Elio Chalbaud Cardona, el doctor Joaquín Mármol Luzardo…

(EN LA GRÁFICA VEMOS A SANT ROZ CON EL EX RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES, EL DOCTOR JOAQUÍN M{ARMOL LUZARDO, QUIEN TAMBIÉN FUE MÉDICO DEL PRESIDENTE MARCOS P{EREZ JIMÉNEZ)

AUTOR Y COMPILADOR: Pedro Pablo Pereira

24  – 1  – 1993 (domingo) vuelvo a mencionar al padre Santiago López Palacios, un sabio nacido en Medellín, Colombia, pero lo mejor de su producción intelectual y de investigación lo dejó en Venezuela. Fue botánico, autor de extraordinarios trabajos de literatura, dominaba perfectamente el latín, griego, inglés, el francés, portugués, alemán, el italiano, hebreo; y conocía el vasco y estudió la lengua árabe). Nunca hizo alarde de saber nada, y más bien parecía un labriego español: vasco, de donde venían sus antepasados. Su obra Verbenacea de Venezuela, que exigió de él una dedicación suprema y conocimientos nada comunes del latín, sólo un monje como él podía llevarla a su cabal elaboración, como lo hizo. Había leído, por ejemplo, en sus lenguas originales a El Capital de Carlos Marx, las obras de Shakespeare, las de Schonpenhauer y Kant; la Divina Comedia, y Don Quijote, la poesía de Jorge Manrique, el Gil Blas de Santillana los conocía casi de memoria.

         Conoció tanto al ser humano, supo vivir sin amargura ni envidias, que en medio de los más tenaces dolores de su último mal, aún así, admitía que la vida era maravillosa. Era de roble su alma, jamás evitaba el trabajo, y como satisfacía a su cuerpo con apenas dos o tres horas de sueño, lo demás lo dedicaba a leer, estudiar, sembrar, investigar. Conocía algo de carpintería; llegó a manejar avionetas, fue alcalde, y recorrió casi toda Europa, parte de China y América.

         Entre sus obras más notables se encuentran además de su monumental obra de la “Verbenacea”, “Apuntes idiomáticos”, “Dos ensayos sobre el Quijote y un inventario”, “Usos médicos de Plantas Comunes”, “Catálogo para una Flora apícola venezolana”, “Nombres (origen y significado)” y tradujo del alemán “Y ellos no se avergonzaban (relato de 2.000 años)”, de Joachim Fernau. 

Comienzo a releer los tres primeros volúmenes de la “Historia de amor de Francia” (son en total 10) que me ha prestado don Eloi Chalbaud Cardona.  Estoy haciendo un resumen-selección sobre esta obra.

Por la tarde he ido a visitar al Padre Santiago López Palacios y me he sorprendido un poco al encontrar su casa cerrada.

Por la noche me llama el profesor Pedro Solano y me dice que el Padre ha estado en casa del ecologista Miguel Valeri.

¿En qué consiste el valor de la vida? ¿Qué hacemos aquí? ¿Es importante ser o no ser algo? Todo se desvanece. Todo pasa. Lo que se ha ido no volverá. Digo con Laotsé: “Benditos sean los idiotas, porque son los más felices sobre la tierra”.

He ido a visitar a don Eloi Chalbaud Cardona. Me recibe con alegría. Me contenta verlo tan sano. Este año cumplirá don Eloi noventa años. Con qué seguridad se traslada de un lugar a otro, con qué agilidad sale de su hamaca y pasa a la biblioteca y lo veo venir con dos o tres libros, siempre con su bastón en la mano que en verdad no veo que lo use para caminar. Paso a la sala; él se acomoda en su hamaca. Me dice que está perdiendo un poco la memoria y que su médico le ha aconsejado que deje por un tiempo su trabajo sobre la Historia de la Universidad de Los Andes (unos diez volúmenes). Hablamos de cosas diversas; va y viene trayéndome libros. Me regala unos ejemplares sobre la vida de su padre, el general Esteban Chalbaud quien fuera gobernador de Mérida. Luego me muestra un pesado ejemplar que ha publicado la Academia de Historia de Colombiana sobre la Conjuración del 25 de setiembre de 1828. Recordamos que el padre de José Vicente Rangel, don Pepe Rangel, fue contador del general Gómez en la carretera de los Andes. Me refiere que corrió mucho la versión, que don Pepe Rangel venía siendo hijo natural del general Gómez. «- ¿No le dice a usted algo el hecho de que su padre le haya puesto José Vicente a uno de sus hijos?», me quedo callado y no digo nada.

La referencia de este personaje nos lleva a comentar al otro Rangel, a Domingo Alberto, también andino. Recordamos que el padre de Domingo Alberto era abogado de las petroleras y muy «lechero». Un día –me cuenta don Eloi- solicitó los servicios de un peón para que le trabajase en la caldera de su trapiche, pero como éste le pidiera por laborar dos bolívares, y pareciéndole caro, optó él mismo por asumir dicho trabajo. Sufrió entonces una severa quemadura. Fue llevado en hamaca de Santa Cruz de Mora a El Vigía y de allí en avión a Maracaibo. Se salvó de milagro. Le cuento a don Eloi que Domingo Alberto no servía para político, pues teniendo mucho talento para la oratoria y para la economía carecía sin embargo de carácter. Y me recordó él algo que aconteció en Caracas, por allá en los años 40. Estaba Domingo Alberto dando arenga en una plaza, y habiendo terminado su discurso, alguien preguntó alarmado, a un grupo de amigos, alzando el dedo en dirección a la tarima: » – ¿Quién es ese grandísimo hijo de puta?». El tipo se lo estaba preguntando al propio mocho Rangel, su padre, que estaba allí

25  – 1  – 1993

El libro del Padre Santiago sigue sin mucho progreso. Todavía están compaginándolo y he visto abultados promontorios de papel dañado sobre un mesón, lo que significa pérdida de varias resmas de papel por errores cometidos por los trabajadores de la imprenta de la Facultad de Ciencias. ¿Pero quién les puede reclamar algo? Sería como para provocar una guerra de los mil demonios.

Recibo una carta del Secretario de la ULA, el profesor Corao en la que se le da respuesta a un reclamo hecho por mí, sobre la doble jubilación que se le otorgó a ex rector Néstor López Rodríguez. Me anexa el estudio que al respecto hizo la comisión jurídica de la ULA que justifica el que se le pagara doblemente la jubilación a este honorable adeco. Un verdadero mamotreto de alegatos legales, enrevesados, burdos, mal escritos, cuya repeticiones e incoherencias horribles lo hacen del todo ilegible. Me produce asco. Si algún día publico este diario, las generaciones futuras conocerán un poco de las prostitutas universidades autónomas de Venezuela que para más caché se autodenominan académicas y científicas. 

He ido a visitar al padre Santiago. Me sorprende que sea él mismo quien me abra la puerta. Lo encuentro tan bien, que hasta me parece rejuvenecido. Que agradable sorpresa. Paso a la sala. Y comenzamos a hablar sobre temas variados. ¡Qué sorprendente memoria la del padre! Le doy noticias de su libro y le digo que el trabajo va lento con todos los inconvenientes que representa hacerlo con los temibles trabajadores de la imprenta de la Facultad de Ciencias.

28 – 1  – 1993: Hoy daré una charla sobre la simbiosis hembra-macho en nuestro Taller de Literatura.

Dice Foucault que la agudeza del placer con la atracción que «ejerce sobre el deseo es la que lleva a la actividad sexual y desborda los límites que la naturaleza le fijó cuando hizo de las aphrodisia un placer inferior, subordinado, condicionado. A causa de esta agudeza hemos sido llevados a ir más allá de la satisfacción de las necesidades y a seguir buscando el placer incluso después de la restauración del cuerpo. La naturaleza ha dado al ser humano esa fuerza necesaria y temible, siempre lista a desbordar el objetivo que se le fijó».

Y aún la humanidad sigue y seguirá fornicando, impelidos por mantener la especie. La especie, en cuanto se forma y adquiere derechos se le educa  para que mate, para que reclame el espacio que el otro posee y el aire que sus semejantes respiran. En una palabra: para competir por la supervivencia. Es triste mirar hacia los que vienen atrás, esas generaciones invisibles (¿dónde están?; ¿dónde estábamos todos nosotros hace ochenta años?; en un ovario y en un espermatozoide que aún no se habían encontrado)… Oh dioses engendradores del acto perpetuo en la multiplicación de las imágenes, los que vendrán a buscar  espacio para imponerse…, ya con menos aire qué respirar.

Cuando recordamos en esas noches solitarias sobre lo arduamente conseguido, sobre el promontorio de nuestras experiencias, un cúmulo intenso de penas y esperanzas alcanzadas, también calcinadas por los años, aparecen entre cenizas la figura de alguna mujer. Es ella el horizonte eterno del hombre, su medida.

       Es soledad y compañía.

       Liberación y servidumbre.

       Paz y tormento

       Calma y angustia

       Horror y plenitud de todo cuanto se espera y se anuncia.

       De ella provenimos y a ella siempre estamos volviendo…`

       Nuestra lucha es siempre una agonía por integrarnos a lo que a ellas debemos; siempre queriendo entrar por donde salimos…

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