Los adecos habían puteado horrendamente la Orden del Libertador. Lusinchi se la había impuesto a la «doctora» Blanca Ibáñez graduada a trancazos en la Universidad Santa María. Y se la montaron al cubano agusanado de Diego Cisneros, dueño de Venevisión, y este canal tenía agarrado por los huevos a todos los candidatos políticos de Venezuela, y en él se decidía quién debía ser o no ser presidente de Venezuela…